Nacer con un cuerpo intersexual. Por Laura Inter

Nacer con un cuerpo intersexual

Por Laura Inter

Testimonio personal que leí durante la capacitación a funcionarios públicos en CONAPRED el pasado 23 de octubre de 2018.

Laura Inter ilustración
Ilustración: Eber Gómez

Cuando nací, los médicos no sabían si era un niño o una niña, nací con diferencias genitales, me realizaron un cariotipo y este tuvo como resultado que tenía cromosomas XX y más tarde me diagnosticaron con Hiperplasia Suprarrenal Congénita (HSC) en su forma no perdedora de sal y me asignaron niña. Nací en la década de 1980 en un hospital privado y afortunadamente no fui sometida a cirugías genitales, no sé si esto fue porque el médico desconocía los protocolos vigentes, por experimentar con algún tipo de medicación para prevenir la llamada “virilización” en niñas con HSC, o simplemente por alguna razón personal o ética.

Lo que sí viví fueron reiteradas revisiones genitales desde que tenía un año hasta la adolescencia. Siendo una niña pequeña, para mí era muy difícil estar ahí, desnudarme frente al médico y que este me tocara, mi madre estaba presente, y aunque me daba seguridad que estuviese ahí, también me causaba conflicto que consintiera las revisiones, siempre sentí que no estaban bien, me daba miedo y me hacían sentir indefensa y vulnerable, el médico hablaba de mi cuerpo con palabras que no entendía del todo, pero si entendía que algo estaba mal conmigo, fueron momentos muy complicados para mi mente de niña y dejaron profundas cicatrices psicológicas que me costó mucho sanar.

Así, de pequeña sospechaba que algo estaba ‘mal’ conmigo, sino ¿por qué tenía que ir frecuentemente al doctor? Aunque no sabía exactamente qué era lo que estaba mal, yo me sentía bien y nadie me habló sobre mis diferencias, nadie me dijo que tenía HSC, ni me explicaron exactamente para que eran los estudios de sangre, ni las revisiones genitales, mi mamá (posiblemente igual de confundida que yo, a causa de la poca información proporcionada por los médicos) solo me ofreció una vaga explicación, me dijo que los estudios eran para revisar mi crecimiento, que la medicina eran como vitaminas que me ayudaban a crecer, y que las revisiones físicas solo eran para checar que todo estuviera bien.

En la escuela secundaria me di cuenta de lo que estaba “mal” conmigo, pusieron dos dibujos, uno de los genitales masculinos y otro de los femeninos, no me parecía a ninguno, “¡estoy deforme!” pensé con angustia, no podía ser, ¿porque yo? Ya me había explicado mi madre como funcionaba la sexualidad [heterosexual por supuesto] pero yo no había querido ver exactamente como eran mis genitales, no sé si por desinterés, o por la disociación con mi cuerpo que había practicado por tantos años para poder sobrellevar las experiencias que viví con el doctor. Llegando a mi casa tomé un espejo y al examinar mis genitales me angustié, era tan diferente… no podía “funcionar” ni como hombre ni como mujer en la sexualidad, me deprimí enormemente, nadie me había hablado de eso… busqué por toda mi casa hasta que descubrí mis documentos médicos y, junto con ellos, las palabras “pseudohermafrodita femenino” e “Hiperplasia Suprarrenal Congénita”. Busqué los términos en internet y, como era de esperarse, solo me aparecieron páginas médicas, y esa información lo único que hizo es que entrara en una depresión que duró años, esa información hizo que creyera que estaba enferma, que mi cuerpo tenía una malformación, y que tenía que ser modificado para poder ser “normal”.

Cuestioné a mi madre de las cirugías, me dijo que el médico nunca le comentó sobre ellas, regrese a los hospitales a los 16 años, revisaron muchos ojos mi cuerpo desnudo, me dijeron que nunca podría tener una vida normal ni sexualidad satisfactoria, que ni siquiera podía tener sexo, que mi cuerpo no era adecuado para la sexualidad, que tenía un clítoris algo más grande de lo “normal”, que mi conducto vaginal y mi uretra estaban en un mismo conducto, y que nunca podría experimentar la sexualidad con un cuerpo así y que además tendría infecciones a causa de mi formas genitales (lo cual nunca sucedió). Todos coincidieron en la necesidad de las cirugías genitales para que pudiera llevar una vida “normal”, que para los médicos significaba una vida sexual heterosexual.

En una de las revisiones sufrí la experiencia más humillante que he tenido en mi vida. Era una doctora, hizo esperar a mi madre afuera del consultorio porque dijo que quería hablar primero conmigo. Mi madre accedió pensando que después le hablarían para estar presente en la revisión. La doctora me hizo preguntas, algunas de las cuales me incomodaron mucho: “¿te sientes bien siendo mujer? ¿Alguna vez te has sentido hombre? ¿Por qué no te arreglas más? ¿Por qué no te maquillas? ¿Eres lesbiana? ¿Has tenido relaciones sexuales?” A continuación, me dijo que tenía que revisar mis genitales. Yo me sentía mal y quería que mi madre estuviera presente, pero también quería que todo terminara rápido, tenía miedo y me sentía vulnerable como cuando era niña, no dije nada. Al revisar mis genitales, la doctora dijo que no encontraba sus guantes, y me pidió que yo le fuera mostrando mis genitales con mis manos según sus instrucciones: “toca ahí…”, “estira ahí…”, me sentía totalmente humillada. Mientras esto sucedía, la doctora dijo que mis genitales no eran “aptos para tener relaciones sexuales”, que me tenían que “realizar cirugías”. Otra cosa que me incomodó fue que en el consultorio había en un principio cinco doctores, uno de ellos me preguntó si me molestaba que estuvieran ahí, a lo que le respondí que sí, y cuatro salieron, pero uno se quedó ahí viéndome y tomando notas a pesar de mi negativa. Después de que revisaron mis genitales, la doctora me dijo que necesitaba que me desnudara totalmente, la verdad es que quería decir no, pero me sentía indefensa y vulnerable, y estaba acostumbrada a obedecer las instrucciones de los médicos desde pequeña, así que accedí – por mucho tiempo me recriminé a mí misma el haber accedido a tanta humillación. Ella revisó mi cuerpo y me dijo que el tratamiento con cortisol (una hormona necesaria para tratar la HSC) había hecho que acumulara grasa y que me salieran algunas estrías, que debía cuidarme más, que además yo tenía más vello corporal del “normal” y tendría que tomar hormonas (estrógenos) para “solucionarlo”, en su mirada percibía desprecio. Al escucharla y ver sus expresiones comencé a llorar y entonces me dijo que me vistiera. Al salir del consultorio fingí que todo estaba bien con mi mamá, solo quería irme a casa y por mucho tiempo no quise comentar la experiencia con nadie. Cuando al fin comenté la experiencia con mi madre, ella quiso poner una queja, pero al final no lo hicimos. Ya no regresamos a ese hospital.

Investigué las cirugías que me propusieron, incluso encontré videos en YouTube, y eran brutales, no entendía como algo así pudiera solucionar mi vida, y los resultados de las mismas no se veían muy satisfactorios, pensé que después de algo así posiblemente la persona quedaría sin sensibilidad.

Me costó años de investigación encontrar el término intersexual e información confiable y no patologizante relacionada a la intersexualidad, información que estuviera escrita por personas intersexuales como yo. Cuando la encontraba, usualmente, estaba en idioma inglés.  Leía los artículos con un diccionario en mano, era muy complicado porque en ese entonces no dominaba el idioma, pero cada artículo me ayudaba a sanar. Encontré historias de personas intersexuales y me identifiqué totalmente con ellas, sentí que no estaba sola.

Gracias a esa información entendí que mi cuerpo no tenía nada de malo y que no estaba enferma por solo hecho de ser diferente, con el tiempo comencé a deconstruir el punto de vista que antes tenía de mi cuerpo y así un punto de vista más sano.

A la fecha, nunca he sufrido las infecciones recurrentes que decían los médicos y mi cuerpo es bastante sano, y al contrario de lo que los médicos me dijeron, tengo una buena vida sexual y una pareja estable. Como dijo Gabriel J. Martín, activista intersexual español: “hay muchas más cosas en la sexualidad que la penetración”. Actualmente me gusta mi cuerpo como es, incluso me gusta más que haber nacido con un cuerpo típico, simplemente hubiera querido que los médicos no me inculcaran tantos miedos y prejuicios hacia mí misma.

Así, gracias a la información producida por el activismo intersexual global y a las historias de vida compartidas por otras personas intersexuales, sane en muchos sentidos, y deseaba que esa información tan valiosa estuviera disponible y que fuera de fácil acceso para todas las personas intersexuales de habla hispana, para que les ayudara a sanar como me había ayudado a mí.

Así fue como comenzó el proyecto Brújula Intersexual, el cual curiosamente inició un día después del “Día de la Visibilidad Intersexual”, el 27 de octubre de 2013. Comencé compartiendo la poca información que había encontrado en español, pero pronto el proyecto fue creciendo cuando personas intersexuales de habla hispana —sobre todo de México— comenzaron a acercarse. Apreciaban tener disponibles artículos e historias en español que hablaran de la intersexualidad sin patologizarla. Con el tiempo compartieron sus historias, incluso yo compartí la mía. También se acercaron académicos que ofrecieron su ayuda y empecé a tener contacto con otros activistas intersexuales de diferentes partes del mundo. Fue así como Brújula Intersexual creció más y más, gracias al apoyo de muchas personas, en especial de otras personas intersexuales que han confiado en mí, muchas de las cuales son ahora grandes amigos.

Si quieres leer mi historia completa accede a este enlace: Mi cuerpo. Por Laura Inter

También puedes leer el maravilloso texto de Hana Aoi: “Hacer visible lo ignorado” (Texto leído durante la presentación de testimonios de personas intersex en la capacitación dada a funcionarios públicos en CONAPRED el pasado 23 de octubre de 2018).

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