Una niñez no vivida | Por Yela, mujer intersexual venezolana

Esta historia fue compartida exclusivamente con Brújula Intersexual, si quieres publicarla en otro lugar, por favor escríbenos para pedir autorización a la autora: brujulaintersexual@gmail.com

Descripción de imagen: Niña vestida con un vestido azul a cuadros y peinada con trenzas, sentada en unas escaleras afuera de una casa, observa cómo otros niños juegan en la calle.

Una niñez no vivida

Por Yela

La primera versión que escribió Yela de su historia, la puedes encontrar en este enlace: Vivir entre las sombras de una mentira

Hablar de este tema siempre toca las fibras más profundas de mi corazón, pero desde el amor que siento por mi comunidad les comparto mi experiencia como persona intersexual durante mi niñez y la relación que tuve con mi familia en esta etapa.

Cuando era una niña pequeña, aún no sabía que había nacido con un cuerpo distinto al de la mayoría, pero siempre me hicieron sentir diferente a otras niñas.

Recuerdo que me gustaban mucho los juguetes de “varón”, sufría mucho cuando en navidad mi regalo era una muñeca y yo anhelaba el regalo que le daban a mi hermanito. Mi papá era un hombre muy machista, me limitaba y solo me permitía hacer cosas que, para él, eran “propias de una niña”.

Conforme fui creciendo, las críticas que recibía de mi familia aumentaron: que si mi forma de caminar “era de un hombre”, que si me gustaba correr y sudar “como un hombre” … A mí me gustaba ser diferente a las demás niñas, pero a la hora de recibir una crítica me sentía perdida, triste y muchas veces lloraba a escondidas en el patio de mi casa. Nunca puede jugar libremente de la forma que yo quería, sin que se me cuestionara. Todo esto me hacía sentir súper confundida, no entendía porque un simple juego tenía que ser para un género en particular, ni porqué me prohibían ciertos juegos solo por ser una niña.

Para mi padre hasta montar bicicleta era “solo para varones”, y muchas veces me toco ver desde lejos como mis amiguitos se divertían. Puede parecer increíble, pero hasta cuando quería salir con mi papá a algún sitio, él medecía que no porque yo “era una niña”.

Así crecí: frustrada, sin entender el porqué de las críticas y el porqué de esa división entre juegos de “niño” y juegos de “niña”. Para mis hermanos yo era una marimacha, así me llamaban y me hacían sentir súper mal.  

Al llegar a la adolescencia, ya no sólo actuaba de una forma que los demás decían que era “masculina”, si no que mi cuerpo comenzó a desarrollar rasgos muy “masculinos”. Mi familia me observaba con curiosidad y yo escuchaba los comentarios que hacían entre ellos sobre mi apariencia, pero nadie me ayudaba a investigar y entender que pasaba. Fue muy difícil crecer sin saber porque era tan diferente a las demás personas.

Todos los cambios que tenía en mi cuerpo me causaban mucha confusión. Nadie de mi familia se imaginaba lo duro que fue ese proceso, y todo el daño que me causaban psicológicamente con sus comentarios. Me odiaba, sentía que estabaperdiendo mi tiempo en este mundo, sentía que no había podido ser feliz en ningún momento de mi vida.

Me tocó vivir de apariencias y mentiras para ocultar lo que me pasaba. Trataba de entender mi cuerpo pero no sabía qué hacer para lograrlo.

Así pasó el tiempo, hasta que encontré a Brújula intersexual, que llego a mi vida para brindarme sus conocimientos, me ayudaron a entender y a amar a mi cuerpo. Gracias a todo lo que aprendí, hace poco pude explicarle a mi familia quien soy realmente y hablar con ellos sobre mi intersexualidad.

No voy a juzgar a mi familia porqué sé que actuaron en medio de la ignorancia, pero sin querer, me robaron mi infancia. Nunca pude disfrutar mi niñez libremente, nunca pude jugar y hacer lo que mi cuerpo pedía a gritos. No estaba mal querer jugar a los carritos, querer correr y sudar de tanto jugar. Lo triste de todo es que ya ese tiempo paso, mi infancia ya no volverá, por lo menos no en esta vida.

Desde niña tuve pagar el precio que te impone la sociedad por ser diferente, por salir de lo binario, de lo que para ellos es “normal”. No se imaginan como intente ser como mi familia quería que fuera, pero sencillamente no sabía cómo hacerlo. Fueron tantos los sinsabores, que en la actualidad me siento ajena a mi familia. No soy capaz de contarles como me siento o que quiero hacer. La diferencia es que ahora ya no me importa lo que ellos piensen de mí, me siento libre de ser quien soy, me siento feliz de ser una mujer intersexual y todo gracias a todo lo que aprendí en Brújula intersexual. Hoy amo cada centímetro de mi cuerpo.

Agradezco a cada una de las personas que comparten sus historias de vida en Brújula Intersexual, porque así pude entender que no soy la única, que no estoy sola y que jamás volveré a sentirme mal por ser diferente, al contrario, ¡que alegría no ser como los demás! Soy afortunada y quiero que cada persona intersexual que lea mi historia se sienta igual de afortunada. Nos merecemos la felicidad, el amor y la paz que cada persona necesita para transitarpor esta vida.

Abrazos desde Venezuela.

Con amor,

Yela

2 comentarios

  1. Yo tambien tengo el mismo problemas los mismo traumas que los que podemos llamar familia nos causan cada dia asta los mas pequenos , sobrinos primos y supuestos amigos y vecinos con esas palabras hirientes MARIMACHO .sin recordar en ninez no puedes jugar con rus amiguito porque usted es diferente que dolor somos ún degrado de la naturaleza asta la justicia divida nos nego los derechos como seres humanos

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    • Compartimos tu mensaje con nuestra compañera Yela, y nos pidió responderte lo siguiente:

      “Amiga Ines, siento tu dolor porque lo viví en mi propia carne. En su momento también me sentí culpable, pero la realidad es que solo era una víctima. Luego entendí que yo no estaba mal, que no había nada malo en mí, que los que estaban equivocados eran ellos. El secreto está en reconocerte y en aprender amarte tal cual eres: una persona hermosa y única. No permitas que nadie te use para lanzar toda la basura que ellos llevan dentro. Te abrazo fuerte”

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