Transicionando hacia la plenitud | Por Izan (Venezuela)

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Descripción de imagen: A la izquierda, una silueta femenina en sombras simboliza una identidad impuesta que queda atrás; a la derecha, un joven sonriente con camiseta amarilla y pantalones morados refleja la plenitud de vivir de acuerdo con lo que realmente es. (Ilustración: Laura, 2025)

Transicionando hacia la plenitud

Por Izan (Venezuela)

Soy una persona que nació con una variación intersexual. Al nacer me asignaron el género femenino, el cual mis padres se encargaron de reforzar cada día, muy a pesar de mis gustos, mis preferencias, mis anhelos. Era una niña y punto, aunque nunca me sentí como tal, pues desde que tengo uso de razón me encontraba en una lucha entre lo que me decían que era y lo que yo sentía que era. Tanto así que me obligué a creer lo que los demás me decían. Sin embargo, siempre soñaba en cómo sería si mi género fuera masculino, cómo me vería con otro tipo de ropa, qué tal me vería actuando libremente, sin prejuicios, sin que me dijeran “no puedes comportarte de tal manera porque eres una mujer”.

Pero esas fantasías no me atrevía a exteriorizarlas nunca, ni con mi mejor amiga, pues eso estaba muy reprimido dentro de mí. Pasé por cirugías, en las que me quitaron mis gónadas sanas (testículos internos), y también pasé tratamientos feminizantes, como el tomar estrógenos. Con todo esto, lo único que hicieron los tratamientos médicos fue lastimar mi cuerpo, mi salud, mi vida entera. Luego de tanto sufrimiento, me di permiso de escuchar mi cuerpo, de dejar el miedo a un lado, y comencé a ser quien yo quiero ser. Decidí comenzar un tratamiento de reemplazo hormonal, pero esta vez con hormonas masculinas (testosterona), pues era lo que producía naturalmente mi cuerpo y un día me lo arrebataron cuando me quitaron mis gónadas sanas, sin importar mi opinión o si eso era lo que yo quería.

Hoy en día llevo dos meses en tratamiento y mi salud ha mejorado, podría decir que un 80%, cosa que antes me parecía casi imposible lograr, pues llevaba tantos años de enfermedad en enfermedad, mi cuerpo desgastándose, ya cansado de luchar.

Hoy, después de tanto tiempo, finalmente vivo como siempre me identifiqué, como un hombre. Me siento pleno, feliz y seguro de quién soy. Por fin me quité el peso de guardar silencio queriendo gritar, tomé las riendas de mi vida, dejé la cobardía a un lado, y hoy me dispongo a vivir libre y plenamente. Lo mejor de mi vida ha comenzado a suceder. Dejé atrás a Yela y para ser quien siempre fui: Izan.

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