GENITOPLASTIA GRATIS | Por Cabalga (Argentina)

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Descripción de imagen: Es una ilustración simbólica y de denuncia: en el centro aparece una flor grande en tonos morado y amarillo, atravesada por líneas luminosas que evocan nervios o sensibilidad. A su alrededor hay bisturíes e instrumentos quirúrgicos que intentan cortarla, mientras al fondo aparecen moldes clínicos y palabras como “aceptable”, “corregir” y “protocolo de normalización”.

GENITOPLASTIA GRATIS

Por Cabalga (Argentina)

La única forma de que en este planeta te realicen una cirugía cosmética en los genitales de forma gratuita es habiendo nacido INTERSEX.

La frase sonaría a promoción si no fuera por el horror que existe detrás de ella. Horror que se encarna con bisturíes en la mano, con anestesias temporales en el cuerpo, y con silencio… un silencio que, aunque grite, también es tapado por palabras: algunas que mienten, otras que ignoran y unas más que ocultan. Palabras que, por lo general, te invitan a “no buscar a más personas como vos porque no hay, son casos en millones”.

A esas palabras las nuclea el término recientemente acuñado por la activista intersex Pauli Sosa: “Retórica del horror”. Ese conjunto de acciones discursivas que hacen sentirse horribles a quienes simplemente son distintos.

Hoy sabemos que lo verdaderamente HORRIBLE es tocar el sistema nervioso de un niñ* de un año para “normalizar” un cuerpo. Es HORRIBLE que el filo de ese bisturí entre, toque y corte nervios que ya no volverán a sentir, y deje destruidos otros que sentirán algo de dolor… algo de placer… ALGO… apenas una parte de lo que hubiera podido SENTIR ese cuerpo con todos sus nervios en conjunto, dispuestos de la forma en que el propio cuerpo decidió organizarlos, de acuerdo con los elementos con los que contó para desarrollar su forma física.

Muchísimo más sabia parece entonces la complejidad del cuerpo frente al todavía escaso conocimiento humano. Y más aún cuando dimensionamos que, aunque existen relatos antiquísimos sobre nuestras existencias (Hermes, Afrodita y su Hermafrodito; andrós = hombre / gynē = mujer), se siga intentando cambiar una forma por sobre un sentir. Una apariencia por sobre la magia de la sensibilidad, justamente en el lugar más sensible del cuerpo.

Más sabias e irrefutables se erigen las decisiones que nuestros cuerpos tomaron al formarse, frente a lo que el resto de la humanidad decidió hacer con nosotros a lo largo de la historia (a veces bastante lejos de cualquier humanidad amorosa).

En el pasado, algunos griegos nos consideraban deidades y, suponete que hasta acá todo bien… ya para los espartanos fuimos monstruos (muerte al nacer); los romanos nos metían en una caja de madera y nos tiraban al río (teléfono para Moisés). Y, con el paso del tiempo, cambian las formas, pero sigue siendo la sociedad la que decide qué hacer con nuestros cuerpos. La medicina (podríamos decir helénica: ya que el sexo define herencia) los “normaliza”: o sea, lleva mediante cirugías a un cuerpo intersex, que tiene plena sensibilidad, a ‘parecerse’ (seamos buenos, por favor) a lo que socialmente sea aceptable, es decir, a un cuerpo típico de varón o mujer, pero, debido a la cirugía, ya con sensibilidad parcial asegurada, con dolores crónicos y entumecimientos garantizados en letra chica.

De las operaciones realizadas en las decenas de tipos de intersexualidades definidas como patologías por la medicina, muchas son de carácter cosmético, no tienen una necesidad médica. Solo un porcentaje muy pequeño de estas situaciones necesita una intervención médica urgente, por implicar un riesgo para la salud o incluso para la vida, como en el caso de que no exista una salida para la orina; pero claramente acá no hablamos de esas intervenciones necesarias. Acá hablamos de las intervenciones médicamente innecesarias y sin consentimiento, aquellas que buscan esconder o modificar las variaciones del cuerpo, hacerlo ‘parecerse’ a un cuerpo típico de varón o de mujer. Hablamos de esas que se realizan más por una incapacidad de aceptar lo distinto que por una necesidad altruista de ayudar a un paciente. Por incapacidad de admirar la maravilla y simplemente dejarla ser.

Queda al descubierto que es el propio HORROR el que define que se considera HORROROSO y decide qué hacer con aquello que señala como tal. Sin siquiera consultarnos.

A poco tiempo de cumplirse 80 años de la aparición de los primeros protocolos de “normalización genital”, y más de 100 años de las primeras cirugías en el siglo XIX, son múltiples los relatos que invitan a expandir el conocimiento y a reconocer algo fundamental: a quienes nos practican estas cirugías, muchas veces no vuelven luego a preguntarnos cómo estamos, si nos hicieron bien o que consecuencias dejaron en nuestras vidas.

Tampoco desarrolló la medicina centros de atención especializados y de estudio de las diversidades sexuales, ni centros de contención y acompañamiento psicológico para pacientes; mucho menos centros interdisciplinarios de intersexualidad en donde se pueda dejar ser a un cuerpo, estudiarlo, o no, a lo largo de toda una vida… aprendiendo a aceptar lo distinto y redireccionando las energías hacia aquellos lugares donde sí se puede ayudar.

CABALGA

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