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“Sobreviviente” o el resumen de mi primera semana intersex!
Por CABALGA (Argentina)
Coincidieron dos fechas cercanas y no dudé: saqué los pasajes y conté los días. Domingo, proyección de Intersex, el círculo violeta (Teresa Martino), documental donde aparecen eminencias de la lucha intersex como Mauro Cabral, integrantes de Potencia Intersex y otres activistas; y viernes, llegada de Adiós al futuro(Proyecto Intersex), otra militante intersex de oro mexicana que pasaba por Buenos Aires y de quien quería mi primer autógrafo. Hasta acá ya era un lujo, pero se multiplicó todo. Quedó ínfima la expectativa: fue toda una explosión desde el principio, un ebullir, un multiplicarse que duró hasta el final, un abrazo tras otro, una cachetada atrás de la otra. Y otro flash, y siempre hubo más.
Sobresalió de ese mar de energías la ola que me arrastró. La pregunta-sentencia que me dejó, hasta ahora, la piel de gallina.
—¿Casi 50 tenés? No se ven muchos de tu edad… ¡Sos un sobreviviente! —me dijo alguien de más o menos 30, con una sonrisa de amor en la cara.
Volví memorizando los nombres, las historias, los derroteros, las experiencias, las heridas; solo algunas, porque ahora son cicatrices. Sabiendo que somos muchos y entendiendo que ES URGENTE EL MIMO, la caricia reparadora, el abrazo. Urge el espacio común, la casa, la quinta, la finca, el terruño INTERSEX, ese espacio donde ir a ser. A sobrevivir la vida de quienes llegamos heridos. A lamernos las heridas.
Mi semana «intersex» comenzó como un plan color de rosa… y terminó siendo violeta sobre amarillo. Redondite.
Domingo: No hago tiempo a leer, pensar y sentir todo. Me atraviesan las cosas y así me dejo llevar desde que llego a Buenos Aires y entro a Casa Brandon. Llego buscando rotos como yo, y saldré borracho de relatos, efervescente de dolores, acariciado, besado, regalado y bendecido de rodillas, en olas de alcohol que comparto ahora con seres que también se alejan del horror, del dolor; que se premian por estar sonrientes y contándose, definiéndose, explicándose, recauchutándose.
Desfilamos por una alfombra roja, de película. En la sala, la peli nos hace saber, llorar, aplaudir, reír. Y de repente, regalos. Como si no fuese suficiente, una bolsa con regalos. Y ya no volvimos a dejar de reír en toda la noche.
Me tiro en la cama y, lejos de dormir, leo en mi mente solo esas palabras: «Sos un sobreviviente»…
Lunes: Casi duermo y, al despertar, la misma frase, que apisonaba mi alegría al tiempo que abonaba un sentimiento de responsabilidad, similar a otros que ya sentí y encarné como pude. Trato de hilvanar todo lo vivido, pero no hago tiempo. No soy el único sobreviviente, mucho menos el más urgente.
Los coletazos de una semana de estrés, preparativos, corridas, knock out postraumático… y allá salimos a paliar con la rebeldía del cortisol de una amiguera (otra que merece llaves pal monumento).
«Te hacen tan mierda las pastillas que uno va eligiendo cuándo vivir mejor y cuándo balancearse tomándolas», pienso: todas las vivencias son distintas y complejas.
Martes: Va zafando. Carretea para sentirse mejor. Al remontar vuelo, un cuerpo se hace liviano de sí mismo, descansa del peso de la gravedad. Pero hay más caídas, más urgencias. Respira lo hondo que le deja el tórax… Hoy descansa, pero se nota y ya le apunta a la mañana… para ir por ella, otra chica intersex que la pelea todos los días; una que, presa y violentada, salta de cabeza al pastillero para escapar, y la manada corre para ayudar.
No termina el martes. Lejos de esperar en la cárcel de la mente… escapa. En medio de la noche aparece herida, por las propias, surcando la ciudad más grande del país: un poquito caminando, otro poquitito en tren… para llegar a casa.
Ahora estoy asustado. Escapo diciendo que hago lugar para que estén más cómodos, pero la verdad es que tengo miedo. Es todo muchísimo. Y vuelvo a pensar que es MUY necesario tener un espacio, una casa inter.
Miércoles: Me despierto y pienso: «¿Qué hace falta?». Hay que volver a acompañar. La acompañamos a que la burocracia le diga: «Está bien, andá. Si te vas a volver a escapar no te puedo ayudar, pero firmame acá».
Me extasío pensando en sus valentías, en sus altruismos, pero tampoco hay tiempo. Sigo agregando morado a mi rosado plan, mezclando y masticando, abrazando y siendo abrazado en el llanto. Es de verdad. Siento de nuevo. Una sensación de acción y abrazo simultáneo que extrañaba. Construir caminando, sonriendo con otres. (Y pienso: «Ahora digo otres…»).
Jueves: Sigo surfeando la semana con una ansiedad de militancia que extrañaba, con un apuro que aplaco con flores soleadas, mates y charlas amansadoras. Paso el jueves conociendo.
Viernes: Hola, Adiós al futuro, qué enorme gusto. El fin de semana fluyó entre charlas, risas y más cachetadas, dejando surcos por Buenos Aires. Y ese autógrafo, sabiente yo de su exitismo hermoso, adorna la contratapa de una obra de arte. Cotorreando, pasamos por muchos temas, muchas cachetadas, muchos abrazos. ¡Gracias hasta el último segundo!
Sábado y domingo: Volvimos a compartir. Pampeanos, mexicanos, bolivianos, porteños… estábamos todos ahí, celebrándonos juntos. Proyectándonos juntos. Agradezco el esfuerzo de todos nosotros por estar cerca y a mano, por poner el granito de arena que diga, que grite, que es un CÍRCULO VIOLETA SOBRE FONDO AMARILLO el que quiere ser escuchado, atendido, mimado.
Lunes: Vuelvo repleto. Feliz y azorado. Leyendo al cerrar los ojos, escuchando al recordar… la palabra «sobreviviente».
Cabalga
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