Venciendo la adversidad: Intersexualidad, pobreza, abuso y discriminación. Por Mar IS

Venciendo la adversidad: Intersexualidad, pobreza, abuso y discriminación.

Por Mar IS

* Esta historia fue compartida exclusivamente con Brújula Intersexual, si quieres publicarla en otro lugar, por favor escríbenos para pedir autorización a la autora: brujulaintersexual@gmail.com

* Historia que concursó para el Premio Raquel Berman 2020

Mar Is
Mar Is. Mayo 2020

Nací y crecí en una pequeña comunidad del estado de Jalisco – en la década de 1980, para llegar a la comunidad ni siquiera había caminos pavimentados ni carreteras, solo se podía llegar por una pequeña vereda, era un lugar muy pobre y vivíamos en condiciones muy precarias, no teníamos servicios públicos, no teníamos luz eléctrica, no había hospitales. Solo teníamos agua potable, pero el servicio era irregular.

Mi madre se casó a los 13 años con mi padre que tenía 23, tuvieron su primer hijo un año después cuando ella tenía 14, en total tuvieron 20 hijos, pero 5 murieron antes de cumplir un año de vida debido a la falta de cuidados y a las condiciones precarias en las que vivíamos. Yo fui la 13va, siempre sentía vergüenza cuando me preguntaban cuántos hermanos tenía, porque cuando lo comentaba las personas se burlaban.

Mis hermanos mayores suplicaban a mis padres que ya no tuvieran más hijos, pero mi madre decía que tendría los hijos que dios le quisiera dar. Teníamos escasos recursos económicos, materiales, de salud, de higiene y de educación, vivíamos en la pobreza extrema. Mis hermanos mayores tuvieron que trabajar desde la edad de 4 o 5 años para no morir de hambre, trabajaban en el campo preparando la tierra y sembrando maíz, traían leña, recolectaban tejocotes, tunas y otros alimentos. Los hermanos más pequeños comenzamos a trabajar en el campo hasta que cumplimos 8 años, porque nos cuidaron nuestros hermanos mayores. Mi madre también trabajaba en el campo con nosotros, pero mi padre no trabajaba y siempre estaba ebrio. Todos sufríamos desnutrición, teníamos muy poca ropa y, muchas veces, ni siquiera teníamos zapatos.

Mi familia tenía problemas con otra familia de la comunidad, recuerdo cuando tenía 6 años que varias personas de esa familia llegaron a mi casa con palos y armas, golpearon a toda mi familia, y amenazaron de muerte a uno de mis hermanos, que tuvo que huir a Estados Unidos. Después se fueron otros 5 de mis hermanos, comenzaron a enviar dinero desde allá y nuestra situación económica mejoró un poco.

Debido a la falta de atención de parte de nuestros padres, y al hacinamiento en el que vivíamos, sufrí de acoso y abuso sexual desde muy pequeña. En el cuarto donde yo dormía éramos 7, había tres camas, desde que tengo memoria yo dormía en una cama con mi hermana mayor, quien comenzó a abusar sexualmente de mi desde que tenía 3 o 4 años hasta los 11 años, cuando tuve la claridad y determinación suficientes para defenderme y dormir lejos de ella. Durante ese tiempo, en varias ocasiones intenté dormir en otra cama, pero nadie me dejaba, no podías salirte de la rutina. También sufría acoso y abuso constante de otro de mis hermanos, quien solo buscaba el momento oportuno para abusar de mí cuando era pequeña, después supe que también había abusado de mis dos hermanas menores. Y, como si esto no fuera demasiado, otro de mis hermanos también intentó abusar de mi en una ocasión cuando tenía 4 años, casi me violó, pero mi mamá iba pasando en esos momentos y él se detuvo y huyó, después me enteré qué él también había abusado de mis dos hermanas menores y de una sobrina.

Mi madre supo de estos abusos, porque una de mis hermanas menores le dijo cuando tenía 5 años, pero no le creyó, y el acoso y los abusos continuaron hasta que tuvimos la edad suficiente para defendernos por nosotras mismas.

Algunas veces, creía que todos esos abusos habían sido una pesadilla, pero no fue así, fue real. No se lo conté a nadie, sabía que no me iban a creer. Una vez escuché en el radio sobre una niña que había sufrido abuso sexual de parte de su padre, y había quedado embarazada, yo tenía tan solo 5 años, miraba mi pequeño estómago y me preguntaba si estaba embarazada, lo que me causaba mucha angustia, ¿se pueden imaginar a una niña de esa edad preguntándose eso?

En la comunidad solo había una escuela primaria, sin embargo, la mayoría de las personas no estudiaban y muchos no sabían leer ni escribir. La mayoría no daban importancia a los estudios, pensaban que estudiar era una pérdida de tiempo y recursos. La única forma que tenía una mujer de salir de su casa era, y es, contrayendo matrimonio, y la mayoría se casan siendo muy jóvenes. Fui testigo de cómo dos hermanas intentaron irse a vivir a un pueblo cercano, y no se les permitió, las forzaron a regresar con amenazas y violencia física.

En ese lugar, la violencia de género e intrafamiliar es tan común, que se convirtió en la norma. Cuando tuve mi primer novio a los 12 años, mi madre se enteró, me obligó a cortar con él, y ordenó a uno de mis hermanos que me golpeara, quien me golpeó en varias ocasiones con un cinturón.

La vida en ese lugar es hostil, hay mucha ignorancia y violencia, sobre todo hacia las mujeres. Pero para mí, fue aún más complicado ya que cuento con un cuerpo intersexual, es decir, uno con variaciones en las características sexuales, en mi caso, cuento niveles de testosterona considerados altos para una mujer, por lo tanto, tuve una pubertad precoz, la cual comenzó a los 7 años, crecí demasiado rápido, dejé de crecer demasiado pronto, y me creció mucho vello corporal. Alrededor de los 13 años me empezó a salir vello facial, mis caderas no se ensancharon y prácticamente no desarrollé pechos.

Cuando tenía alrededor de 7 años, mi madre me llevo con un médico que visitaba la comunidad, quería saber que me sucedía, el médico simplemente dijo que todo estaba bien y que estaba sana, ella pareció quedarse tranquila con esa respuesta y no volvió a llevarme al médico por ese motivo.

A los 13 años tuve un novio, la relación duro casi 4 años, los primeros meses todo iba bien, pero más tarde empezó a decirme cosas como: “pareces hombre”, “parece que estoy besando a un hombre”, “tus pechos son muy pequeños”, “te crece barba”, etc.

Mi familia, cómo era de esperarse, también notaba esas diferencias y en varias ocasiones también criticaban mi aspecto físico. Incluso mi madre me dijo en alguna ocasión, haciendo alusión a mi apariencia física: “así como estás, ningún hombre te va a querer”. Al escuchar eso me sentí muy mal, no porque me preocupara que un hombre no me quisiera, sino el hecho de que mi propia madre pensara eso de mí.

Debido a todos los malos comentarios que recibía, decidí consultar a una doctora que visitaba la comunidad. Me pidió que me quitara la blusa, vio y toco mis pechos, también reviso mis genitales, más tarde comentó: “aún se puede hacer algo”. Después de la revisión, me pregunto si estaría dispuesta a desnudarme ante varios doctores, a lo cual respondí: “sí”, con timidez. Afuera del consultorio había personas que me conocían, y me di cuenta de que se escuchaba todo lo que se hablaba dentro del mismo, me preocupé mucho. Unos días después de esto, una prima me comentó que había rumores de que yo era en realidad un “hombre”, al escuchar esto me enojé y angustié mucho. Nunca volví con esa doctora.

Durante los 15 o 20 días siguientes, mi vida fue una pesadilla, todos en la comunidad me veían con extrañeza, en algunas ocasiones escuchaba sus comentarios, decían que en realidad “era un hombre”. Algunos de mis hermanos comenzaron a molestarme más debido a esto, querían que realizara trabajos más pesados y lo justificaban porque decían que parecía hombre, cuando no podía hacer algo de lo que me pedían por no tener la fuerza suficiente, me decían: “¿porqué eres tan delicada si pareces hombre? Se supone que deberías de ser más fuerte…”

Por este tiempo, mi mamá enfermó gravemente, pensé que moriría. Fui con ella a Guadalajara donde vivía una hermana, quien la llevo con un doctor y estuvimos cuidándola en su casa mientras se recuperaba. La vida en la ciudad me llamaba la atención, todo era nuevo para mí, todo era asombroso. Ahí me di cuenta de que había otras formas de vivir. Una vez que mi mamá se recuperó, intenté convencerla de que me permitiera quedarme a vivir en la ciudad con mi hermana, pero no quiso.

Cuando cumplí 15 años, se abrió una escuela telesecundaria en una comunidad cercana, así que no dude en inscribirme, ya que siempre quise seguir estudiando. Todos los días caminaba cerca de una hora para llegar a la escuela, me sentía muy feliz. Sin embargo, teníamos que usar uniforme, el cual consistía en una falda y una blusa, yo tenía mucho vello en las piernas y tenía que depilarme diariamente para que no se me notara. En una ocasión no me depilé bien y me di cuenta de que un compañero lo notó, rápidamente corrió la voz por toda la escuela y comencé a sufrir acoso escolar, me veían como “bicho raro” y hacían comentarios hirientes. Sentía mucha vergüenza y miedo, fue una experiencia muy horrible y mi autoestima fue bajando. Además, cada vez me salía más vello en el rostro, ya no podía ocultar tan fácilmente mis diferencias, sufría mucho en silencio, ¿a quién le podía contar lo que me pasaba? Sentía miedo y mucha vergüenza. Me hice una persona sumamente tímida y retraída.

Mi mamá, todas las mañanas discutía conmigo porque no quería que siguiera estudiando, decía que era una pérdida de tiempo y dinero, aunque nunca me daba dinero. A pesar de esto, de las carencias alimentarias, la falta de transporte, de recursos, del acoso escolar, y de todas las dificultades, terminé la secundaria.

En esa época comencé a tener un problema en la piel debido a alergias, mi mamá me llevo con un médico, cuando reviso mi rostro se dio cuenta que tenía vello facial, y entonces me recomendó realizar un estudio para revisar mis niveles hormonales. Al llegar los resultados, me dijeron que tenía los niveles de testosterona muy elevados, y me recomendó ir con un ginecólogo. La ginecóloga me revisó y me recetó unas pastillas anticonceptivas llamadas Diane, me dijo que con las pastillas disminuiría el vello facial y corporal, pero no funcionó.

Seguí con mi vida, cuando tenía 20 años mi papá enfermó, necesitaba una cirugía y cuidados especiales, así que mi mamá, mi papá, una hermana y yo, nos mudamos a vivir a una ciudad cercana mientras mi papá se recuperaba. Un año después mi papá y mi mamá regresaron a la comunidad, pero mi hermana y yo decidimos quedarnos a vivir en la ciudad para continuar con nuestros estudios, esto a pesar de la reticencia de mi madre, quien nos amenazó, nos chantajeo y cada vez que podía nos decía que estudiar era una pérdida de tiempo. Uno de mis hermanos, que vivía en EUA, comenzó a apoyarnos económicamente para que pudiéramos vivir y estudiar, sin su ayuda no hubiera sido posible.

Mi hermana estaba estudiando la secundaria, y yo trabajaba y estudiaba la preparatoria. Nos apoyábamos mucho y nos hicimos muy unidas. A pesar de la precariedad económica, y las constantes amenazas de mi madre, logré terminar la preparatoria.

En esa pequeña ciudad, me liberé del peso de la familia y de la comunidad. Empecé a hacer ejercicio, a leer diversos libros que alquilaba en una biblioteca cercana, y comencé a conocerme a mí misma y a enfrentarme con las experiencias que había vivido en la comunidad. Vivir aquí me dio otra perspectiva, sentía que era libre.

Inicié una terapia psicológica y me enfrenté a lo que siempre quise negar: los abusos que sufrí de pequeña, por primera vez hablaba de ello, fue algo horrible, me deprimí al enfrentar lo que me había sucedido, pero a la larga, fue algo que me ayudó a sanar. Recuerdo que cuando inicie la terapia no miraba a la psicóloga a los ojos mientras le hablaba, no lo hacía con nadie, y ella me enseñó a verla a los ojos y sostener la mirada.

Más tarde, decidí estudiar una carrera universitaria, realicé el examen de admisión para la carrera de Turismo y lo pasé. Un semestre después mi hermana hizo el examen para la carrera de Agronegocios y también lo pasó. Otra de mis hermanas decidió irse a vivir con nosotras, y comenzó a estudiar la secundaria y luego la preparatoria.

Muchas cosas eran nuevas para mí, la vida en la ciudad era muy diferente a la vida en la comunidad, la mayoría de los jóvenes eran muy “extrovertidos”, me sentía fuera de lugar en muchos aspectos y situaciones, desconocía muchas cosas; sin embargo, ahí estaba intentándolo, sin dirección, insegura, pero ahí estaba. Aún con todas las dificultades, sabía que era una oportunidad que nunca pensé que tendría. Con todo y mis limitaciones, con mis dificultades para comunicarme y con carencias económicas, seguí adelante.

Empecé a tomar un curso de natación, a pesar del miedo que sentía por las características de mi cuerpo. El instructor me observaba de manera extraña, y notaba que en ocasiones me criticaba con otros compañeros, sin embargo, intentaba no darle importancia. Nadar me gustaba mucho, aprendí rápidamente, y eso me ayudó a mejorar mi autoestima y mi condición física.

Durante la universidad pasé por mucho estrés debido al acoso que sufría de parte de algunos compañeros que me molestaban por mi apariencia. Hice algunos viajes de estudio, fueron momentos felices. Mi viaje favorito fue cuando conocí el mar por primera vez, y vi ballenas, fue una experiencia increíble.

En esa época comencé a notar que me salía un líquido blancuzco de los pezones, fui con un ginecólogo, me realizó estudios y me dijo que tenía la prolactina alta, y esto era consecuencia de las pastillas anticonceptivas que tomaba para reducir el vello corporal, así que las dejé de tomar, porque no funcionaban y solo me estaban causando problemas.

En una de las citas con el ginecólogo, una enfermera se me acerco y me dijo: “conozco un endocrinólogo que es muy bueno y te puede ayudar”, y sin que yo le dijera mi situación, me dijo: “a mí también me crece barba y no podía quedar embarazada, pero con un tratamiento que me dio, pude quedar embarazada, el problema es que vive en Colima y las consultas son caras”. Yo solo quería que el vello desapareciera, estaba desesperada ya que sufría mucha discriminación por eso, así que fui con ese endocrinólogo, me realizó varias preguntas, entre ellas me preguntó si al momento de nacer me habían realizado un cariotipo para saber cuales eran mis cromosomas. Me receto unas hormonas llamadas Adaltone A, pero me dijo que no esperara grandes cambios, ya que no reducirían mucho el vello facial. Esto me puso muy triste, ya no regresé con él ni con ningún otro médico por esa situación.

Un día decidí salir en una “cita a ciegas” con un amigo del novio de mi hermana. Salimos los cuatro, fuimos a un bar y después a nuestra casa. Esa noche tomé demasiado alcohol, hasta que perdí la conciencia. Al día siguiente, me di cuenta de lo que me había sucedido: ese hombre me violó mientras estaba inconsciente. Mi hermana no hizo nada para evitarlo. Me sentí terriblemente mal, y decidí regresar a hablar con la psicóloga, quien me recomendó comprar píldoras anticonceptivas de emergencia, realizarme unos estudios – de los que afortunadamente salí bien – y reanudé mi terapia con ella, lo que me ayudó a sanar rápidamente.

Inicié mis prácticas profesionales, tenía que elegir un lugar turístico, quería irme lejos, finalmente me decidí por Quintana Roo, donde comencé a trabajar en un parque turístico. Todos los días nadaba en el mar, era algo que de verdad disfrutaba. Desde el inicio, mis compañeros me trataron muy bien, todas las personas eran muy amables y atentas, nadie me juzgaba por mi apariencia.

Junto con otros dos compañeros y una compañera de la carrera, rentamos una casa por el tiempo que estaríamos haciendo las practicas. Los chicos eran muy amables y atentos, siempre me cuidaban, la chica también era muy linda conmigo, con el tiempo empecé a sentir atracción por ella, y aunque ella tenía pareja – su pareja vivía en otra ciudad – comenzamos una relación sin compromisos. Me trataba bien, me escuchaba, me “aceptaba” tal cual era, y más importante aún, por fin alguien no criticaba mi apariencia, así que rápidamente se convirtió en alguien especial para mí. Fue la primera persona con la que tuve intimidad de manera voluntaria. Sin embargo, como era de esperarse, comenzamos a tener problemas, ya que ella tenía pareja, era celosa, y, además, tenía problemas con las drogas y el alcohol. Desde que la conocí, noté que yo comencé a beber más y asistir a muchas fiestas. Terminamos después de 3 meses de relación.

Finalmente se terminaron las prácticas profesionales, regrese a Jalisco y ella a su ciudad. Me sentía deprimida y sola. Tenía un sentimiento constante de no ser lo “suficientemente” mujer, las personas en mi entorno frecuentemente me juzgaban y señalaban por sus prejuicios debido a mi apariencia. Un día, harta de siempre estar intentando encajar en las ideas sociales sobre cómo “debería” ser una mujer, corté mi cabello, el cual era muy largo, lo corté hasta dejarlo demasiado cortó, lo hice por impulso. Me vi al espejo y parecía más joven, me gustó como me veía, y me sentía más relajada.

Sin embargo, el problema de la discriminación persistía. Constantemente me cuestionaban sobre mi género. Un día fui al médico por un problema de oídos, al acabar la consulta el médico me preguntó: “¿Cuándo te vas a decidir?”, refiriéndose a mi género, a lo que contesté: “No hay nada que decidir, soy mujer. Solo vine a tratar un problema en mi oído”, ya no insistió. Viví muchas situaciones de este tipo.

Comencé a trabajar y quería estudiar otra carrera, pero mi economía no iba nada bien. También enfermé – después supe que era fiebre tifoidea – comencé a tener fiebres, náuseas, diarreas y malestar, pero no tenía dinero para ir al médico, a veces no tenía dinero suficiente ni para la renta.

Caí en una fuerte depresión que duró meses, me sentía muy sola, además de enferma. Este tiempo me sirvió para investigar más sobre mi cuerpo y sus características, comencé a buscar en la web y encontré el proyecto Brújula Intersexual, comencé a leer historias de personas que habían nacido con cuerpos intersexuales, no podía dejar de leerlas. Había mucho en común entre esas historias y la mía. Ahí nació mi motivación por ayudar a las personas como yo, pero en esos momentos no podía ayudarme ni siquiera a misma. También comencé a leer libros de superación personal, lo que me ayudó mucho.

Sentía que no podía seguir haciéndome la víctima, físicamente seguía sintiéndome enferma, pero tenía que salir adelante, así que volví a Quintana Roo a trabajar. Finalmente tuve dinero para ir al médico, y me diagnosticaron con fiebre tifoidea, me dieron tratamiento, pero no lo seguí como lo había indicado el médico, y el problema continuó.

La fiebre tifoidea mal tratada, la ansiedad, la inseguridad, la depresión, todo se lo adjudicaba al estrés que sentía por ser “diferente”. Nuevamente sentía que ya no podía más, pasaba mucho tiempo sin poder dormir, sufría mucho física y emocionalmente, ya no quería vivir, pensé seriamente en suicidarme.

Un día recordé la página de Brújula Intersexual, entonces envíe un mensaje, pensé que no me responderían, pero, para mi sorpresa, Laura Inter, quien coordina el proyecto, me contestó y me proporcionó información. Comencé a hablar por teléfono con ella, le conté mis experiencias, también sobre mi cuerpo y sus peculiaridades, y me dijo que por lo que le comentaba era un hecho que yo era una persona que contaba con un cuerpo intersexual. Me dio alegría confirmarlo, pero una parte de mí sintió tristeza porque aún quería ser una mujer “normal”, me tomó tiempo asimilarlo. Desde que hablamos por primera vez, ella se convirtió en una de las personas más importantes de mi vida, con ella podía ser yo misma, no tenía la necesidad de fingir u ocultar nada. Empezamos a hablar casi todos los días, hablábamos de muchos temas. Esperaba con ansias que llegara la tarde para hablar con ella.

Un día la invite a la ciudad donde vivía, me dijo que iría a visitarme algún día, realmente lo veía algo lejano, pero solo pasó un mes y me dijo que iría a verme. ¡No lo podía creer! Me envío una imagen del boleto de avión, y me dije: ¡sí, va enserio!  No podía creer que hiciera ese viaje solo para verme. Me sentí feliz y nerviosa por conocerla en persona.

Llegó el gran día, fui por ella al aeropuerto, cuando la vi venir fui a su encuentro y nos dimos un abrazo. Me quedé sorprendida, era muy bonita, ella no acostumbra a enviar fotos y yo nunca le había pedido una. Llegamos al departamento donde vivía, dejamos el equipaje y nos fuimos a la playa, recuerdo que esa noche había luna llena. Estando en la playa, me preguntó: “¿puedo tomarte la mano?”, yo no contesté solo tomé su mano entrelazando los dedos, y le dije: “qué bueno que estas aquí”, enseguida la abracé de costado y seguimos platicando, estábamos tan cerca una de la otra que de repente la besé y ella me correspondió. ¡Fue genial! No podía creerlo, parecía que estaba en un sueño. Un hermoso sueño, lo mejor es que era realidad. Pasaron 3 días y nos hicimos novias oficialmente, todo fue muy rápido. No quise pensar, solo me dejé llevar. Me sentía mal de salud, pero emocionalmente me sentía plena.

Pasamos una semana increíble juntas, fuimos a lugares hermosos del caribe. Me sentía muy feliz y ella también. Ella me comentó no podía cambiar de lugar de residencia tan fácilmente, y yo pensé: me voy con ella, aunque no se lo dije. Regresó a su ciudad, y cuando se fue, sentí un vacío, aunque fue solo momentáneo. Hablábamos por teléfono todos los días, y la sentía cerca.

Me mudé a vivir cerca de la ciudad donde vivía mi novia, conocí a su familia, todos eran muy amables. En poco tiempo conseguí un empleo afín a mi carrera, y renté un cuarto. Así, podíamos vernos casi todos los días.

Mi novia me llevo con un médico que me dio un tratamiento para la fiebre tifoidea, seguí el tratamiento al pie de la letra, y en un mes estaba completamente sana. Recuerdo que en una cita con este médico me pregunto cuál era mi identidad de género y me comentó que trabajaba con la comunidad trans, me dijo que podía recomendarme una ginecóloga que me daría un tratamiento si así lo decidía, yo solo lo observaba sin decir nada, y finalmente le dije que no quería hacer ningún cambio, que era una mujer y que estaba feliz tal cual era.

Junto con Laura comencé a viajar, a conocer otras personas con cuerpos intersexuales, a asistir a conferencias y talleres sobre el tema, y todas estas experiencias me ayudaron a sanar y a querer mi cuerpo tal cual es.

Con la asesoría de Laura, comencé mi propio proyecto, quería ayudar a otras personas intersexuales que también habían pasado por experiencias de discriminación. Así surgió el proyecto Intersex y Andrógino en 2016, donde ofrecemos apoyo y orientación a otras personas que nacieron con variaciones en sus características sexuales y a sus familias. Contamos con un blog donde compartimos nuestras experiencias de vida o anécdotas, principalmente experiencias de discriminación con motivo de nuestras características sexuales. Tenemos un grupo de apoyo específico para mujeres con barba, donde podemos hablar sobre nuestras experiencias sin sentirnos discriminadas, ahí podemos llorar y reír sin temor a ser juzgadas. También participamos en varios eventos, talleres y proyectos en conjunto con las principales organizaciones intersexuales de México.

Ser una mujer intersexual con barba, lesbiana y proveniente de una comunidad pobre y marginada, no es fácil. Ya hice las paces con mi cuerpo y con mi pasado. En la actualidad, no quisiera cambiar nada de mi cuerpo, tampoco siento odio o resentimiento hacia nadie, y he logrado perdonar a todas las personas que me hicieron daño. Sigo recibiendo discriminación y comentarios negativos de gente prejuiciosa, pero ya no me afecta como antes, conozco de dónde vienen sus prejuicios, además, ya no estoy sola, ahora tengo amigas, una pareja que me ama, y una comunidad que para mi representa a mi verdadera familia. La familia no siempre coincide con tus padres y hermanos, la familia también la puede elegir cada persona.

Hay muchas personas que me ayudaron a sanar en este largo camino, y con quienes estoy agradecida por lo bondadosas que han sido conmigo. Empezando por mi hermano mayor E. que me enseñó a leer y escribir, y me inculcó el gusto por estudiar, mi hermano S. por el apoyo que siempre me brindo desde que era pequeña, y por su apoyo económico que fue vital para que pudiera estudiar y tener una vida mejor lejos de la comunidad en la que nací, mi hermana Z. por acompañarme y sembrar en mí la semilla de la libertad, mi pareja, Laura, por haber fundado el proyecto de Brújula Intersexual y por ser mi compañera de viaje, es una de las personas que más admiro, y, finalmente, a todas mis amigas y amigos dentro de la comunidad intersexual. No cambiaria nada de mi vida, ya que todo lo que me pasó me dejó un aprendizaje.

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