¿Quién decide? Intervención médica para niños y niñas transgénero e intersexuales. Por Elizabeth Reis

¿Quién decide? Intervención médica para niños y niñas transgénero e intersexuales

Por Elizabeth Reis

Traducción: Laura Inter del artículo “Who Decides? Medical Intervention for Transgender and Intersex Children” de Elizabeth Reis

Fuente: https://www.thehastingscenter.org/medical-intervention-for-transgender-children/

transgender

¿Quién debería decidir si es necesaria la intervención médica en el cuerpo de una niña o niño? Idealmente, la persona que se someterá al tratamiento debería tener injerencia en estas decisiones. Las y los pacientes por sí mismos, incluso si son niñas o niños, deberían entender todas sus opciones y dar su consentimiento para cualquier procedimiento que esté sobre la mesa. Técnicamente los padres son los que dan su consentimiento a nombre de sus hijas o hijos, pero también necesitan estar informados, en especial cuando las intervenciones en cuestión son controversiales y existe un debate sobre cuando deberían ser realizadas.

Actualmente existen dos tipos de iniciativas legislativas que amenazan con eludir el consentimiento informado, un principio fundamental de la ética médica. Estos proyectos de ley están apareciendo en estados de todo el país [EUA] y merecen que les prestemos mucha atención. Aunque ambos hacen referencia a menores de edad, sus intenciones – y sus consecuencias – no podrían ser más contrastantes.

El primer tipo de legislación tiene como objetivo abolir el acceso a la atención de la salud para la afirmación de género en el caso de jóvenes transgénero. El proyecto de ley 1057 de la Cámara de Representantes de Dakota del Sur, patrocinado por Rep. Fred Deutsch (R), fue aprobado por la Cámara de ese estado, la cual está dominada por Republicanos, pero fue rechazada por el Senado la semana pasada. Proyectos de ley similares han sido presentados en Colorado, Florida, Kentucky, Mississippi, Oklahoma, y Carolina del Sur. El proyecto de ley habría convertido en un delito menor el que los médicos proporcionen bloqueadores de la pubertad, hormonas u otros tratamientos de afirmación de género a personas menores de 16 años.

En particular, los bloqueadores de la pubertad funcionan mejor cuando de administran antes de la pubertad, así ese niño o niña puede retrasar la pubertad y los cambios biológicos permanentes que finalmente desea impedir. Esencialmente, la meta del proyecto de ley de Dakota del Sur era prevenir que las niñas y niños transgénero se identificaran con cualquier otro género que no fuera el que se les asignó al nacer. Esto contradice la reciente investigación acerca de las infancias transgénero, la cual encontró que son más felices y saludables después de haber tomado medidas sociales y médicas para la transición. Aunque el Rep. Deutsch sostuvo que el tratamiento hormonal y la cirugía de afirmación de género deberían ser considerados “actos criminales” que son “profundamente dañinos”, los opositores al proyecto de ley, incluyendo algunos Republicanos, no estuvieron de acuerdo, citando los claros beneficios físicos, psicológicos y emocionales que tiene el permitir a las niñas y niños trans expresarse en el género con el que se sienten cómodos o cómodas.

El segundo tipo de legislación, por ejemplo, el proyecto de ley SB 201 de California, intenta proteger a las niñas y niños que nacieron con características intersexuales de intervenciones médicas innecesarias e irreversibles. Desde principios del siglo XIX, pero particularmente desde la década de 1950, la atención de la intersexualidad en EUA se ha enfocado en borrar la diferencia y promover la heterosexualidad. Muchas condiciones intersexuales no son tan raras como se esperaría, ni deberían ser consideradas anormales o físicamente peligrosas. Y, sin embargo, los médicos han realizado cirugías en niñas y niños, las cuales están diseñadas para aliviar la ansiedad de los padres sobre la “normalidad” de sus hijas e hijos o sobre como van a “encajar” socialmente. Por ejemplo, a bebés que nacen con clítoris que son considerados “demasiado grandes” se les somete a reducciones de clítoris, un procedimiento que busca “normalizar” sus genitales pero que puede llevar a cicatrices y a reducir la sensibilidad sexual. Otras bebés, a menudo menores de 2 años, han sufrido vaginoplastias, para adaptar sus cuerpos para una futura penetración heterosexual, la cual es sin duda una cirugía que puede posponerse al menos hasta la pubertad, y podría no ser necesaria en absoluto. A algunos niños con diferencias genitales se les somete a reiteradas cirugías para permitirles orinar de pie en lugar de sentados.

Algunos argumentan que las cirugías “correctivas” en niñas y niños intersexuales a menudo hacen más daño que bien, y, por lo tanto, algunos médicos y activistas intersexuales apoyan su regulación. El SB 201 de California, patrocinado por el Sen. Scott Wiener (D), busca evitar que los médicos modifiquen las diferencias genitales de nacimiento de las niñas y niños, y que este tipo de decisiones se pospongan hasta que las niñas o niños sean mayores. Aunque el proyecto de ley fracasó recientemente, otros estados, incluyendo Nueva York, están elaborando legislaciones similares de protección. Especialistas en bioética y activistas intersexuales, además de organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch y la Organización Mundial de la Salud, se han pronunciado en contra de las cirugías infantiles tempranas y no consensuales. Solo las cirugías que sean verdaderamente médicamente necesarias deberían ser permitidas en niñas y niños pequeños. Si un procedimiento no es esencial, se debe permitir que las niñas y niños, adolescentes, o jóvenes, consultando con sus padres y con médicos expertos, tomen sus propias decisiones acerca de cual es la apariencia que quieren que tengan sus cuerpos y como quieren que funcionen.

Aquí es donde las cosas se ponen difíciles: el proyecto de ley anti-trans de Dakota del Sur excluye a las niñas y niños intersexuales de esas prohibiciones. Esa legislación específica decía que está bien que los médicos continúen con sus intervenciones médicas en las niñas y niños intersexuales, es decir, quienes tienen un “trastorno genético del desarrollo sexual médicamente verificable”. (Tengan en cuenta el sesgo de la terminología utilizada, con su designación innecesariamente aterradora de las condiciones intersexuales, al nombrarlas “trastornos”). Irónicamente, este proyecto de ley consideraba razonable someter a las niñas y niños intersexuales a las mismas hormonas y cirugías que les niega a las niñas y niños transgénero, todo con el objetivo de crear cuerpos “normales” y supuestamente “proteger a las niñas y niños del daño”. La exclusión de la legislación, que básicamente autorizaba las cirugías genitales intersexuales, delató la ignorancia médica de los legisladores, así como su compromiso para regular los cuerpos e imponer la así llamada “normalidad” del sexo y género binarios.

En el proceso, los legisladores en Dakota del Sur, y en otros lugares, socavaron el principio básico del consentimiento informado. Al reflexionar sobre las complejas preguntas que rodean las cuestiones transgénero e intersexuales, es esencial que involucremos a las niñas y niños en la toma de las decisiones que fundamentalmente afectan sus cuerpos, género y sexualidad en desarrollo.

Muchas conversaciones entre las niñas y niños, sus padres, médicos, y terapistas, deberían acompañar las decisiones acerca de la intervención quirúrgica y médica. No tiene sentido impedir que la juventud transgénero se exprese plenamente, incluso si esos pasos involucran cambios corporales, tampoco es correcto imponer anatomías masculinas o femeninas “corregidas” en los cuerpos de menores de edad intersexuales. Todas las niñas y niños pueden participar en estas decisiones cuando sea el momento adecuado para cada uno.

Elizabeth Reis es profesora de género y bioética en el Macaulay Honors College en la Universidad de la Ciudad de Nueva York, y es autora del libro: Bodies in Doubt: An American History of Intersex. Twitter: @Izreis

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