Dejen de hablar de la testosterona – no existe el “sexo verdadero”. Por Katrina Karkazis

Dejen de hablar de la testosterona – no existe el “sexo verdadero”

Por Katrina Karkazis

Traducción: Laura Inter del artículo “Stop talking about testosterone – there’s no such thing as a ‘true sex’” de Katrina Karkazis

Fuente: https://www.theguardian.com/commentisfree/2019/mar/06/testosterone-biological-sex-sports-bodies

Los organismos deportivos quieren que un criterio biológico indique el sexo de una atleta. Pero es asombrosamente más complicado que eso.

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Fotografía: Fabrice Coffrini/AFP/Getty Images

Nuevamente surgen los acalorados debates sobre a quien debería permitírsele competir en el deporte femenil. Dos recientes debates encendieron internet. Primero el Sunday Times informó que la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF, por sus siglas en inglés), intentó clasificar a las mujeres con niveles de testosterona naturalmente altos como “hombres biológicos” – como sucede a la corredora de 800 metros, Caster Semenya, quien recurrió al tribunal para desafiar a las regulaciones de la IAAF que la excluirían de la competencia, a ella y a otras atletas, debido a sus niveles de testosterona más altos de los considerados típicos. Luego, la jugadora de tenis Martina Navratilova, afirmó que las mujeres trans “biológicamente aun son hombres”, y no debería permitírseles competir en los eventos de mujeres.

La IAAF y Navratilova, rápidamente se deslindaron de estas declaraciones, pero el daño ya estaba hecho. Muchos reporteros intentaron informar sobre este tema asombrosamente complejo, y recientemente me han realizado la misma pregunta: “¿Las mujeres con niveles de testosterona altos son “hombres biológicos?” La respuesta es que no hay una definición sencilla de lo que es un hombre biológico.

Durante décadas, los organismos que dirigen el deporte han buscado un solo criterio biológico por el cual se pueda excluir a algunas mujeres de la categoría femenina; sin embargo, la idea de un sexo verdadero está equivocada, y se intenta hacer que algo increíblemente complejo parezca simple y binario. El último intento afirma que las gónadas – y los niveles de testosterona que estos producen – son un factor clave en lo que es un “hombre biológico”. Pero reducir al sexo a una simple característica biológica, es desacreditar décadas de investigación sobre biología sexual. La ciencia es clara: no existe un único indicador biológico que permita una categorización simple de las personas como hombres o mujeres. Alguna vez, en el siglo XIX, se pensó que las gónadas definían el sexo de una persona. Para la década de 1950, los científicos habían identificado por lo menos seis indicadores del sexo: cromosomas, gónadas, hormonas, características sexuales secundarias, genitales externos y órganos reproductores internos. Aunque estos indicadores pueden ajustarse de acuerdo con lo típicamente femenino o con lo típicamente masculino, no siempre sucede así.

Además, cada uno de estos indicadores viene en más de dos versiones. Por ejemplo, las personas a menudo asumen que tienen cromosomas XX o XY, pero algunas personas nacen con un cromosoma X extra, y otras tienen una configuración cromosómica denominada mosaico, donde algunas células tienen un cariotipo y otras otro.

Así que, aunque comúnmente se piensa que el sexo es sencillo, y que consta de dos categorías claras de masculino o femenino, la vastedad de la variabilidad física humana es más compleja de lo que sugieren las categorías. La conclusión: existen muchos indicadores biológicos del sexo, pero ninguno es decisivo. Afirmar lo que es uno de esos factores, no refleja la ciencia del sexo biológico, y ciertamente no puede ser utilizado para determinar quien puede y quien no puede competir.

Existe otra idea anticuada que dice que la testosterona es “la hormona sexual masculina”, y que su presencia en las mujeres es un problema. Pero también esta idea es equivocada. Esta idea se consolidó mucho antes de que la hormona se aislara en 1935, y ha persistido a pesar de décadas de ciencia que demuestran lo contrario. Los primeros científicos asumieron que las “hormonas sexuales” eran exclusivas de un sexo o de otro, que sus funciones fisiológicas se limitarían al desarrollo y a las funciones sexuales, y que serían antagónicas. Esto es, si la testosterona causa que la cresta del gallo se hinche y crezca, el estrógeno haría que se deshinchara y cayera.

Sin embargo, ya en 1920 los científicos habían informado sobre datos que describieron como “sorprendentes”, “paradójicos” e “inquietantes”. Para su sorpresa, las hormonas no eran exclusivas de un sexo. Tanto los hombres como las mujeres las tienen. Y los hallazgos que contradijeron el paradigma dualista, eran fáciles de encontrar: las llamativas plumas del gallo no se restauraban con implantes de testículos, ni inyectando testosterona; en su lugar, parecía que las “hormonas femeninas” eran las responsables de su apariencia masculina. También descubrieron que la hormona era fundamental para el desarrollo óseo, función cardiaca, y metabolismo del hígado – funciones que no tienen nada que ver con la diferenciación sexual.

Sin embargo, la idea de que la testosterona es la “hormona sexual masculina” y el estrógeno es la “hormona sexual femenina”, es un paradigma que persiste y ahora está siendo utilizado.

¿Y que hay de la testosterona y el atletismo? Esta relación también está lejos de ser una simple. El renombrado investigador de la testosterona Shalendar Bhasin, director del programa de investigación de la salud masculina en el Brigham and Womwn’s Hospital en Boston, durante años ha intentado lograr que las personas entiendan la importancia de distinguir entre los efectos particulares de la testosterona y las afirmaciones sobre su ingerencia en “rendimiento deportivo”. En un artículo en el New York Times, en el que un científico propuso que la testosterona pudiera “llevar a una atleta al siguiente nivel”, Bashin invalidó esa noción diciendo: “Las explicaciones de causa y efecto entre el rendimiento deportivo y la testosterona, son muy deficientes”. Se refirió a la aparente paradoja que dice que administrar testosterona a una persona puede incrementar su masa muscular y potencia, así como la denominada fuerza máxima voluntaria – al igual que otros factores diferentes a la testosterona – sin embargo, no parece “construir una mejor atleta”.

De todos los factores fisiológicos relevantes para el rendimiento deportivo, los dos que tienen una relación más significativa y convincente con la testosterona son: la masa ósea y muscular (también llamada “masa corporal magra”), y la fuerza física – algunas veces los han mencionado quienes se oponen a que las mujeres trans compitan. Pero los estudios de los niveles de testosterona entre las atletas fallan en demostrar una relación congruente entre la testosterona y el rendimiento. Como ejemplo, algunos estudios muestran una correlación entre los niveles de testosterona más altos del promedio (endógenos) y la velocidad o potencia, pero muchos estudios muestran un vínculo débil o ningún vínculo. Incluso, algunos estudios encontraron que un nivel de testosterona más alto que el promedio se asocia con un peor desempeño.

Algunos datos que utiliza la IAAF para luchar en el caso de Semenya lo demuestran. Otros estudios han encontrado que la testosterona se relaciona con el rendimiento solo en subgrupos específicos de atletas, como quienes juegan en ciertas posiciones en futbol o rugby, o jugadores que son más fuertes.

Esta hormona no impone un mejor rendimiento deportivo. La testosterona está involucrada en procesos que subyacen al rendimiento deportivo para la mayoría de las personas, pero no es un ingrediente suficiente ni siquiera necesario. Por ejemplo, veamos el caso de las mujeres con síndrome de insensibilidad a los andrógenos completo, que parecen estar sobrerrepresentadas entre las atletas de élite, y cuyos tejidos no tienen la capacidad de responder a la testosterona en un nivel celular. Al igual que la testosterona no es algo sencillo, tampoco lo es el atletismo.

Piensen en Usain Bolt, el ser humano más rápido del mundo. Sin embargo, no es el más rápido en todas las carreras, cuando se le preguntó por qué nunca corre los 800 metros, respondió: “Lo intenté y entrené, y mi récord personal es 2:07, y eso es demasiado lento, una mujer podría derrotarme”. El entrevistador de rio y dijo: “¡Te vas a meter en problemas por decir eso!” Pero Bolt hablaba en serio: “Es la verdad, ¡ellas podrían derrotarme!”

Esto se debe a que el deporte abarca una gran cantidad de actividades que requieren combinaciones muy diferentes de habilidades y capacidades físicas. ¿Cuándo es más importante la potencia? ¿cuándo lo es la delicadeza? ¿qué tan crucial es la resistencia? ¿cómo influyen la flexibilidad, la coordinación mano-ojo, la comunicación con las compañeras de equipo, la estrategia? Cuando escuchas “atletismo” ¿piensas en correr, donde el éxito tiene que ver con la velocidad? ¿o piensas en algo como el trineo, donde la habilidad para aislar las partes de cuerpo y realizar ajustes sutiles, y permanecer flexible y relajado mientras recorres la pista sin protección a 140 km por hora, es tan importante como la potencia? No existe una única respuesta para estas preguntas.

Lo que es claro es que la testosterona no es el único ingrediente esencial para el éxito en cualquier deporte que podamos concebir. Etiquetar a las mujeres como “hombres biológicos” traza una conexión sospechosa entre el sexo, la testosterona y la condición atlética, que se basa en ideas que desde hace mucho fueron descartadas, que dicen que los hombres y mujeres pueden tener un “sexo verdadero”, que la testosterona es “la hormona sexual masculina”, y que la testosterona es la clave para tener una condición atlética superior. Ninguna de esas ideas es verdad, y ya es tiempo de que la gente deje de decir que lo son.

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