Historia de Anick: Este joven quiere que sepas cómo es ser intersexual. Por BuzzFeed News

Historia de Anick: Este joven quiere que sepas cómo es ser intersexual. Por BuzzFeed News

Por Patrick Strudwick (Editor de BuzzFeed UK LGBT)

Traducción: Laura Inter del artículo “This Young Man Wants You To Know What It’s Like Being Intersex” de Patrick Strudwick

Fuente: https://www.buzzfeed.com/patrickstrudwick/this-is-what-its-like-growing-up-intersex?utm_term=.tswyzkkMm#.fxjRqmm38

Cuando Anick era un bebé, los doctores notaron que su cuerpo no era como el de los otros niños. Anick contó a Buzzfeed News como pasó su vida luchando contra la vergüenza, el secreto, e interminables cirugías, pero está determinado a dar esperanza a otros.

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“No quiero que más niños crezcan como yo – ocultándolo”. Fotografía: BuzzFeed News

Poco después de nacer, los doctores notaron que había algo diferente en Anick. Su pene era inusual – mucho más pequeño que el de la mayoría de los niños, y con una abertura a lo largo costado. Los doctores explicaron lo que pudieron a sus padres, pero no sabían lo que eso significaría, ni lo que deparaba el futuro.

Tampoco pudieron prever como le afectaría la vergüenza, o cuanto tendría que luchar cuando ya no podía soportar el silencio.

“Nunca pensé que algún día estaría haciendo algo como esto”, dijo Anick, sentado en la oficina de BuzzFeed News, “hablando de lo que originalmente era el mayor secreto de mi vida”. Espera que finalmente las personas comiencen a discutir un hecho básico de la vida: que muchos de los cuerpos de las personas, no son completamente masculinos o femeninos. “No quiero que más niños crezcan como yo – ocultándolo”, dijo.

Las ramificaciones de la historia de Anick son más amplias y fundamentales de lo que parecen a primera vista. Comienzan a desmantelar las suposiciones, mantenidas desde hace mucho, sobre el sexo y el género, y plantean preguntas problemáticas a la medicina. ¿Es en realidad biológico lo que determina si un bebé (o incluso un adulto) es considerado varón o mujer, o es la sociedad? ¿Quién decide donde se traza la línea? Y ¿deberían intervenir los doctores?

En octubre, la Comisión de la Calidad en la Atención – el regulador independiente de la atención a la salud – exigió respuestas al hospital infantil más famoso de Gran Bretaña, el Great Ormond Street, después de que una investigación de la BBC acusara al hospital de “no cumplir con los estándares de atención para niñxs intersexuales”.  Según la emisora, no hubo ayuda psicológica para los pacientes intersexuales, ni un diálogo con lxs niñxs antes de que fueran realizados los procedimientos que cambiarán sus vidas, además de la falta de información a los padres para que sean capaces de proporcionar su consentimiento informado para las operaciones.

Los hallazgos coinciden con las experiencias de Anick. Pero antes de analizar el panorama más amplio para lxs niñxs intersexuales, él comienza describiendo que fue lo que le sucedió mientras crecía. Los recuerdos emergen en rápida sucesión, detalle tras detalle, como un libro animado de imágenes Polaroid. Expresa los hechos, casi sin emociones, pero a medida que se desdoblan las capas de sus experiencias – aislamiento, cirugías, secretos – parece que esta es la única forma en que podría hacerlo.

Una gran cicatriz cubre su antebrazo. Gestos fugaces ocultan sus nervios: juguetea con su ropa, pasa sus dedos por su cabello, sonríe con frecuencia. Pide que no usemos su apellido.

Dice que es afortunado, que podría haber sido mucho peor. Pero las consecuencias de lo que ha soportado, repercuten mucho más allá de las marcas en su cuerpo. Esto es lo que lo ha llevado a alzar la voz y explicar por primera vez quien es.

***

Anick nació dos meses prematuro, en Leicester, el 3 de abril de 1995, es el menor de tres hermanos en una familia hindú británica-india. No solo el tamaño de su pene estaba por debajo de la talla estándar, sino también la abertura de la uretra – por donde sale la orina – no se encontraba en la punta, sino en la base del pene.

Esta diferencia, en la cual típicamente la uretra no se encuentra en la punta del pene, recibe el nombre de hipospadias, y se puede encontrar en uno de cada 250 niños. Cuando se combina con un pene considerado de menor tamaño o con testículos no descendidos, esto puede alertar a los doctores sobre alguna condición intersexual.

Por lo tanto, la intersexualidad no es un solo estado, sino un término general que cubre una variedad de diferencias físicas de lo que generalmente es clasificado como típicamente masculino o femenino. Hasta mediados del siglo XX, las personas utilizaban la palabra “hermafrodita”, que ahora es un término que generalmente es rechazado. En el contexto médico, los doctores utilizan el término “trastornos del desarrollo sexual”, el cual es controversial, ya que sugiere que algo está mal, cuando simplemente podría ser diferente.

De manera similar, algunos activistas intersexuales prefieren no utilizar la palabra “condición” para describir diferencias físicas, ya que esta también sugiere que es una patología en lugar de una variabilidad – por lo que en un contexto más médico, prefieren utilizar el término “variaciones en las características sexuales”.

Tampoco existe un acuerdo, ni datos generales sobre cuantas personas son intersexuales. Las estimaciones oscilan entre el 0.05% al 1.7% de la población, dependiendo del tipos de variaciones físicas sean incluidas (hormonal, cromosómica, anatómica).

Pero si existe acuerdo en que las manifestaciones de la intersexualidad varían demasiado. Algunas incluyen el tener cromosomas sexuales que no son XX (femeninos) ni XY (masculinos), sino una mezcla o ninguno: XXXY, XXY, XYY, o solo un cromosoma X. Y algunas personas intersexuales tienen cromosomas femeninos, pero con características de los órganos reproductivos femeninos – o viceversa.

En otras palabras, el cuerpo de una persona. Ya sea interna o externamente, puede estar en completo desacuerdo con sus cromosomas, por ejemplo: con ovarios en un cuerpo de apariencia masculina, o testículos internos en un cuerpo de apariencia femenina. Muchas personas tienen diferencias en los niveles de producción de hormonas sexuales.

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“Siempre viví con miedo de que las personas lo descubrieran”. BuzzFeed News

Cuando los doctores descubrieron que el pene de Anick era diferente del de los otros niños – “Supongo que también tenía la apariencia de una vagina”, dijo – pidieron que se realizara una prueba de ADN, para ver cuáles eran sus cromosomas. El resultado fue XY: masculinos. Por lo tanto, la conclusión parecía simple – era un niño y sería criado como uno.

La decisión acerca del sexo del bebé, normalmente se toma dentro de unos pocos días. No por razones médicas, dijo Anick, sino por razones sociales: “Si te enteras que alguien tuvo un bebé, la primera pregunta es: ¿es un niño o una niña?

Entonces, esos primeros días, son el periodo más crítico para las personas intersexuales, y pueden determinar las decisiones médicas posteriores y la dirección que tomarán sus vidas.

La situación de Anick era al menos más clara que algunas otras. “Mis padres pensaron: Sí, es un niño, nos dijeron que lo es, y el análisis genético lo comprueba”.

La conclusión de los doctores fue afortunada, producto de la época y el lugar en el que Anick había nacido. Incluso una década antes, otros bebés con penes muy pequeños o características que también asemejan vaginas, pudieran haber sido asignados como niñas.

Y entonces seguiría una cirugía para construir unos genitales femeninos.

Tal intervención no es médicamente necesaria, sino es un intento de “normalizar” al bebé. De hecho, la mayoría de las variaciones intersexuales no son médicamente peligrosas, no causan ningún problema físico, y algunas veces solo aparecen hasta la pubertad o la edad adulta, y algunos individuos nunca lo descubren.

Todo esto lleva a dos preguntas: Si Anick fue considerado un niño, pero otros en su misma situación fueron considerados niñas, ¿Quién debería decidir tal cosa, y bajo que normas?

Este dilema se abrió camino en los titulares hace unos años cuando la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo, decidió investigar a Caster Semenya, la campeona olímpica corredora de media distancia, para ver si en realidad era una mujer. Le realizaron “pruebas de verificación sexual”, que pueden incluir análisis hormonales y cromosómicos, entre otros. Su caso fue el primero de muchos de los que se han escuchado sobre variaciones intersexuales.

Su caso ilustró que la línea entre lo masculino y lo femenino no es – cuando se toman en consideración todos los tipos de cuerpos, niveles hormonales y cromosomas – un hecho científico objetivo, sino una interpretación humana. Un constructo social. Como tal, el sexo comienza a asemejarse más a la raza: no biológicamente uno u otro, ni siquiera un espectro, sino una imagen en 3D, compleja, superpuesta. Las divisiones son subjetivas.

Por lo tanto, el punto de vista generalizado que dice que el sexo es estrictamente biológico (masculino, femenino), mientras que el género (masculinidad, feminidad) es social, se derrumba. Lleva a una pregunta fundamental adicional: Independientemente del sexo o género, independientemente de cómo se produzca, el sentido de sí misma que tiene una persona, ¿no es la consideración más profunda, y la que más necesita reconocimiento?

Los doctores no siempre se involucran con lxs ninxs intersexuales. Cuando lo hacen, como cuando realizan una cirugía genital, es algo muy polémico: Si esta cirugía no es médicamente necesaria, y carece de consentimiento informado, entonces, preguntan los activistas, ¿esto es correcto? En 2015, Malta se convirtió en el primer país en prohibir las cirugías y otras intervenciones en niñxs intersexuales, que sean realizadas sin consentimiento informado.

Dado este complicado contexto, Anick se considera afortunado de que se le haya permitido desarrollarse como hombre. Intenta explicar la anterior aproximación de los doctores de convertir los genitales ambiguos en vaginas al citar – aunque con disgusto – una línea en un libro de medicina que una vez leyó: “Es más fácil hacer un hoyo que levantar un mástil”.

Aunque extremadamente cruda, la frase ha resonado durante los últimos 22 años de la vida de Anick, cuando pudo comprender que había detrás de esta: el extraordinario problema de siquiera intentar extender lo que está ahí.

Cuando era un bebé fue canalizado a una “clínica para [tratar] genitales ambiguos”, para que los especialistas decidieran que hacer. No había una respuesta correcta. Para complicarlo todo, estaba el hecho de que es imposible predecir como su cuerpo y genitales pudieran cambiar. Todos los especialistas sabían que además de la hipospadias, Anick tenía una variación llamada síndrome de insensibilidad a los andróginos [parcial] (SIA) – una de varias diferencias hormonales que pueden tener las personas intersexuales.

“Significa que mi cuerpo no respondió a las hormonas de la manera que se suponía debía hacerlo”, dijo. El SIA no solo implica que el individuo produzca menos testosterona, sino que tampoco responde a esta de la manera típica.

Los cirujanos operaron a Anick a los 4 meses de edad, tratando la hipospadias intentando mover la abertura de la uretra a la punta de su pene. Usaron parte de su prepucio para cubrir el orificio original. Esta cirugía falló, y se tuvo que volver a realizar varias veces hasta que Anick cumplió 5 años. Como resultado de los múltiples procedimientos, sufrió continuas y dolorosas infecciones del tracto urinario.

Esto fue solo el comienzo. Los siguientes 17 años estarían marcados por una gran preocupación entre los médicos: intentar alargar su pene para que estuviera dentro del tamaño típico. “El estándar de atención”, dijo Anick, era “hacer que mi apariencia fuera más ‘normal’”.

El resultado de esta forma de atención médica, fue que a la temprana edad de 4 o 5 años, recuerda haber estado en la sala de pediatría de su hospital local, desnudo, siendo examinado; “los doctores y enfermeras a mi alrededor simplemente observaban mis genitales”, dijo. Esto sucedía cada seis meses, a menudo también estaban presentes estudiantes de medicina.

“Escuchabas música infantil de fondo o Thomas the Tank Engine”. Luego, dijo, “ellos observaban mi cuerpo y tocaban mis genitales para ver que todo estuviera bien”. Intentaban medir si su pene estaba creciendo o si respondía a algún tipo de testosterona postparto. No creció.

“Realmente yo no entendía nada”, dijo, “no me explicaron nada, así que a una edad temprana, no sabía que era lo que sucedía – te sientes bien pero estas en el hospital”.

Anick comienza a explicar cómo fue su experiencia, pero es como si estuviera buscando una perspectiva de sus primeros años, cuando no tenía nada con que comparar su experiencia.

“Solía sentir que era un bicho raro”, dice, “como si hubiera algo mal conmigo, aunque no sabía lo que era, algo que todos los demás podían ver cuando estaba desnudo. Para mí se veía normal”.

Los doctores, dijo, le daban explicaciones a sus padres, no a él. “Nunca me hablaron en términos de: ´Esto estamos revisando´, simplemente decían: ‘Este tamaño no es normal´”.

A los 10 años de edad, los doctores comenzaron a administrar inyecciones de testosterona a Anick, con la esperanza de que estas estimularan el crecimiento de sus genitales. Aún no había escuchado la palabra “intersexual”, y no entendía porque le daban hormonas, mucho menos lo que estas le causarían.

La testosterona causó que sus testículos descendieran, además de provocar un aumento de peso y el crecimiento de vello corporal, pero su pene permaneció igual. “Se veía exactamente igual que cuando tenía 5 años o incluso menos”.

Mientras continúa hablando de sus genitales, lo hace sin tapujos, observando tranquilamente la oficina en la que nos encontramos, no muestra la incomodidad que muchos podrían exhibir al hacer esto. Muestra lo contrario a la vergüenza que sintió mientras crecía.

Nadie más que su madre, su padre, su hermano mayor, y su hermana, sabían sobre su situación. Era el secreto de la familia. “Mi hogar era mi santuario”, dijo. Era el único lugar en el que no tenía que esconderse.

En su escuela nunca lo supieron – ni un solo alumno, ni maestro.

“Siempre viví con miedo de que las personas lo descubrieran”, dijo. “Todo lo que sabía era que tenía un pene realmente pequeño, así que podrás imaginar lo que pasaría en la escuela si la gente lo viera. Sentía que podía sufrir bulliyng, o que nadie sería mi amigo, ni les caería bien”.

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“Me hicieron sentir que había algo mal conmigo”. BuzzFeed News

Como resultado, dijo, “Odiaba ir a orinar, mientras crecía nunca usé un mingitorio, y siempre que iba a nadar me aseguraba de separarme del resto de la gente, pero nadie entendía porqué”. Incluso evitaba usar pantalones ajustados.

Su hermano lo protegía, asegurándose de que nadie lo viera desnudo. “Mientras que mi papá”, dijo Anick, “decía: ‘Es tu cuerpo, no te avergüences de el”. Se detuvo por un momento y bajó la mirada.

“Es difícil para mis padres, porque ellos no quieren que odie a mi cuerpo, pero cuando tú eres el que está atravesando por todo esto, es completamente diferente”.

A los 11 o 12 años – él no recuerda exactamente la edad que tenía – los doctores le dijeron que pensaban que pudiera tener un “trastorno del desarrollo sexual”, sin enmarcar esto como un término médico para referirse a la intersexualidad, dijo. Y sin ofrecerme ninguna certeza. “Dijeron: ´No estamos seguros si es un trastorno del desarrollo sexual, porqué todo lo demás parece normal´”.

Sus padres le explicaron lo que sabían, dijo, pero no sabían mucho, y los doctores no podían predecir hacia donde se dirigía su físico. No recibió ayuda psicológica para lidiar con lo que le sucedía.

“Imagina ir a la escuela, aprender acerca del cuerpo humano, aprender acerca del sexo y las relaciones sexuales, y simplemente no encajar en ningún lado, sin saber que decirle a la gente y ocultando todo”, dijo. Los niños en la escuela “solían especular diferentes cosas sobre mí. Solían preguntarse por qué siempre estaba solo”.

También decían que él era gay, dijo, y lo molestaban por eso. Se preguntaban porque no se ajustaba al ideal masculino que se espera de los niños.

“Esto me hizo sentir que en realidad no encajaba con los hombres ni con las mujeres, y que no había nadie más como yo”, dijo. “No sabía a donde pertenecía. Nunca he sido una persona muy masculina o femenina. Siempre fui alguien que estaba en algún punto intermedio. Siempre pensé: Bueno, ¿qué es un niño? ¿qué es una niña? Porque no es una pregunta tan sencilla como la gente cree.

Sin embargo, su familia no ejerció presión para que encajara. Tenía cabello largo cuando era niño, pero al crecer lo cortó para encajar con los otros niños.

Las inyecciones de hormonas no incrementaron el tamaño de su pene, y Anick se preguntó si había algo más que pudiera hacerse. Así que a los 12 años, comenzó a buscar respuestas en el buscador de Google. Encontró un especialista en Londres – un urólogo conocido por tratar condiciones como la de Anick. “Estaba con mi mamá y le dije: ‘¡Mira! Pueden realizar cirugías para hacer que tu pene tenga una apariencia normal’”. Solicitó una referencia a su pediatra.

Esto lo llevó, a la edad de 14 años, a la primera cirugía que tenía como objetivo el hacer que su pareciera de mayor tamaño. Esencialmente, era una cirugía estética para reducir el abdomen: eliminando la grasa que había acumulado en su ingle, como resultado de las inyecciones de hormonas, con la esperanza de que esto fortaleciera la apariencia de sus genitales. “Esto no sirvió de nada”, dijo.

Para ese entonces, ya había pasado varios años tratando de concentrarse en actividades que parecían no estar relacionadas: trabajo voluntario, trabajo con jóvenes, y ser un presentador de radio para una organización de beneficencia para niños. Pero, en realidad, estas actividades estaban alimentadas por los sentimientos que tenía acerca de su cuerpo, y el silencio que lo envolvía: Si alguna vez alguien lo descubría, razonó, al menos el sería conocido por algo más que simplemente por su diferencia física.

El año siguiente, a la edad de 15 años, el aislamiento y la marginación de los que lo rodeaban se volvieron abrumadores. Se hundió en la depresión, y tomó una sobredosis de paracetamol. “No podía vislumbrar un futuro siendo intersexual”, explicó.

Pero no fue canalizado para que recibiera orientación o consejería, ya sea para lidiar con lo que estaba sintiendo o para discutir las implicaciones de las hormonas y la cirugía. Esto a pesar de que el “80% de las notas en mi expediente médico decían cosas como: ‘está preocupado por el tamaño y la apariencia de sus genitales’”.

Agregó: “Es casi como si fuera algo comprensible y esperable que me realizaran una cirugía, sin la necesidad de antes hablar sobre esto detenidamente. Eso reforzó la idea de que yo no era normal”.

A los 18 años, se le ofreció la primera cirugía mayor para construirle un pene más largo, un procedimiento que algunas veces es utilizado por hombres transgénero que desean tener genitales [típicamente] masculinos. Pero Anick decidió posponerla por un par de años para estar seguro de que eso era lo que quería.

“Me hicieron sentir que había algo mal conmigo, algo que necesitaba ser “corregido”, dijo, “era como si necesitara estas cirugías ‘normalizadoras’”. Cuando, de hecho, dijo, no hay nada malo conmigo – solo diferente.

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“No podía vislumbrar un futuro siendo intersexual”. BuzzFeed News

El procedimiento también conllevaba un riesgo significativo: un 50% de probabilidades de que perdiera sensibilidad. Y por lo menos requeriría tres cirugías consecutivas: una para quitar un enorme trozo de piel de su antebrazo que serviría de injerto posteriormente, al cual se le daría forma de tubo para que fuera el cuerpo del pene; una segunda cirugía en la cual ese injerto de forma cilíndrica se esculpiría para tener la apariencia de un pene típico; y una tercera cirugía para insertar un pequeño globo y bomba que tendrían la finalidad de hacer que tuviera erecciones cada vez que él quisiera.

A los 20 años, al estar estudiando leyes en la Universidad de Westminster, Anick se sentía muy seguro de querer someterse a las cirugías. Pero había algo más que tenía que hacer primero.

Su tercer año en la universidad, lo pasó en el extranjero, en Sídney. El estar a miles de kilómetros de distancia sería algo liberador, pensó Anick – un descanso de su vida de secretos en Gran Bretaña. Pero después de unos meses, dijo, “pensaba: ‘me fui a un país diferente, pero todo aún se siente igual – aún no siento que pueda ser yo mismo”. Esto fue lo que le hizo cambiar de parecer. “Decidí que quería decirle a la gente”.

Se sentó con sus compañeros de piso, eran originarios de varios lugares del mundo, dijo, y “estaban bastante confundidos”. Realizó algunos diagramas. “Ellos decían: ‘Ok, nunca hemos escuchado de esto’. Me sorprendió que tantas personas que provenían de diferentes países, nunca lo hubiesen considerado ni escuchado acerca de esto. Y fue entonces que lo supe: necesitaba comenzar a hablar acerca de esto”.

Regresó a Inglaterra, y estaba decidido. Comenzó diciéndole a su familia extendida – tiene más de 50 primos y primos segundos, son sus más cercanos amigos.

“Reuní a 15 de nosotros”, dijo. Y entonces reveló la verdad. “Todos estaban sorprendidos – no tenían idea de que decir”. El secreto que su familia había guardado por más de 20 años finalmente había salido a la luz. “Mi hermano y hermana casi estaban llorando, ya que era un gran momento para todos nosotros”.

Sus primos, aunque inicialmente quedaron estupefactos, reaccionaron exactamente como esperaba. “Simplemente nos abrazamos”, dijo. “Fue muy emotivo. Decían cosas como: ‘¿Por qué mantuviste esto en secreto todo este tiempo?’ Dijeron que ahora me entendían mejor. Fue un gran alivio”.

Después de esto, comenzó a contarles a todos sus demás primos. “Lo hice en grupos de diez”, dijo sonriendo. “Fui a sus casas, fue como un tour – un tour en el que salí a la luz”. Les contó a sus tías, tíos, amigos, a todos.

Finalmente Anick estaba listo para la gran cirugía.

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Tenía un gran tatuaje en su antebrazo derecho para camuflar la cicatriz que quedaría de la piel que le quitarían para el injerto. Pero cuando llegó el momento, pidió que tomaran la piel de su brazo izquierdo. “Decidí que ya no quería ocultarlo”, dijo. “Es algo que cada día me recuerda por lo que he pasado”.

Las complicaciones posteriores a la cirugía han sido múltiples y crónicas. Las tres semanas después de la cirugía que se esperaba debía usar el catéter para orinar, se convirtieron en cuatro meses. “La orina no fluía y salía a través del nuevo pene como se había planeado, sino que se atascaba e infectaba”, dijo. “Ardía”. Terminó en la sala de emergencias del hospital.

“Es lo más doloroso que me ha sucedido. En ese momento estaba muy deprimido y pensaba: ¿Por qué hice esto?” El catéter significaba tener que caminar con una bolsa. “Varias veces se escapó la orina. Una vez estaba en la calle Oxford y prácticamente me orine encima, sin ser capaz de orinar adecuadamente”.

Aunque su glande mantuvo su sensibilidad, con el nuevo pene construido encima del anterior, Anick solo tenía sensibilidad en la base. “No puedo sentir nada en el nuevo pene”, dijo. Y más de un año después, aún siente dolor y su pene sigue sangrando.

“Es como una escena de guerra”, dijo. Pero no se arrepiente de la cirugía, a pesar de que aún le faltan otras dos cirugías para terminar – está enfocado en el resultado final. Tampoco se arrepiente de haber dejado visible la cicatriz de su brazo. Algunas personas le llegan a hacer preguntas. “Dicen: ‘¿Qué es eso en tu brazo?’ Y contesto: ‘Oh, no es nada, solo es mi pene’”.

A pesar de ser abierto acerca de ser intersexual. Anick dice que aún no está listo para la intimidad sexual, no hasta que las cirugías estén completas. “Siento que no es posible que alguien se sienta atraído a algo que yo odio de mí mismo”. Tampoco quiere estar con alguien a quien le guste a pesar de ser intersexual, sino que lo ame completamente. Él se identifica como bisexual.

“No sé con quién quiero estar en una relación”, dijo. No ha tenido éxito en sus intentos de conseguir citas por internet. “Algunas veces pongo en mi perfil en línea para citas que soy ‘intersexual’ y algunas personas me han dicho: ‘Oh, que genial, ¿qué es eso?’ Entonces les contesto, y algunas veces las personas no responden”. En otras ocasiones, dijo, “las personas dicen: ‘Oh, es realmente sorprendente que estés hablando acerca de eso’”.

Después de nuestra reunión, él envió una serie de textos tratando de explicar mejor como se siente al respecto. “Pasé mucho tiempo sin permitir que alguien me abrazara o se me acercara demasiado”, escribe. “Me sentía muy avergonzado y ansioso de que alguien pudiera decirme que notaban algo diferente en mí. También subí mucho de peso, ya que utilizaba la comida como una forma de afrontar todo esto”. Y cuando las personas asumieron que era gay: “fue más sencillo para mí seguirles el juego y utilizar eso como excusa, en lugar de salir a la luz como un ‘monstruo’ y que me molestaran”.

Nunca conoció a otra persona intersexual.

Más allá de su situación, Anick quiere que el trato que se da a las personas intersexuales en Gran Bretaña, y alrededor del mundo, se transforme: tanto en el trámite de pasaportes, en los certificados de nacimiento, y en todos los documentos oficiales, para que incluyan disposiciones para las personas cuyo sexo no es simplemente masculino o femenino. Quiere un pleno reconocimiento legal de las personas intersexuales; que las organizaciones LGBT, agreguen la “I”, para defender los derechos intersex; y una consulta oficial para tener una estadística de la población intersexual y como es el trato que ha recibido de parte de la profesión médica.

**Nota de Brújula Intersexual: La mayoría de las organizaciones intersex del mundo, NO están de acuerdo en que se agregue una tercera casilla en los certificados de nacimiento que sea exclusiva para personas con una corporalidad intersexual, ya que esta medida solo crearía más discriminación, si algún día existe una tercera casilla en los documentos de identificación oficiales, esta solo debe ser inscrita a petición del interesadx, independientemente de la corporalidad con la que cuente. Para más información consultar este artículo.

Para que ocurra esto, dijo, la gente necesita comenzar a hablar sobre las personas intersexuales. “No va a pasar de la noche a la mañana. Pero… si comienza la conversación, se difundirá”.

Esto podría conducir a un cambio en el tratamiento médico. Anick tiene sentimientos encontrados acerca de su propia experiencia con los doctores. “Siempre intentaron ayudarme”, dijo. “¿Pienso que algunas de las cirugías pudieron haber esperado hasta que fuera capaz de proporcionar mi consentimiento? Sí. ¿Necesitaba que me inyectaran hormonas antes de que fuera lo suficientemente mayor como para saber lo que me provocarían? No”. A él, y a otros activistas intersexuales, les gustaría que se ofreciera apoyo para la salud mental, y un enfoque radicalmente diferente que el que tienen actualmente los doctores.

Holly Greenberry de Intersex UK, dijo a BuzzFeed News, que las intervenciones médicas a niñxs intersexuales, sin su consentimiento, deben detenerse.

“Los cuerpos de los seres humanos, son tan variables como el clima, y necesitamos reconocer que, de hecho, existen cuerpos que no cumplen con las normas estandarizadas de lo masculino y de lo femenino”, dijo. “Sin embargo, los médicos están absolutamente decididos a alterar ese cuerpo para que se ajuste mejor al constructo social de ‘normalidad’. En realidad, lo que están haciendo es eliminar el derecho de esa persona a la autodeterminación de su función corporal, sus formas corporales, incluso su sexualidad, y su derecho a la integridad”.

Hay, por ejemplo, bebés intersexuales con clítoris perfectamente sanos, pero más largos de lo [considerado] normal, que son operados (clitoridectomias) en el Reino Unido para “normalizar” el tamaño, dijo – y lo compara con la mutilación genital femenina. “Es imperdonable. Estas cortando tejido vascular sano, que es extremadamente sensible, con delicadas terminaciones nerviosas. Esto es algo que no es sano”.

Otras personas intersexuales han hablado de los procedimientos que les ocurrieron cuando eran niñxs, sin que fueran conscientes de ello, tales como la extirpación de sus testículos internos; y solo descubren que les sucedió eso por accidente cuando son mayores. Greenwell también cuestiona la necesidad de operar la hipospadias, la condición que Anick tiene, ya que puede tener como consecuencia daño duradero.

También hace notar las heridas psicológicas de las personas intersexuales jóvenes. “Cuando escuchas a estos chicxs en las redes sociales – en los grupos cerrados – es la misma historia: ansiedad en las relaciones de pareja, miedo a ser descubierto, trauma en torno a la familia, problemas en la escuela”. Y en la edad adulta, muchos de estos problemas permanecen, con una gran “cantidad de personas que no tienen pareja, o que viven con miedo a decir la verdad [a su pareja]”, dijo. “No necesitamos seguir viviendo con estigma y vergüenza”.

Tanto Anick como Greenberry, también insisten que los derechos intersex no deben venir a expensas de las personas transgénero. “Nuestro trabajo es nunca perjudicar los derechos trans”, dijo Greenberry, “e impulsar los derechos humanos intersex y los mecanismos de igualdad”. Los desafíos que enfrentan ambas comunidades son independientes, pero se superponen, ya que algunas personas intersexuales han sido asignadas con el sexo incorrecto al nacer [a veces quirúrgicamente], y más tarde pueden requerir más procedimientos médicos para revertir esa asignación.

Pero mientras otros debaten el sexo, género y derechos humanos, por ahora Anick solo trata de seguir adelante. Tomó un trabajo en una tienda de ropa después de la universidad. Le encanta estar ahí, “cada vez me siento más seguro”, dijo, con una sonrisa que por primera vez parece animada por la esperanza. “Estoy trabajando para llegar a ser feliz”.

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