Video: PIDGEON IS MY NAME. Episodio 1, Parte 4 (Vaginoplastia)

Traducción al español y transcripción del video: Laura Inter

En el último episodio (Parte 3), hablé acerca de la clitoridectomía que sufrí, tenía 4 años cuando eso sucedió. La clitoridectomía fue completamente innecesaria médicamente, y es algo que aún pasa hoy en día a niñxs, y fue una violación a mis derechos humanos y a mi integridad corporal. Y esa cirugía sucedió cuando tenía 4 años. Pero sufrí otra cirugía, y de eso se trata este video, es acerca de una vaginoplastia que sufrí cuando tenía alrededor de 11 años de edad. Así que manténganse sintonizados y a continuación vamos a hablar acerca de esa cirugía.

PIDGEON IS MY NAME. Episodio 1, Parte 4 (Vaginoplastia)

Siendo una persona intersexual, mi cuerpo no es binario, y binario simplemente significa que hay dos categorías opuestas y contrarias que supuestamente son completamente diferentes.

En términos de esta conversación, estaré hablando de sexo biológico, así que mi cuerpo no cae dentro de ninguna de estas categorías opuestas de hombre o mujer, tiene algunas características masculinas y tiene algunas características femeninas, y además tiene sus propias catacterísticas intersexuales.

Así que los doctores descubrieron eso, y decidieron que sería mejor intervenir y hacer que mi cuerpo se ajustara a una de estas cajas, eligieron la caja femenina, y decidieron realizarme cirugías y forzarme a tomar hormonas feminizantes (Premarin), que harían que mi cuerpo fuera más “normal”.

Desafortunadamente, a los doctores se les enseña, que de esta manera la medicina dice que si algo es “anormal”, es su trabajo hacerlo “normal”. Desafortunadamente, las personas intersexuales, que generalmente son saludables, se ven sumergidas en esta definición subjetiva de “anormal”, y así, por casi 100 años…

[Entrevistador de TV] “Doctor Money, aun así es un procedimiento bastante drástico, ¿no es así?”

[Dr. Money] “Bueno, es un procedimiento drástico para tus estándares o los míos…”

… los médicos han estado encargándose de esto al “corregirnos” y hacernos “normales”, y han tenido éxito en hacer que los padres estén de acuerdo con sus planes, porque en su corazón la mayoría de los padres quieren lo mejor para sus hijxs, quieren que sus hijxs sean felices. Y es frecuente que los padres crean que para que sus hijxs puedan ser felices tienen que ser normales y, nuevamente, lo normal es completamente subjetivo. Pero poniendo eso a un lado, quieren que seamos normales, y los doctores están ahí diciéndoles: “Podemos hacer que tu hijo(a) sea normal, le podemos hacer normal, y por lo tanto, podemos hacerle feliz” [con hormonas, “reparación” de hipospadias, clitoridectomía, gonadectomia, “riesgo de cáncer”, vaginoplastia, etc.].

Y eso es lo que me sucedió a mí, se les dijo a mis padres que yo era anormal, y estos doctores sabían cómo “corregirme”… y la tercera “corrección” que me realizaron fue: una vaginoplastia. Así que decidieron que mi vagina no era lo suficientemente profunda o ancha para “aceptar” un pene masculino [cuando tenía 11 años], y hablaron acerca de esto mucho, diciendo cosas como: “Será capaz de tener sexo de manera ‘normal’ con su esposo en el futuro”. Así que decidieron seguir adelante con la cirugía.

Ahora, ¿me dijeron la verdad? No, no me dijeron la verdad. Lo que me dijeron es que tenía un problema en la vejiga, y que iban a arreglar mi vejiga y mi uretra [mentir era, y en algunos casos, aun es la práctica estándar], y justo antes de la cirugía [minutos antes] dijeron: “Notamos que tu vagina es un poco más pequeña que la de las otras niñas, y podemos hacer que tu vagina sea más grande, así, cuando seas mayor y tengas sexo con tu esposo, todo estará bien”, y luego dijeron: “¿Esta bien?”, y yo solo dije: “Claro… está bien… mmm.. suena bien”. Literalmente tenía la bata puesta, estaba preparada para la anestesia, y pensé que solo estaba ahí para una cirugía en la vejiga [y solo tenía 11 años].

Cuando desperté de la cirugía…

ADVERTENSIA: Estoy a punto de describir una cirugía genital

…tenía tubos que salían de mi cuerpo, un catéter [que es un tubo flexible insertado a través de una abertura estrecha en alguna cavidad del cuerpo, particularmente en la uretra/vejiga, para la extracción del fluido], y tenía muchas suturas, además estaba mareada por la anestesia y vomité, fue algo desagradable.

Pensé que pronto me iría a casa, y pasaron días y días y días, y aún estaba en el hospital, y aún tenía este catéter… y había equipos de médicos que me atendían, y también médicos practicantes, que entraban a mi cuarto y me decían: “Oye, aquí tengo algunos estudiantes de medicina, ¿estaría bien si les permitimos entrar con nosotros?” Y yo respondía, ya que quería ser amable: “Esta bien”. Y entonces, lo que hacían después, y para lo que yo no estaba preparada, era que abrían mis piernas… y yo solo vestía una bata, y ellos observaban el lugar de la cirugía, el cual se encontraba entre mis piernas… y les mostraban a los médicos practicantes, a estos estudiantes, su trabajo, lo que me habían hecho, que esencialmente era una vaginoplastia. ¡Y era horrible! Ese momento, junto con otros momentos, como en las revisiones de seguimiento, me enseñaron que algo estaba intrínsecamente ligado a mí, y esto es que mi cuerpo no es mío; que todo mundo tenía acceso a mi cuerpo y que yo no tenía nada que decir al respecto; que mi cuerpo era un objeto al que se podía observar, y que podía ser sometido al escrutinio y a ser manipulado quirúrgicamente. Y eso es algo horrible como para aprenderlo cuando eres una persona tan joven, solo tenía 11 años.

En esos momentos, para poder lidiar con eso, lo que hice fue huir a algún lugar en mi mente, me congelaba, no respiraba… de hecho contenía el aliento, y me iba mentalmente a otro lugar. Intentaba no estar presente en ese momento, no quería estar ahí ni física ni emocionalmente, porque al estar ahí en ese momento, mientras las personas observaban mis partes más privadas, era demasiado como para poder lidiar con ello cuando apenas tienes 11 años de edad. Y no me sentía lo suficientemente fuerte, ni sentía que tenía el poder, autonomía o autoridad suficiente, como para decir: “¡no, no me hagan esto, déjenme en paz! Y esto tuvo secuelas que fueron horribles.

Eventualmente, fui capaz de dejar el hospital e ir a casa. Recuerdo que me enseñaron como debía tomar un baño caliente, recuerdo haberlo intentado, y cuando finalmente estaba en la bañera, quería tocarme y sentir el sitio de la cirugía, quería sentir como se sentía después de la cirugía. Recuerdo que lentamente puse mis manos entre mis piernas, y se sentía muy extraño, se sentía muy diferente, se sentían picos afilados y raspaba, porque había suturas y heridas frescas que aún estaban cicatrizando… y eso me hizo sentir enferma, sentía revuelto el estómago; inmediatamente quité mi mano, y pensé: “no quiero volver a tocarme ahí nunca más”. Lo cual fue otra lección que estaba aprendiendo en ese entonces: que mi cuerpo era algo de lo que debía avergonzarme.

No tenía un sentimiento de respeto por mi cuerpo. Sentía que las personas que me rodeaban, que eran adultos, pensaban que había algo mal con mi cuerpo, algo que estaba tan mal que habían hecho estas cirugías, las cuales me habían hecho sentir asquerosa. Y luego entraban y me observaban.

Y pienso que debido a todo eso, creía que había algo por lo que debía estar avergonzada, así que lo internalicé y me avergoncé; y cuando me toqué, de alguna manera confirmé esa vergüenza, ya que era realmente diferente, me habían cortado… me sentía como un monstruo, y eso realmente me fastidió.

Luego pasé por la época en la que otros están atravesando la pubertad, y pasé mis años de adolescencia con esta intensa vergüenza, que era debido al estigma, el estigma asociado con las personas intersexuales, o personas que simplemente no son binarias y por tanto “no son normales”. Incluso aunque hasta ese momento aún no me habían dicho que yo era intersexual, aún estaban ocultándolo, diciéndome que tenía “cáncer en mis ovarios”. Aún siento las consecuencias de ese estigma, y eso se traduce en intensos sentimientos de vergüenza. Y así fue como pasé mis años de adolescencia, sintiendo esa horrible sensación de vergüenza y sin tener a nadie con quien pudiera hablar. Y eso me llevó a la universidad, llegué a la universidad, y durante mi primer año ahí, estaba sentada en una clase de psicología de la mujer y estaba observando una diapositiva, y de hecho el profesor estaba hablando de la variación intersexual que tengo [“Síndrome” de insensibilidad a los andrógenos parcial], y fue ahí que descubrí que soy intersexual.

Permanezcan sintonizados para la Parte 5, donde hablaré acerca de mi travesía desde que descubrí que soy intersexual, hasta la actualidad: educando sobre intersexualidad, conferencista en universidades, productor de cine y activista. Y recuerden: ¡historias intersex, no cirugías!

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