Sé tú mismx: Historia de Carlx IS

Sé tú mismx: Historia de Carlx IS

Por Carlx IS

*Historia compartida por Carlx IS originalmente para el blog Vivir y Ser Intersexual (quien editó el texto) y posteriormente para Brújula Intersexual, si quieres publicarla en otro sitio por favor escribe a intersexualmexico@gmail.com para comunicarnos con la autora y proporcione su autorización.

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Este es el testimonio de Carlx, persona intersex de México, escrito con la intención de compartir sus experiencias y brindar su apoyo moral a otras personas que atraviesan por situaciones como las que ha vivido. Agradezco su confianza y es mi deseo reconocer su valor para compartir su relato, el cual contribuye de gran manera a dar visibilidad a la comunidad intersex. Hana Aoi del blog Vivir y Ser Intersexual

Hola, soy Carlx IS. Esta es mi historia, va dedicada a todas las personas ínter que han sufrido experiencias parecidas a las mías.

Todo comenzó cuándo nací, ya que mis genitales son diferentes a los de un hombre y una mujer, mi clítoris es más grande que el de las mujeres, mi vagina muy estrecha. Los doctores no sabían si era niño o niña, así que decidieron asignarme como niña. Siempre me sentí diferente a los demás: mi voz es muy gruesa, desde siempre fui más fuerte que las niñas. Usaba vestidos, pero me sentía incómodo. Traté de dejar de usarlos, pero como quería encajar en la sociedad, decidí seguir vistiendo faldas o blusas. Desde niño recibí discriminación por mi apariencia masculina, me daba cuenta por la forma en que las personas se dirigían a mí. Por ejemplo, una vez iba caminando tranquilamente por la cuadra de mi casa y vi que unos niños se me quedaron mirando. Uno le preguntó al otro: —¿Qué es? —. El otro chico le dio a entender a su amigo que cómo se le ocurría ese tipo de preguntas y salieron corriendo; sobra decir que su comentario me desagradó. Otra experiencia que tuve fue de una vez que buscaba trabajo. Ese día vestía “ropa de mujer” (una blusa negra, bolsa de chica, pantalón negro y zapatos de vestir). Sentí que alguien por detrás me gritaba: era un hombre que me lanzó insultos, me llamó “homosexual” en tono ofensivo. Creí que iba a golpearme, pero se pasó de largo, siguió su camino sin dejar de agredirme verbalmente. Aquella vez traté de conservar la calma, pero no pude y me sentí muy mal.

He tenido también experiencias desagradables en el trabajo. Cuando trabajaba en un restaurante, una vez llegaron unos clientes a los cuales asigné una mesa. En ese empleo, mi uniforme consistía en una falda larga y blusa. Uno de los clientes me dijo: —Tomaremos esa mesa, joven —, haciendo énfasis en mi aspecto masculino sin importar el uniforme que vestía. Eso me deprimió porque era claro que su intención era hacerme sentir mal por ser diferente. Otro caso fue hace tres años, cuando estuve en atención a clientes en un casino. En esa ocasión una clienta me preguntó: —¿Qué eres? —, claramente sin importarle lo que me pudiera hacer sentir con esa pregunta. Para deshacerme de esa situación, solo dije: —Soy mujer —, sin embargo su comentario me afectó. Una vez que me tocó apoyar en el área de cocina, uno de los supervisores entró y dijo: —Hola, chicos de sexualidad dudosa —. Como siempre, me molesté mucho.

Cosas así me han pasado en muchos lugares, en mi trabajo actual o en donde sea, pues aunque tengo senos, la gente suele confundirse. Una situación que me pasa mucho es cuando tengo necesidad de entrar al sanitario. Una ocasión que fui al cine, entré al baño de mujeres. La señora que hacía limpieza se puso agresiva y me sacó del baño, creyendo que era hombre. Yo solo me puse nervioso, no sabía qué decir. Me limité a salir con una risa nerviosa.

Ya dejé de tomarme estas agresiones como personales. En ese sentido, ya no me importan. Comprendí que al contestar sin agresión la gente no sabe como herirte y te dejan de molestar. Por ejemplo, en mi empleo actual, una vez que estaba en el baño de chicas una de mis compañeras me preguntó: —¿Qué eres? —. Le dije: —Soy mujer —, y así quedó. Lo que antes me hubiera afectado fueron solamente palabras en el viento. Esta misma chica me preguntó en otra ocasión: —¿Te gustan las mujeres? —, a lo que con tranquilidad y sin molestarme respondí: —¿Y a ti? —. Ella reaccionó nerviosa y me dijo que no, que a ella le gustaban los hombres, y sin más se fue.

En este sentido, me han preguntado mucho que si tengo novio o novia; me han dicho que me maquille y que me arregle, que me deje crecer el cabello. Pero a mi ya no me importa el que dirán. Por ejemplo, una vez una compañera de trabajo me preguntó que si acudía a un conocido bar gay del lugar donde vivo. Yo le contesté: —¿Y usted? —. Me dijo que sí; como vio que no me había molestado, me siguió platicando de su vida, y luego me dejó en paz. De nuevo, lo que he aprendido es que si no contestas con agresión y no le das importancia a lo que otros piensen o digan, la gente se cansa de acosarte al no causarte una reacción y te deja en paz. De esta forma también consigues hacerte de amigos en lugar de enemigos.

Lo importante es que seas tú mismx, y no te importe lo que piensen o digan de ti. Ojalá que tomes en cuenta estos consejos que sé que pueden cambiarte la vida. Sé paciente y no te des por vencidx. ¡Te mando un fuerte abrazo y mucho ánimo! No pienses que tienes que hacer algo por agradar a los demás. Cada quien tiene su punto de vista. Solo sé tú mismx.

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