Mi mejor amigo es como una flor. Por Kennistar

Mi mejor amigo es como una flor

Por Kennistar 

Contacto: pau_eva@hotmail.com

Nota: Cuento pensado desde el punto de vista de un adolescente que ha crecido, como la mayoría de las personas, en una sociedad machista y que invisibiliza a la intersexualidad.

amigos

Esa fue la primera vez que vi a un chico comprando toallas femeninas.

Después de la escuela fui al mini-super al que siempre solía ir. Iba a ese lugar porque tenía las historietas que yo leía y aunque no tuviera dinero para poder comprarlas, las hojeaba por un rato. Fue ahí donde lo vi. Había levantado la cabeza para que mi cuello descansara un poco cuando él puso las toallas femeninas en la caja registradora. Me sorprendí al ver a un chico posiblemente de mi misma edad comprando eso y no por el hecho de que lo comprara, sino por su actitud. Si yo hubiera estado en su lugar, no dejaría de mirar hacia todos lados, nervioso y con ganas de salir corriendo lleno de vergüenza. Pero él parecía tan tranquilo, como si fuera algo normal y me llenó de intriga. Me dieron ganas de hablarle y preguntarle si no le daba pena comprar eso. En casa me habían dicho que las cosas de mujeres debían de ser compradas por ellas, así que pensé que tal vez su familia era como se decía últimamente, de mente abierta. Lamentablemente el chico se fue antes de que yo hubiera podido hablarle.

Pasaron los días y regresé al mini-super para ver si ya habían actualizado la historieta que estaba leyendo. Me sorprendí cuando lo vi de pie leyendo la historieta que más me gustaba y me acerqué a él lleno de emoción.

–¡Hola! – Saludé efusivo. Él apartó su mirada de la historieta y alzó sus ojos a mi dirección. ¡Vaya! Era muy raro. Me di cuenta que era mucho más bajo que yo, y eso que yo no era muy alto. También era muy delgado y sus rasgos no eran como los de los otros chicos. Papá hubiera usado el término “maricón” para referirse a él. Pero mi hermana me había enseñado que no era “maricón” sino “afeminado” el término correcto.

–Hola. – Respondió algo extrañado.

–Muy buena la historieta que estás leyendo. Yo lo leí la otra vez. – Él parecía estar confundido y me miraba un poco amenazante.

–Lo acabo de abrir. La portada llamó mi atención. Pero no encuentro los otros capítulos.

–Ya no están. Pero si quieres te cuento de que tratan.

–Anda, dale. – Estuvimos platicando por un buen rato. Al principio él se mostraba algo reservado, pero después se abrió más y hasta comenzamos a bromear. Era muy agradable estar con él. Se llamaba Alexis y sí tenía mi edad. Iba en una escuela privada pero me dijo que lo iban a cambiar a una pública. No le pregunté la razón y le dije que se metiera a mi escuela para que así pudiéramos platicar más. Al final él se tuvo que ir y quedamos en vernos al día siguiente. Así que regresé feliz a casa por haber hecho un nuevo amigo.

Después de ese día comenzamos a vernos más. Ya no solo platicábamos en el mini-super, también salíamos a caminar por ahí y hasta me invitó a su casa. Descubrí que era hijo único y pensé que las toallas se las había comprado a su mamá. Sus padres eran muy agradables y se veían muy jóvenes. Me di cuenta que su familia era muy diferente a la mía.

Pasaron los meses y por fin Alexis fue cambiado a mi escuela. Me puse muy contento cuando lo vi en mi salón puesto que él no me había contado nada. Casi al instante se los presente a mis amigos y parecieron llevarse bien con él. Conforme a los días me di cuenta que la apariencia “afeminada” con quedaba para nada con Alexis. Era muy ruidoso, le gustaba pelear con los otros chicos y era muy bueno para los deportes bruscos, incluso mejor que yo. Pero seguía habiendo algo raro en él y los demás se burlaban por eso.

–Es como una marimacho. – Dijo una vez un amigo mientras Alexis se encontraba en el baño.

–Sí. A pesar de cómo actúa no puedo verlo como un chico.

–Es un maricón.

–¿Maricón? ¡Es putísimo! La otra vez no quiso quitarse la platera y parecía una princesita. – Todos se reían y yo no sabía que decir. Tenían razón sobre que Alexis no era “normal” pero él era una buena persona y se había vuelto un amigo importante para mí.

–Ya basta. Él es mi amigo.

–Uuy. Lo defiendes porque eres igual que él.

–¡No es cierto! Él es mi amigo.

–¡Ambos son novios! ¡Se besan! ¡Se tocan sus cosas!

–¡Basta! Él es más hombre que todos ustedes.

–Pero es un debilucho.

–Y nadie le quita lo maricón.

–Aparte, su nombre es el de una niña.

–Sí. Y siempre se tarda mucho en el baño.

–Y no deja que nadie le toque el pecho.

–¡Cómo a una niña! – Sus risas se hicieron más fuertes y yo me sentía patético. No me gustaba que dijeran eso sobre Alexis, pero tenían razón y tampoco quería que pensaran que me gustaba o que era maricón. No sabía qué hacer.

Un día que fui a su casa decidí que ya era momento de preguntarle sobre las toallas y pensé que también debía contarle sobre lo que los demás chicos decían sobre él, así ya no lo estaría traicionando.

–Oye, Alex. La primera vez que te vi estabas comprando unas toallas femeninas. ¿No te dio pena hacer eso? – Ambos estábamos en su cuarto haciendo la tarea. Él dejó de escribir y me miró pensativo.

–No. ¿Por qué debería de haberla tenido?

–Porque…. Son cosas de mujeres y nosotros no deberíamos de comprarlas….

–Yo no le veo lo malo. – Alexis siguió escribiendo pero yo lo volví a interrumpir.

–Oye, te voy a decir algo pero no te enojes.

–Vale, dilo.

–Los chicos de la escuela se burlan de ti. – Alexis apartó su mirada de la tarea y me miró sin comprender.

–¿Qué dicen? – Yo me sentí repentinamente incómodo y me arrepentí de haberle contado eso.

–Pues….dicen que eres como una chica….y te dicen maricón. – Alexis apretó la mandíbula y frunció el ceño. Se veía realmente enojado y me sentí muy mal por lo que había dicho.

–¿Eso dicen?

–Sí. Pero no importa. Porque tú eres valiente. ¡Hasta le compras toallas a tu mamá! Ninguno de ellos haría eso. Créeme. – Sonreí para tranquilizarlo pero Alexis solo se afligió más. Bajó la mirada y apretó los puños. Pasaron los segundos y pensé que ya no iba a decir nada más, así que reanudé con mi tarea.

–Beto, ¿puedo contarte algo?

–Claro.

–Pero….no se lo cuentes a nadie más, ¿vale?

–Claro. Seré una tumba. – Hice a un lado mis libros y puse toda mi atención en Alexis.

–Las toallas no eran para mi mamá… – Miré a Alexis sin comprender. Él no tenía hermanas y todas sus vecinas eran mujeres mayores, entonces… – Eran para mí.

–¿Eres….una chica? – Alexis evitaba mi mirada y yo no lo podía creer. ¿Qué estaba pasando? ¿Mi mejor amigo ahora era una mujer?

–¡No! Yo…no soy una chica.

–¿Entonces? Alex, no entiendo.

–Yo….yo soy….intersexual.

–¿Qué? ¿Entonces si eres maricón?

–¡No! No soy maricón.

–Alex, no te entiendo. ¿Qué es intersexual? ¿Significa que te gustan niños y niñas? ¿Quieres ser una niña? ¿Por eso usas toallas?

–¡No! Nada de eso. Mira, intersexual es cuando no eres niño o niña. Estas como que en medio de ambos. Y pues tienes partes de ambos.

–¿Tienes las dos cosas?

–No se….yo….yo no tengo lo que tú tienes abajo. Mi parte es más parecida a la de una mujer….dentro de mi hay ambas cosas… ¿Me explico?

–No. No entiendo nada. ¿Eres un chico-chica?

–A ver. Cuando nací pensaron que era un niño con un pene muy pequeño. Luego me revisaron y se dieron cuenta que no era un pene, sino un clítoris algo largo. Descubrieron que tenía vagina y ovarios y pensaron que era una niña. Iban a operarme pero mis padres no quisieron. Después de unos meses empecé a tener muchos cólicos y los doctores descubrieron que tenía los testículos cerca de mi área abdominal y que podían causarme daño así que decidieron quitarlos. Todos creyeron que sería niña, pero yo soy un chico. Y las toallas…hace poco empecé a menstruar y los pechos me están creciendo y los doctores dicen que debo de tomar hormonas femeninas pero no quiero porque soy un chico…. – Alexis no dijo nada más. Parecía como si fuera a romper a llorar en cualquier momento. Yo no sabía que decir. No entendía lo que estaba pasando. ¿Alexis era una chica o era un maricón? Era la primera vez en mi vida que escuchaba eso. Al parecer era una enfermada muy fea. ¿Sería contagiosa? Hasta el momento no me habían crecido los pechos. – Todos piensas que soy raro, pero mamá dice que es normal. Las flores también son intersexuales, ¿sabes? – Vaya que no. Después de eso no dije nada hasta que me despedí de él. Esa noche no pude dormir bien por estar pensando en si Alexis ahora era mi amiga o no y al día siguiente no pude evitar ser distante con él. Lo observaba de manera discreta y no podía entender que es lo que era, como me referiría a él a partir de ese momento y lo peor: como debería de tratarlo.

Los días pasaron y comencé a alejarme de Alexis. Después de todo, los otros chicos tenían razón y Alexis era diferente. Él era una niña que actuaba como chico. Su nuevo apodo era marimacha y Alexis se enojaba mucho cuando se lo decían. Siempre se peleaba con los demás y terminaba en la enfermería. Yo solo agachaba la cabeza y evitaba encontrarme con su mirada. Los demás me hacían burla y me preguntaban por qué me había separa de Alexis,

se inventaban historias y decían que él me había besado o que me había hecho cosas raras. Yo lo negaba todo pero no decía la verdadera razón. Después de todo había prometido a Alexis no decirle a nadie su secreto.

Alexis comenzaba a verse decaído y comenzó a faltar a clases. En varias ocasiones estuve a punto de ir a su casa, pero no lo hice. No me sentía preparado y estaba seguro que Alexis me odiaba. Yo quería que las cosas volvieran a estar como antes, me gustaba estar con Alexis y anhelaba su amistad. Un día cuando fui al baño lo escuché llorar y me sentí realmente triste. Él siempre había sido bueno conmigo y me había confiado su más grande secreto, y yo le había pagado de esa manera. Así que, un día, esperé a que las clases terminaran y abordé a Alexis antes de que se hubiera ido. Los chicos que nos vieron se burlaron de nosotros pero los ignoré y me armé de valor, justo como lo había hecho Alexis cuando me contó su secreto.

–Alex, lamento haber actuado como lo hice. Aun no entiendo muy bien lo de ser intersexual, pero eres mi amigo y eso es lo que importa. Así que te pido paciencia para que pueda comprenderlo. – Una enorme sonrisa recorrió el rostro de Alexis y me abrazó con fuerza.

–¿Entonces eres mi amigo de nuevo? – Él se separó de mí y yo le dije con una sonrisa igual de grande que la suya:

–Nunca dejé de serlo. – Ambos reímos y fuimos a su casa para festejar. Tal vez Alexis no era chico, o tampoco era chica; pero él era el mejor amigo que yo hubiera podido pedir.

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