9 Mentiras dañinas que los doctores me dijeron mientras crecía siendo intersexual. Por Pidgeon Pagonis

9 Mentiras dañinas que los doctores me dijeron mientras crecía siendo intersexual

Por Pidgeon Pagonis

Fecha de publicación: 3 de diciembre de 2015

Traducción de Laura Inter del artículo “9 Damaging Lies Doctors Told Me When I Was Growing Up Intersex” de Pidgeon Pagonis.

Fuente: http://everydayfeminism.com/2015/12/lies-from-doctors-intersex/

doctor

Queridos doctores,

Todos ustedes tienen que dar algunas explicaciones.

Dijeron una mentira tras otra a mi familia y a mí desde que tenía tres meses de edad. Y gracias a todos ustedes, yo – al igual que millones de otras personas intersexuales – he sido forzadx a vivir dos vidas.

Una persona que públicamente sonreía y amablemente respondía “no” cada vez que ustedes me preguntaban si tenía alguna pregunta, y mi yo privado que se revolcaba en preguntas que me llenaban los ojos de lágrimas.

Mi familia, al igual que la mayoría, no tenía razones para cuestionar su autoridad. No los culpo por eso, porque ahora entiendo que ellos hacían lo mejor que podían con la cantidad limitada de información engañosa que ustedes les proporcionaron.

En su lugar, me dirijo a ustedes profesionales – que dieron su juramento, de primero no hacer daño – como los responsables.

Independientemente de si ustedes tenían buenas intenciones o “no tenían la misma cantidad de información en ese entonces”, esto no hace que sus mentiras a mi familia sean justificadas.

Una cosa sería si solo nos hubieran mentido a nosotros, pero he aprendido que el mentir es su procedimiento estándar.

Y este protocolo inaceptable reverberó a través de nuestras vidas de manera que me sentí obligada a investigar.

Si pudiera incorporar una sola intención a esta carta, sería el otorgar un sentido de humildad sobre ustedes.

Muchos de nuestros problemas pudieran ser aplastados si ustedes solo se quitaran el sombrero de expertos el tiempo suficiente para prestar atención a nuestras historias con humildad. La falta de líderes en su campo que garantice que es lo que esta bien, después de más de veinte años de activismo intersexual, es ofensiva.

Si ustedes apoyan nuestro movimiento, entonces les insto a salir en contra de este protocolo deshonesto y dañino que ha manchado su profesión durante los últimos 65 años.

No subestimen el poder que su posición única les da, permitiéndoles contribuir de manera solidaria con nuestro movimiento.

Recientemente, la ONU declaró que lo que nos sucede en los entornos de atención médica, frecuentemente equivale a violaciones de derechos humanos.

Un médico objetó que la ONU, educada por activistas intersexuales, estaba “antagonizando” a la comunidad médica, y en última instancia les impediría “realmente entender que es lo que está pasando.”

Comparto la siguiente lista de mentiras que dijeron a mi familia y a mi, no para avergonzarlos o “antagonizarlos”, sino porque creo en el poder de narrar nuestras historias. Y tengo la esperanza de que mi historia pueda ayudar a prevenir que ustedes cometan los mismos errores.

Mentira #1: Naciste con ovarios cancerosos.

Una de las primeras mentiras que me dijo mi madre, fue que nací con ovarios cancerosos y que fueron eliminados en una operación que me salvó la vida, después de mi nacimiento.

Instruyeron a mis padres para que me dijeran esta historia inventada, y esta se convirtió en una raíz en mi desarrollo.

Cuando comencé a preguntar acerca de porqué no tendría un periodo menstrual ni podría tener hijos biológicos, le dijeron a mi madre que solo se apegara a la historia del cáncer – y eso hizo ella.

Triste porque no podría ser capaz de tener hijos, confundidx acerca del porqué, y asustadx de que el cáncer pudiera regresar, comencé a retraerme en mi interior a un mundo de vergonzoso silencio.

Mentira #2: Las gónadas de su hija desarrollarán cáncer

No dijeron a mis padres la misma mentira.

En lugar de decirles que había nacido con cáncer, insistieron en el riesgo de que mis “ovarios subdesarrollados”, a los que decisivamente se refirieron como “gónadas” – y que realmente eran testículos no descendidos – era probable que desarrollaran cáncer si se dejaban intactos.

Anotaron en mis registros, después de mi gonadectomía, que las muestras de tejido dieron negativo (estaban sanas) y que “no se utilizó otro término más que gónada.”

Esta táctica manipuladora, pensada para inducir la voluntad de los asustados padres, es un subproducto de una cultura que insiste, algunas veces por la fuerza, que los humanos solo vienen en dos variedades opuestas una de la otra.

En lugar de eliminar mis testículos no descendidos y causarme una dependencia de por vida a la terapia de remplazo hormonal (TRH), pudieron haber sido honestos con nosotros y ofrecernos un monitoreo anual de mis testículos en busca de signos de cáncer.

Conozco otras personas intersexuales con Insensibilidad a los Andrógenos (SIA), quienes aún tienen sus testículos, y no los cambiarían por nada en el mundo.

Esta clase de decisiones acerca de nuestros cuerpos, nos pertenece a nosotrxs y no a ustedes.

Mentira #3: Solo haremos el clítoris de tu hija un poco más pequeño

En 1991, cuando tenía cuatro años de edad, escribieron en mi expediente médico que “fui sometidx a una resección y recesión de clítoris sin ninguna dificultad.”

Se suponía que el procedimiento iba a reducir, no a eliminar completamente, mi clítoris – así que tontamente me aferré a la esperanza de que existía un remanente, y que descubriría y aprendería como disfrutarlo. Ese día aún no llega.

Una vez pregunté a mi padre si lo doctores al menos habían inventado una mentira acerca de lo beneficios a la salud de este procedimiento. Su respuesta, “no”, pesó fuertemente en mis tímpanos.

El descubrimiento de que no tenía clítoris parecía ser el colmo, y fue entonces que comencé a sucumbir a la creencia de que, debido a que no estaba completx, no tenía nada que ofrecer, y no merecía el amor de otras personas.

Aún me encuentro en una lucha diaria para deconstruir esta creencia sin sentido.

Mentira #4: Nadie va a notar la diferencia entre tu cuerpo y el de cualquier otra mujer

De acuerdo a ustedes, cuando tenía once años de edad, yo pedí someterme a “más cirugía correctiva”, y pregunté si era el tiempo apropiado para comenzar con la “terapia de remplazo hormonal” (TRH).

Esto resulta extraño porque en ese momento no sabía lo que era TRH, y mis cirugías “correctivas” previas se me habían ocultado deliberadamente.

Sin embargo, días antes de mi doceavo cumpleaños, nuevamente me encontraba en una mesa de operaciones sin saber que me someterían a una vaginoplastia, que pretendía diseñar una apariencia vaginal y una vulva más adecuada.

Después, en las citas, mencionaban repetidamente – mientras observaban entre mis piernas – que “nadie más que un doctor podría decir la diferencia entre tú y cualquier otra mujer” mientras me aconsejaban “no es asunto de nadie, más que tuyo y de tu futuro esposo.”

Era como si tuvieran un manual acerca de Lidiando con Niñxs Hermafroditas, que les instruía sobre como deshacerse de todas esas partes confusas y entonces usar un martillo heteronormativo para eliminar lo que había quedado.

Su punto de vista me dejó con vergüenza y miedo de compartir mi secreto con alguien más.

Mentira #5: Tendrás sexo normal un día

Por lo menos cada seis meses, fui sacada de la escuela y llevada a citas, donde ustedes hacían hincapié en que yo era normal.

“Cuando te cases, vas a poder tener sexo de manera normal con tu esposo, con una pequeña excepción: Después de la eyaculación, mucho más se escurrirá hacia afuera, porque tu vagina termina en un punto ciego.”

Nada sonaba más anormal que una vagina ciega, que escurriría como un grifo después de tener sexo con este “esposo” que invocaban constantemente.

En la escuela, mis amigas comenzaron a compartir historias acerca de como les llegaban sus periodos. Para encajar, también comencé a compartir historias, mientras vivía con el miedo constante de que alguien me pidiera una toalla femenina o un tampón.

También dejé de tomar mi TRH, ya que salía a viajes de softbol el fin de semana y a otros lugares, y no quería que me vieran tomándola.

Después de la vaginoplastia, la vergüenza me previno de explorar esa región de mi cuerpo, no fue hasta que tuve mi primer intento de tener sexo “normal” con un novio en la preparatoria, que aprendí que tanto ustedes se habían equivocado.

No soy normal. Nadie lo es. Y está bien.

Mentira #6: Solo necesitamos echar un vistazo

Una vez que el dolor de haber tenido sexo “normal” se calmó después de unas semanas, esperé a que llegara el placer, al igual que alguien espera por un tren que se descarrilo kilómetros antes de llegar a su parada.

Entré en negación a fin de hacer frente a la realidad de que el sexo equivalía a dolor, y estaba fingiendo cada segundo de este.

Disociarme después de escuchar las palabras “solo necesitamos echar un vistazo”, antes de que levantaran mi camiseta y bajaran mis pantalones, me preparó para cuando también tenía que escapar de mi cuerpo adormecido durante el sexo “normal”.

La manera en que tomaron control de mi cuerpo, algunas veces hizo necesario negar su existencia con el fin de seguir existiendo.

Mentira #7: Nunca te mentiría – Puedes confiar en mí

Me es difícil confiar en las personas, cuando personas “seguras” como mis padres y los médicos me mintieron.

Cuando tenía diecisiete años, ustedes escribieron que físicamente, era “normal” y una “señorita bien desarrollada, sin ninguna angustia grave” y que no era “aún sexualmente activa.”

La realidad era que mi vida estaba estrellándose alrededor de mí – y estaba teniendo sexo, pero no confiaba lo suficiente en nadie como para revelar esa información.

En su búsqueda para que aceptara mi sexo y género asignados, los doctores se enfocaron en mi cuerpo e ignoraron los aspectos emocionales de mi desarrollo.

En lugar de eso, ustedes debieron de haber prestado atención a las cosas que realmente importan en la construcción de relaciones humanas – como si yo era capaz de compartir mis emociones o establecer una confianza con otros.

Solo me hicieron ver a un terapista una vez.

Me quedé mirando a la misma esquina de la mesa de madera, sin hablar ni mirar a los ojos al terapista, durante toda la sesión.

Para referencias futuras, a esto es a lo que suele llamarse un “foco rojo.”

Mentira #8: Eres una en un millón, niña

Otra mentira más que me dijeron, fue que nunca conocería a alguien más como yo, porque haber nacido con cáncer en mis ovarios, solo sucede una vez en un millón de nacimientos.

Este “conocimiento,” aunado a haber sido aterrorizadx para nunca decirle la verdad a nadie acerca de mi periodo menstrual inexistente y la cirugía vaginal, solo hizo que me sintiera más aisladx.

Existe una pendiente resbaladiza entre sentirse solo y odiarse a si mismo, y esto fue más fácil al crecer en un mundo que no tiene una representación de tu experiencia en ningún lado.

Afortunadamente esto ya no es el caso, y entre el 0.05% y el 1.7% de la población ha nacido intersexual. ¡El porcentaje mayor es similar al porcentaje de personas que nacen pelirrojos!

Gracias al reciente activismo intersexual, combinado con la llegada del internet, la búsqueda de una comunidad – aunque todavía es difícil – es más posible que nunca.

Mentira #9: Hicimos lo que pensamos que era lo mejor para ti en ese momento

Mi madre dijo una vez, “Si Dios viniera a mí y me dijera, ‘Tienes un deseo, ¿Cuál sería?’ Ese deseo sería el poder empezar todo nuevamente contigo.”

Si pudiera rebobinar la vida y empezar todo nuevamente, elegiría contestar “sí” cuando me preguntaban si tenía alguna pregunta.

Les preguntaría cosas como: ¿Es algo de esto siquiera necesario? ¿Cómo saben que me casaré con alguien y que ese alguien será un hombre? ¿Existen otras maneras de experimentar la intimidad con parejas, que no necesiten una vaginoplastia? ¿Porqué eliminaron mi clítoris?

Finalmente, preguntaría por la verdad, porque algo me dice que trabajar en aceptar el cuerpo con el que nací, hubiera sido menos traumático que intentar sanar este cuerpo ahora fragmentado.

Afortunadamente queda claro que mi meta no es “antagonizar” ni aplacar. En cambio, es que reconozcan su responsabilidad, ayudándoles a reconocer la injusticia que las personas intersexuales han sufrido cuando han estado en sus manos.

Les estoy pidiendo que vayan más allá de “no hacer daño”, y se nos unan en nuestro movimiento para alcanzar el derecho de autonomía corporal para todos – porque como nos recuerda Sean Saifa Wall, “vamos a ganar”.

Los activista intersexuales están labrando el camino todos los días, y ustedes solo tienen que decidir si van a una caminata con nosotrxs.

Pidgeon es un activista intersexual de Chicago. Está trabajando para ayudar a crear un mundo en el cual todo bebé intersexual que nazca, tenga el derecho de autonomía corporal.

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