El Hijo que Nunca Tuvieron. Por Pidgeon Pagonis

El Hijo que Nunca Tuvieron

Por Pidgeon Pagonis

Fuente: http://www.pidgeonismy.name/blog/2015/8/27/the-son-they-never-had

Historia contenida en “VOICES Personal Stories from the Pages of the NIB: Normalizing Intersex

Publicado en: Narrative Inquiry in Bioethics

Volumen 5, Numero 2, Verano 2015

pp. 103-106 |10.1353/nib.2015.0053

Traducción de Laura Inter del texto “The Son They Never Had” por Pidgeon Pagonis (activista intersexual)

Mi historia es uno de los hilos entretejidos en la madeja enmarañada que es mi familia. A los 23 años de edad, mi madre estaba extendiendo ese puente entre la juventud y la edad adulta. Yo fui su primer hija. Su hermano menor había muerto trágicamente, y poco después, las exitosas peluquerías de su padre comenzaron a desmoronarse. Nunca conocí a mi tío, pero dicen que soy su vivo retrato.

Estaba en la oficina de mi pediatra, para mi habitual chequeo. Los ojos de la doctora escaneaban mi pequeño y regordete cuerpo, hasta que se detuvieron al llegar a la hendidura entre mis rollizos muslos. Realmente no sabía como reaccionar ante lo que vio. Escribió una referencia. “Ellos solo echarán un vistazo,” le dijo a mi madre.

Yo en 1986
Yo en 1986

Cuando el doctor inspeccionó mis labios vaginales en el hospital, sabía casi con certeza lo que estaba viendo, pero no dijo nada a mi madre. Los datos confirman lo que mi pediatra temía: Mi regordete cuerpo de bebé parecía femenino en el exterior, pero los exámenes de sangre sugerían lo contrario. Cuando terminaron con los exámenes, los doctores hicieron que mi familia se sentara y les dieron la noticia.

Historial Médico

6/6/86 – Informante: La madre y la abuela. Reclamo Inmediato: Genitales anormales. Enfermedad actual: Jennifer había sido considerada como completamente saludable hasta la semana pasada, cuando el pediatra notó que tenía un clítoris agrandado y una apertura vaginal pequeña. Genitales Femeninos: Clítoris agrandado de 1.5 cm. Asignación sexual como mujer es totalmente apropiada.

Historial Médico

13/4/87 – Queridos Sr. & Sra. Pagonis – La elevada presión sanguínea de su hija es de alguna manera preocupante, por lo que será llevada a nuestra sala de examen. Fecha de admisión: 27/10/90 Fecha de baja: 01/11/90. Médico que atendió: Dr. B. Procedimiento en Hospital: la paciente fue sometida a una resección clitoral y recesión sin dificultad.

28/8/1997 – Jennifer tiene 11 años de edad. A ella le gustaría tener más cirugías correctivas y quiere saber si, en este momento, es apropiado comenzar con terapia de remplazo de estrógenos. El Dr. F quiere hacer una cirugía perineal para corregir el problema de Jennifer con la micción. Al mismo tiempo, está considerando el hecho de que su desarrollo gonadal no fue normal mientras era un feto. Por esa razón, y también por el riesgo de desarrollar cáncer, sus gónadas fueron eliminadas poco después de diagnosticarla. A ella se le dijo que no tendría periodo menstrual y que no sería capaz de reproducirse. Nosotros le aseguramos que sería capaz de tener relaciones normales adultas. Jennifer accedió a comenzar con la terapia de estrógenos para incrementar el tejido mamario. La mamá de Jennifer debe seguir adelante y programar la cirugía correctiva, según el deseo del Dr. F y ella misma.

Cuando otras niñas me preguntaban en mi adolescencia, “¿Ya te llegó tu periodo menstrual?” Me inventaba historias, porque deseaba desesperadamente pasar por lo mismo que ellas. Estas mentiras eran para encubrir lo que mi madre me había explicado cuando era una niña. “Tu tenías cáncer en tus ovarios cuando naciste,” me dijo, “así que los doctores necesitaban eliminarlos. No tendrás un periodo menstrual como mami, ni serás capaz de tener hijos.” Yo le creí.

Diez días antes de mí cumpleaños número 12, mi endocrinólogo me programó para una cirugía. El día de la cirugía llegó y estaba siendo preparada para la anestesia. Los doctores entraron al cuarto para decirme que me iba a suceder. “Notamos que tu vagina es mas pequeña que la de otras niñas. Mientras estemos en la sala de operaciones arreglando tu uretra, también podemos hacer una pequeña incisión en tu vagina para hacerla mas grande. De esta forma, tu serás capaz de tener relaciones sexuales con tu esposo cuando seas mayor – ¿Eso te parece bien?” Yo miré a mi mamá, que estaba en la sala de preparación conmigo, y me preguntaba a mi misma que responder. Solo tenía 11 años. Así que deje salir un vergonzoso, “Sí.” “Bien, entonces dejaremos que todos te cuiden muy bien durante este procedimiento.”

Entonces Volteó hacia mi mamá y dijo, “Vamos a cuidar muy bien de su hija, Sra. Pagonis.” Diciendo eso, él y sus colegas dejaron la sala. Miré hacia mi mamá, que estaba perdida en sus pensamientos. Ella lo notó y dijo, “Todo va a salir bien, confía en mí.” Cuando finalmente me encontraba en la sala de operaciones (SO), el cirujano principal me dijo que pensara en mi lugar favorito de todo el mundo. “¿Ya pensaste en tu lugar?”, preguntó. Asentí con la cabeza. “Ahora piensa en Disneylandia y cuenta hacia atrás desde 100.” Sentí que giraba hacia abajo al Mundo Mágico, mientras caía en un sueño manufacturado. Cuando desperté, ya no era más una niña.

Un doctor y un grupo de residentes entraron en mi cuarto. El doctor levantó mi bata de hospital, movió mis sábanas, forzó mis piernas tensas para abrirlas, y examinó lo que había hecho el cirujano. Mi madre, eventualmente, regresó al cuarto. Trató de quitar el cabello que tenía pegado a mi frente por el sudor. “¿Te sucede algo malo?”, me preguntó. “Nada,” dije en voz baja.

Historial Médico

6/3/1998 – Reporte de la operación – Diagnóstico preoperatorio: [en blanco] Diagnóstico postoperatorio: [en blanco] Técnica quirúrgica: El paciente es una mujer de 12 años de edad, que se observó tiene una variante de pseudohermafroditismo masculino, que es síndrome de feminización testicular . . .después . . . obteniendo consentimiento informado, fue llevada a la sala de operaciones. . . . Una vez que parecía que teníamos un tamaño adecuado, y que fácilmente se podía introducir el dedo índice, procedimos a realizar nuestra anastomosis.

Cuando llegó el momento de bañarme, puse el agua tan caliente como lo pude tolerar y comencé el proceso de ajustar mi cuerpo a la temperatura del agua. Con músculos débiles y temblorosos, comencé el largo proceso de asentarme. Cada movimiento era hecho de la manera más cautelosa posible – se sentía como si pudiera romperme.

Eventualmente me deslicé hacia abajo y dejé que el calor me envolviera. Comencé a tomar conciencia de lo que me habían hecho. Me sentí crocante y cruda. Podía sentir los puntos de sutura y la suave carne abultada entre ellos. Estaba mareada, pero no podía evitar tocar los lugares donde los doctores habían cortado partes de mí. Quité mi mano y la saqué del agua, y decidí que no regresaría ahí.

Cursé el resto de la secundaria y preparatoria, evitando hacer preguntas y evitándome a mi misma. No quería saber. Esto funcionó hasta que comencé a tener citas románticas con alguien y tratamos de tener relaciones sexuales por primera vez. Mis padres me dijeron que era normal y mis doctores me dijeron que nadie podría darse cuenta de las diferencias entre mi cuerpo y el de otras mujeres.

Yo en la preparatoria circa 2006
Yo en la preparatoria circa 2006

La primera vez que tuvimos sexo, no podía penetrarme. La segunda y tercera vez, fue lo mismo. Eventualmente, tuvimos éxito pero dolió. Mucho. Me culpé a mi misma. La vergüenza y la negación van de la mano. Durante el sexo, silenciosamente maldecía a Dios y pensaba en las formas en las que uno podía suicidarse. Hice lo que me dijo el cirujano antes de la cirugía, y mi mente se fue hacia otro lugar, porque el intentar no sentir nada, se sentía como la única salida.

Un día en el centro de estudiantes de mi universidad, vi un grupo de estudiantes en la cafetería. Sabía que quería ser amiga de ellos. Pero temía que me rechazaran. Era tan diferente de ellos. Ellos, obviamente queer (u homosexuales), no tratan de “encajar”. El ser consiente de mi antítesis, me hizo querer estar entre ellos – sin siquiera estar segura de quienes eran. Tal vez el argumento de Money de que la plasticidad se demoró mas en los niñxs intersexuales era correcta. Dejé el centro estudiantil sin siquiera decir hola.

En ese momento no sabía que era intersexual. El protocolo del Dr. Money estaba funcionando. Mi diagnóstico era un secreto, y creía las mentiras que me dijeron acerca de las cirugías e incluso pensaba en mi misma como una sobreviviente de cáncer. Provocado por las hormonas feminizantes que comencé a tomar en quinto grado, mi identidad sexual parecía “normal,” esto es, mujer heterosexual, la cual hacia que se sintieran satisfechos mi endocrinólogo y mi familia.

Parecía ser un éxito. Era la primera persona en mi familia que iba a la universidad, estaba en una relación amorosa a largo plazo, y tenía dos trabajos decentes. Sin embargo, desde la secundaria me sentía diferente. Solo porque nadie me dijera la verdad, no significaba que nunca sintiera los efectos de sus mentiras. Al tratar de protegerme, me hicieron sentir avergonzada y aislada, y el estrés y trauma de esas cirugías dejó efectos de largo plazo. Como dijo el Dr. Bruce D. Perry, “[Incluso] si tomaras todo tu dinero y lo invirtieras en tratamientos, no puedes construir cosas que no crecieron en los primeros cinco años de vida.”

Mientras estaba sentada en una clase de Psicología de la Mujer, la vida que construyeron para mi tambaleó cuando el profesor puso una diapositiva de PowerPoint, titulada: “Síndrome de Insensibilidad a lo Andrógenos [SIA].” Puntos clave como la infertilidad y la amenorrea, cosas que sabía que eran verdad acerca de mi misma, fueron enumeradas encima de un punto clave, que indicaba que las mujeres con esta condición eran genéticamente masculinas y tenían cromosomas XY.

Llamé a mi mamá y le pregunté, “Mamá, ¡¿qué es lo que tengo?!” Ella abrió unos documentos de referencia que acababa de recibir del Hospital de Niños, después de que cumplí los 18 años de edad. “Dice, In-sen-sibilidad a los An-dro-genos”, se las arregló para irse antes de que colgara el teléfono. Lloré histéricamente, sola en la cama de mi dormitorio, hasta que entré a internet e investigué un poco.

Historial Médico

7/3/2000 – Pasamos la mayor parte del tiempo hablando con Jennifer, ya que se le dijo que no tenía ovarios o útero o trompas de Falopio, y que no podría tener menstruación, ni sería capaz de tener hijos. Le aseguramos que tenía una apertura vaginal, así que sería capaz de tener actividad sexual. Se le explicó que la apertura vaginal terminaba en un punto ciego. Jennifer no tenía mas preguntas al terminar nuestra reunión.

Pasé mucho tiempo en internet investigando el SIA. No tomó mucho tiempo para que encontrara un grupo de apoyo en línea. Encontré una comunidad de gente con experiencias similares. Me di cuenta que a casi todxs les habían dicho que habían nacido con “¡ovarios cancerosos!”. Aprendí que esto era una mentira que los doctores le decían a nuestras familias, en lugar de decirles que habíamos nacido con testículos no descendidos. Casi a todxs nosotrxs se nos habían eliminado nuestros testículos quirúrgicamente, sin nuestro consentimiento. Sin ellos, casi todxs nosotrxs fuimos sometidxs a terapia de remplazo hormonal, para que pudiera empezar nuestra pubertad. Casi todxs dijimos mentiras similares a nuestros amigos, en la secundaria y en la preparatoria, cuando nos hicieron la temida pregunta – “¿Cuándo te llegó tu periodo menstrual?”

A algunxs de nosotrxs nos hicieron cosas más atroces. Pasaron unas pocas semanas, y mi profesora de Psicología de la Mujer invitó a una oradora intersexual a dar una charla. La oradora se presentó como Lynnell Stephani Long y fue encantadora. La escuché con la mirada fija en ella y los ojos llenos de lágrimas, mientras trataba de hacerme invisible.

Después de la clase, mi profesora – a quien ya le había comentado mi situación una semana antes – invitó a Lynnell y a mí a comer pizza. Le dije a Lynnell partes de mi historia, las partes que sabía por haber conectado los puntos durante las pasadas semanas, y entonces ella me preguntó algo. “¿Has dicho ya que eres intersexual?” preguntó. No lo había hecho. Intersexual no se escuchaba normal. “No” contesté. “Es importante decirlo. Vamos, di “Soy Intersexual.”

Dudé. No quería ser diferente. Quería encajar. Quería ser normal. Quería despertarme de esta pesadilla. “Soy intersexual,” murmuré. “¿Qué? No puedo escucharte,” dijo Lynnell con una sonrisa. “Soy INTERSEXUAL.” “Ahí lo tienes. El siguiente paso para ti es conseguir tu historial médico.” Leí acerca de eso en el grupo de apoyo. Muchas personas contaban historias de historiales perdidos o historiales que se habían incendiado.

Lo primero que leí en mi historial médico fue 46, XY pseudohermafrodita masculino. Sentía que mis oídos se quemaban. Quería golpear a esas palabras hasta que admitieran que no eran verdad. Llamé a Lynnell llorando. Ella permaneció en al teléfono conmigo mientras leía el resto. “Respira,” me dijo. “Estoy aquí contigo.” Unas pocas paginas después vi los documentos de mi segunda cirugía. Eran de 1990. Tenía 4 años de edad. Perry argumenta que los niñxs son más vulnerables al trauma durante ese periodo, cuando su cerebro desarrolla el 90% de su capacidad. Ese es el momento en el que me di cuenta que, el sueño recurrente en el que me despertaba en una camilla con una gaza con sangre entre mis piernas, no era solo una pesadilla, era un recuerdo.

También aprendí que cuando tenía 11 años de edad, el cirujano hizo mucho más que solo trabajar en mi uretra. El construyó una hendidura y el agujero que imitaba a aquello en las páginas de los libros de texto – pero no parecía una vagina. Colgué y me hice una promesa a mi misma: Nunca iba a decirle a nadie más lo que acababa de descubrir.

Poco tiempo después de haber hecho esta promesa, conocí a una chica y me enamoré. Mientras ella me abrazaba, le conté partes de mi historia cada noche y, para mi sorpresa, ella no huyó. Hizo que se sintiera seguro el decirle a otros, y en 2008, durante la presentación de mi tesis de universitaria, le dije a una audiencia que incluía miembros de mi familia. Era la primera vez que les decía todo lo que sabía. Nuestra madeja se sintió un poco más complicada, pero más hermética ese día.

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