LA NATURALEZA Y EL AZAR | Por Maye P.C.

LA NATURALEZA Y EL AZAR

Por Maye P.C.

Esta historia fue compartida exclusivamente con Brújula Intersexual, si quieres publicarla en otro lugar, por favor escríbenos para pedir autorización a la autora: brujulaintersexual@gmail.com

Maye P.C.

Todo empezó desde que tenía 4 años de edad, con viajes constantes a Bogotá, ciudad que quedaba a 10 horas de dónde residía, íbamos y veníamos, doctores me revisaban constantemente y determinaron que tenía una “alteración” genética. Desde pequeña, mis padres me explicaron que era diferente a las demás niñas y que debía tomar medicamentos toda la vida. Mi madre es médica, así que me educó con el pensamiento de que no había nada malo, y que debía asistir rutinariamente a chequeos por salud y bienestar.

Por coincidencia del destino tengo hiperplasia suprarrenal congénita (HSC), mi aspecto físico siempre fue diferente a las demás niñas de mi edad, recuerdo que tenía más vellosidad en brazos, piernas y rostro, era fuerte y corpulenta, tuve un crecimiento rápido (era una de  las más altas de mi salón) que se estancó al poco tiempo, me desarrollé rápidamente y tuve mi primera menstruación a los 10 años. 

Fui sometida a chequeos periódicos con un endocrinólogo y un urólogo, y a un acompañamiento con psicología. La medicina acostumbra a “normalizar” los genitales de las niñas que nacen con una variación, lo considera una “anormalidad”, en este caso, los míos eran ambiguos. Esto me generó ciertos complejos, no encajaba en la sociedad, ocultaba mi diferencia cuándo se hacían empijamadas, actividades del colegio o de esparcimiento. Era una niña tímida, y me hacían burlas por mi aspecto físico.

A medida que fui creciendo, continuaron los viajes a la capital para los controles médicos, ya que seguía siendo menor de edad, y era dónde se encontraban los especialistas. A pesar de que disfrutaba cada desplazamiento porqué los consideraba paseos, con el tiempo se tornó en un martirio. Me generaba bastante timidez e incomodidad que el urólogo y el endocrinólogo vieran y tocaran mis partes íntimas, y que estudiantes de medicina estuvieran ahí presenciando tal acto. Me tomaron muchas muestras de sangre, sin embargo, mis niveles hormonales nunca estuvieron en los parámetros “normales”. El sistema de salud no garantizó la disponibilidad del medicamento que requería, y mis tratamientos con la hidrocortisona fueron interrumpidos constantemente, y se reemplazó por otro corticoide sin el mismo efecto. A causa de esto, me empezó a salir más vello en la cara, abdomen y parte baja de la espalda, mi espalda se volvió ancha, empecé a ganar peso con facilidad, mis menstruaciones eran irregulares, incluso hubo años que no me llegaba, y los controles no eran periódicos porque se carecía especialistas en mi departamento, además, se requería tiempo, dinero y disponibilidad para llegar a la ciudad que estaba a 10 horas de distancia. Por un tiempo, entré en conflicto con mi existencia, no quería tomar medicamentos ni ir a los chequeos.

En el colegio sucedieron hechos que no entendía, cómo darme besos con varias compañeras durante la primaria y parte de la secundaria. Al crecer, comencé a ser consiente que esto no era “normal” y estaba “mal” según la cultura y los principios con los que me criaron. Volvió a suceder hasta la universidad, ya en la U entendí lo que sucedía, mi nivel de testosterona nunca se reguló, y pienso que eso influyó en que sintiera atracción por las chicas. A medida que entré en la etapa de la adolescencia también sentía atracción por los chicos, y se incrementó el deseo de: 1. «normalizar» mis genitales para tener relaciones con penetración, ya que el seno urogenital persistía (es decir, la uretra y la vagina se encontraban en un mismo conducto), 2. de no sentirme avergonzada por la erección del clítoris cuándo me daba besos, 3. de tener una familia conformada por esposo e hijos. Deseos que se fortalecieron por el paradigma de la sociedad.

 En el 2010 las visitas con el endocrinólogo, el urólogo y la psicóloga volvieron, y tenía que estar preparada para algo que cambiaría mi vida. En el 2011 llegaba una “eminencia” de otro país,  un especialista en reconstrucción de genitales, el Dr. Roberto de Castro, de Italia. Así, a mis 16 años me sentí preparada para que me realizaran la intervención que «normalizaría» mis genitales, una vaginoplastia feminizante, y según dijeron, gracias a la misma podría: “Llevar una vida sexual activa y normal”. Pasé 18 días en el Hospital Cardio Infantil, de los cuales 5 estuve en UCI pediátrica bajo los efectos de calmantes que me mantenían adormecida todo el tiempo, los medicamentos me ponían sensible y lloraba por todo. En realidad, la cirugía no cambió el sentimiento de inseguridad que siempre había tenido, cicatrices quedaron y una que otra diferencia es notoria. Considero que si esa decisión la hubiese tomado más madura y sin la presión de la sociedad, habría accedido únicamente a la separación de la vagina y la uretra, sin la reducción del clítoris ni la manipulación de los labios.

Inmediatamente después de la intervención, me tocaba realizarme dilataciones diarias para que  el orificio vaginal no se estrechara y pudiese tener relaciones sexuales con penetración sin complicaciones. Pasaron 5 años después de la cirugía, tuve sexo con penetración por primera y última vez, y lamento mucho decir que el placer que sentía antes de la intervención cuándo yo experimentaba con mi cuerpo, quedó reducido en un 60%. Por eso comprendí que para sentirme plena en la sexualidad no se necesitaba de penetración, y la vaginoplastia feminizante no mejoró mi autoestima, ni me ayudó a tener una sexualidad sana y activa.

A mis 27 años, me di la oportunidad de abrirme sexualmente con una mujer, la experiencia fue diferente, pero sigue la incertidumbre, este sentimiento será un acompañante más por el momento, el miedo al rechazo por ser diferente a lo común prevalecerá  hasta que encontremos a alguien que nos haga sentir únicos y plenos. Quizás por eso evito las cuestiones del amor y me cierro por completo a una posibilidad.

Siempre intentamos encajar en la sociedad porqué hay estereotipos que nos implantan desde pequeños, y nos hacen creer que si hay un “desvío” es algo “anormal”, y que debemos de una u otra forma ser parte de la sociedad “normal”. El organismo se adapta a ciertas condiciones, ¿Y si lo dejamos que se exprese libremente? ¿Y si dejamos de ver raro a las personas que son diferentes? En fin.

Actualmente tengo 28 años, alcancé una altura de 1.50 m (más de lo esperado), soy profesional: Médico Veterinario, y ejerzo desde hace 4 años. Es la primera vez que me expreso libremente sin tapujos, sin miedo ni inseguridad, ni con mi familia puedo expresarme de esta manera… Hace unos meses conocí a Brújula intersexual, leí varias anécdotas y me identifiqué plenamente, no sabía de la existencia de las personas intersexuales y que mi condición me hacía parte de ello, es un mundo nuevo para mí, dónde sé que somos bastantes y que compartimos experiencias similares, algo que quizás muchos no entiendan ni lo quieran comprender,

Agradezco por el trabajo que están desarrollando, y que finalmente ayudará a muchas familias.

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