Premio INAH 2019 “Javier Romero Molina”. Por Mara Cristina Toledo

Premio INAH 2019 “Javier Romero Molina”

Por Mara Cristina Toledo

Hace un año, el 13 de noviembre, recibí el Premio INAH 2019 “Javier Romero Molina” correspondiente al área de mejor tesis de licenciatura en Antropología Física. El trabajo con el que concursé se llamó: Aproximación antropológica a la experiencia intersexual en tres contextos culturales diferentes en México. Desde que recibí ese reconocimiento, no habían fluido las palabras para escribir este pequeño texto, creo que en parte se debe a que apenas, un año después, alcanzo a procesarlo. La experiencia de esa tesis, más allá de la premiación, implicó para mí un cambio de rumbo en mi existencia.

Lo que me llevó a realizar una investigación sobre intersexualidad fue una cadena de decisiones entretejidas de formas inesperadas. He tenido la fortuna de caminar al lado de personas que han compartido conmigo su vida y con las que me he visto haciendo comunidad y trazando coincidencias. Por ejemplo, el mismo día que me entregaron esta distinción, Laura Inter recibió el Premio Raquel Berman a la resiliencia de las mujeres frente a la adversidad. Yo sentí esta coincidencia como una conexión mística que no puedo explicar con palabras, estábamos celebrando juntas a la distancia.

Sin embargo, no todo fue sencillo, cuando me interesé en realizar la investigación recién empezaba a vivir con mi pareja y no tenía trabajo. Sentía incertidumbre y no sabía hacia dónde avanzar. Pasaba tiempo en internet buscando opciones laborales y, al mismo tiempo, investigando sobre el tema. Así di con la página de Facebook de Brújula Intersexual y me comuniqué con Laura. Le comenté mis pretensiones de realizar un voluntariado con ella y apoyar su labor en la medida de mis posibilidades. Ella me recibió con gusto y lo primero que hice para Brújula Intersexual fue traducir algunos artículos al español. Conocí más sobre intersexualidad leyendo lo que ella me compartía. El vínculo con Laura me mantenía muy animada en situaciones complicadas porque en ese momento las cosas no salían muy bien. Afortunadamente, justo cuando los problemas estaban a punto de desbordarme, recibí una pequeña beca de una pasantía que me dio ánimo y respiro para iniciar la investigación.

Ahora lo importante era mantener ese ánimo porque todavía me quedaba mucho trabajo qué hacer. Tiempo después conocí a la doctora Eva Alcántara, que trabajaba el tema desde hace varios años y aceptó ser mi asesora. Realicé el trabajo de campo con mis propios recursos, lo que supuso todo un reto. Viajé en noviembre de 2014 a Guanajuato donde conocí a mi primer colaborador, Noém, a su madre y a su hermana. Me recibieron con calidez y me sentí como en casa por los detalles de generosidad que tuvieron conmigo. Un mes después, Laura Inter y yo viajamos a Veracruz para visitar a Filipo, mi segundo colaborador. Durante el viaje estuvimos asustadas con los deslaves de la carretera de los que hablaba la gente, pero el miedo se disipó cuando nos encontramos con él y su esposa, que ya nos esperaban con una deliciosa cena y una plática muy divertida. Por último, viajé a Oaxaca a finales de diciembre para encontrarme con Free, con quien recorrí las calles de Juchitán, por quien escuché la musicalidad de la lengua zapoteca y compartí momentos de amistosa complicidad. De pronto, sin haber notado lo ligero del tiempo, el examen profesional ya estaba a unos cuantos días, y aunque me sentía muy nerviosa me alentaba saber que algunas de mis compañeras de Brújula Intersexual me acompañarían.

Me gustaría tomar un respiro y pensar en el Haikú del antiguo escritor japonés Kobayashi Issa que dice:

“De no estar tú,

demasiado enorme

sería el bosque.”

Pienso que hacer un trabajo de investigación es como estar en la noche en medio de un bosque. Muchas personas intersex se han pensado como orquídeas, para mí también han sido como árboles con raíces muy fuertes que me han mostrado el camino. Ese trabajo fue posible por la valiosa colaboración de personas a quien tengo un gran cariño y a quien la vida me llevó a conocer en esta trayectividad.

Noém, Filipo y Free me abrieron las puertas de sus corazones y me compartieron su experiencia; Laura Inter me guió, me acompañó y confió en mi; Eva Alcántara me enseñó y creyó en mi trabajo; Nazarina Villa me dio luz con su intuición ética; Hana Aoi se convirtió en mi confidente en momentos complicados de escritura; mi pareja me alentó y me escuchó con paciencia, abrazó mis lágrimas y celebró mis alegrías; mi madre me impulsó a la búsqueda; mi abuela me cobijó; mis profesoras y profesores de la ENAH me transmitieron su pasión y me enseñaron el rigor en la antropología. No me alcanzará la vida para agradecerles.

La ceremonia de premiación, más allá de las formalidades, fue un espacio de reconocimiento a un gran esfuerzo colectivo, de lágrimas, de risas y esperanza, pero, particularmente, estoy convencida de que se trataba de reconocer la importancia de hablar de intersexualidad y valorar el trabajo de años realizado por Brújula Intersexual.

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