MI HISTORIA INTERSEXUAL: Atrapada en la pubertad | Historia de Nowakii, redactada por Diana Rentería (Touya)

MI HISTORIA INTERSEXUAL: Atrapada en la pubertad | Historia de Nowakii, redactada por Diana Rentería (Touya)

*Esta historia fue compartida exclusivamente con Brújula Intersexual, si quieres publicarla en otro lugar, por favor escríbenos para pedir autorización a la autora: brujulaintersexual@gmail.com

Nowakii
Ilustración de Nowakii

Mi vida ha sido muy complicada y nunca la he puesto en palabras ante nadie, salvo ante una persona especial para mí.

Soy originaria de un pequeño pueblo en México. Según mi madre, era toda una novedad que ella estuviera esperando gemelos. ¿Por qué? Bueno, la gente de mi pueblo tiene muchas creencias, y, entre ellas, hay una que dice que los gemelos pueden ser motivo de abundancia o de desgracia.

Durante el parto hubo complicaciones, pero a pesar de esas adversidades, llegamos al mundo un 23 de noviembre de 1992. Mi madre estaba muy contenta, ya que tener gemelos podría significar la abundancia, aunque algunos de los habitantes decían que era de mal augurio. Mi mamá estaba feliz de tener a sus gemelitas, pero se dio cuenta de situaciones muy particulares: nos ha contado que mientras nos amamantaba, resultaba imposible que siquiera entre nosotras nos tocáramos, ¡vaya!, ni siquiera nos rozábamos las manos, ya que, al hacerlo, nos peleábamos. Esta situación era algo que resultaba muy extraño para ella. Pensaba que al ser niñas tendríamos un carácter más tranquilo, pero pareciera que la simple intromisión de la otra hacia nuestro lado nos generaba conflictos.

Empecé siendo muy saludable, pero mientras crecíamos, mis papás se dieron cuenta de algo muy inusual, mientras aprendía a gatear, solía pegarme en las paredes del lado derecho, no importa si estaba a plena luz del día, hasta que me llevaron al pediatra y descubrieron que mi iris no se había terminado de formar, básicamente estaba ciega de un ojo. La increíble recomendación que le hicieron fue: Extirpar el ojo para poner un ojo de vidrio.

Es la fecha que encuentro estúpida esa sugerencia, es más peligroso insertar algo con material que puede llegar a ser punzocortante, a dejar un órgano en su lugar, aunque esté atrofiado, ya que cumple su misión de cuidar la cuenca ocular. Mi madre dijo que no, muy sabiamente, y mi papá comenzó a buscar remedios y alternativas. Todo esto mientras iba creciendo.

Hay una tradición muy común en estos pueblos y consiste en vestir a las gemelas iguales. Mismo pantalón, misma falda, mismo peinado. Y a pesar de esto, a la tierna edad de cuatro años, y siendo muy unida con mi gemela, comencé a tener gustos diferentes a los de ella. A ella le encantaba usar las faldas y a mí me molestaban, e incluso traer el cabello largo comenzó a ser bastante pesado. Y algo muy extraño apareció: La fuerza, no la magnitud física, sino mi propia fuerza corporal.

No digo que haya sido una gran levantadora de pesas o “Mrs. Olimpia”, pero sí tenía mucha más fuerza que mi gemela, una fuerza que se comparaba a la de mis hermanos varones. Por ese tiempo, mi papá trabajaba de eléctrico de automóviles en su propio taller, y él comenzó a llevarme a su trabajo. ¿Les soy sincera? Me gustaban los autos que había ahí, los motores, y admiraba como mi padre podía armar, a partir de un motor, casi un auto entero. Pero no soportaba estar lejos de mi madre, y por ello, me regresaba a casa llorando. Mi papá me enseñó como lidiar con mi único ojo para que jamás se notara y vivir una vida tranquila y normal. O eso es lo que pensaba. Creo que debo de explicar un poco más mi entorno.

Vivo en un lugar bañado por canales de agua dulce y un clima bastante caluroso, esto es debido a la cercanía que tenemos con el Puerto del Presidente Petrolero, e incluso, como parte de mi pueblo, los trenes de carga pasan aquí. Las calles polvorientas suelen extenderse mucho y es por eso que aunque vivamos en el mismo lugar, la gente se tarda mucho y recorre grandes distancias para ir de un lugar a otro. No hay mucho viento, pero si les aseguro que la brisa refresca este lugar, como recordándonos que la vida sigue. Otra cosa, el estado donde se encuentra mi pueblo, es considerado uno de los más conflictivos y peligrosos del país, a tal grado que en una de sus canciones populares dice que por ser originario de aquí “le gusta la borrachera, la mota y el polvo blanco”, aquí todos tenemos familiares narcos o militares (incluyendo ejército y marina),  en estos lugares todos nos conocemos y nos respetamos, claro que el respeto siempre debe de ser mutuo.

No fui al jardín de niños, todo lo que debí aprender ahí, me lo enseñó mi mamá junto con mis hermanas mayores. Al entrar a la escuela primaria, mi gemela y yo estábamos juntas en el mismo salón, pero ahí, los maestros comenzaron con el chismerío que ella y yo nos copiábamos y, por ende, nos separaron de salón. Las creencias de la gente respecto a los hermanos gemelos son tan grandes, que pensaban que teníamos telepatía o algo así – eso de qué si te pellizcaban, tu gemela podía sentirlo. En algunos casos imagino que puede ser cierto, en otros, como el mío, no lo es. Los días escolares eran tranquilos, como cualquier otro, sin embargo, yo tenía mucha resistencia para los deportes e incluso estuve en la selección de fútbol de la escuela, amaba usar el uniforme deportivo. Tuve algunas peleas con otros niños, y por lo regular siempre me confundían con mi hermana.  Poco antes de quinto grado, empecé a tener sentimientos que consideraba confusos hacia las chicas, aunque pensaba que simplemente era que teníamos una gran amistad, a algunas de ellas las defendía de otros niños. Pero todo cambió cuando entré en la pubertad.

¿Recuerdan sus libros de biología? ¿Esos que usan para recordar que sólo existen dos sexos claramente diferenciados?, justo esos. Aquí es donde entra mi verdadera historia, una de mis luchas que aún no gano, pero, eso sí, sigo insistiendo y existiendo.

En estos libros se señala que, al entrar en la pubertad, la mujer (considerada así por contar con vagina y cromosomas XX) empieza a desarrollar el ensanchamiento de las caderas, el crecimiento de vello púbico, crecimiento de los senos y lo que más detesto: el inicio del ciclo menstrual.

Vale, todo eso es válido y cierto, sin embargo, esos libritos no explicaban lo que me estaba pasando a mí: En lugar de mis caderas, mi espalda comenzó a ensancharse, aunque esto puede ser normal en las chicas que practican a menudo la natación, en mi caso no era un deporte que yo practicara de manera constante; mi fuerza física aumentó de forma considerable, y, además, sucedió algo que hasta la fecha es mi rasgo característico: El crecimiento de vello facial o barba, también me creció una cantidad considerable de vello en brazos, piernas y en varias partes del cuerpo.

Ya es difícil vivir con poca visión, debido al problema con uno de mis ojos, y ahora tenía que lidiar con estos cambios que consideraba estaban descontrolados. Mi humor cambiaba demasiado y era complicado sentirme estable, además del resto de los cambios que me resultaban extraños. No veía que a mis compañeras también les creciera vello facial, y ni siquiera les crecía vello en sus piernas, o al menos no tanto como a mí. Nadie se metía conmigo, es cierto, pero las miradas, las exclusiones y los chismes no son ajenos a estos temas.

Se supone que el ciclo menstrual debe empezar desde el momento de maduración de los óvulos que recorren las trompas de Falopio hasta llegar al útero, donde estarán unos días para ser fertilizados, en caso de que no suceda, se eliminarán y así comienza el ciclo, debe tener una duración de 3 a 5 días y repetirse cada 28 días, si es que la persona es lo que comúnmente se le llama “regular”, pero ¿a qué viene esta información que podría ser absurda y básica? A algo simple. Cuando empecé a menstruar pensé que mi cuerpo se iba a comenzar a desarrollar como el de una “mujer”, y quizás el crecimiento de vello se detendría. No fue así.

Estuve sufriendo por la menstruación cerca de 6 meses seguidos, no se detuvo ni un día, y siempre terminaba llenando las tollas tamaño “Nocturnas” pensé que eso era normal. ¿Acaso yo no recordaba la información que acabo de dar? Verán, este tipo de información se los doy porque quiero que vean la diferencia que hay entre la pubertad “normal” y una pubertad “diferente”, la pubertad que yo viví. No tuve una educación formal correcta, mi escuela estaba llena de prejuicios hacia estas situaciones y en casa la situación era similar o peor. Así que no, no sabía cómo “deberían” de presentarse estas situaciones, ni sabía que mi situación en cuando a la menstruación podría llegar a ser un problema. Mi salud obviamente decayó y tuve anemia por un largo tiempo. Después de esos meses, hablé con mi mamá, quien me dijo que eso ya no era normal. Me sorprendí muchísimo. Para ese entonces, mi barba comenzaba a crecer en forma de candado, y los constantes pedidos de mi madre que me decía que me la quitara, empezaban a tener sentido.

Aún sin tener el suficiente dinero, fuimos con un amigo de la familia que era un ginecólogo retirado, él accedió a que fuera a consulta y me mandó a hacer análisis de sangre. En los cuales notó que tenía niveles de testosterona muy elevados para una mujer típica. Esta información me sorprendió, si bien, era bastante notorio que mi cuerpo parecía el de un muchacho, pensaba que si tenía niveles altos de la llamada “hormona masculina” podría ser algo malo. Él médico, con todos sus años de estudio, me sugirió la “mejor opción”: Embarazarme a los 17 años, a ver si me componía y, así, mi cuerpo deseaba ser mujer, o medicarme con hormonas femeninas para intentar feminizar mi apariencia. A la fecha, no sé de donde sacó estas ideas tan locas este ginecólogo. Mi pobre madre, pensando que la apariencia lo es todo, accedió a la medicación, y comencé a tomar pastillas anticonceptivas.

Permítanme hacer un paréntesis ¿recuerdan que les comenté acerca del incontrolable señor menstruación que ya me había durado 6 meses?  Verán, los medicamentos que tomé son parte de un tratamiento llamado “supresión menstrual” en la que las hormonas “femeninas” (estrógenos y progesterona) “engañan” al organismo para detener el ciclo menstrual. Lo cual fue bastante bueno después de haber estado sangrando sin parar durante tanto tiempo, sin embargo, este tratamiento es uno que no se debe recomendar tomar durante mucho tiempo.

El uso de hormonas debe ser supervisado con un endocrinólogo certificado, y jamás abusar de las pastillas anticonceptivas, ya que son una carga de hormonas artificiales en el organismo que si bien puede ayudar, también tiene efectos secundarios, y uno de ellos fue tan grave que casi muero: me provocaron insuficiencia cardiovascular. El “Dr. Einstein” de ginecología, insistió en los medicamentos, pero dijo algo que a cualquier persona animaría: “Si las hormonas funcionan, puede que tu cuerpo se feminice, pero también hay la posibilidad que se masculinice por completo”. Queridos lectores, la desinformación es un problema real en el campo médico y, a veces, los prejuicios ganan.

Ahora que ya saben los síntomas, les explicaré algo. La genética hace juegos que rompen el binarismo. La información que se tiene sobre la intersexualidad, o mejor conocida con el término antes usado por la medicina: “hermafroditismo”, es bastante escasa e inexacta. En un país como el nuestro, este tema es manejado con bastante prejuicio. Si el bebé nace con lo que se le llama “genitales ambiguos”, llega a pasar por diferentes estudios y posteriormente cirugías y otros tratamientos médicamente innecesarios que suelen ser traumáticos para los infantes y la familia, además de muchas veces causar problemas de salud e insensibilidad, y que solo tienen el objetivo de “normalizar” los genitales para tengan una apariencia más típicamente masculina o femenina. Esto es lo que sucede en hospitales públicos, digamos, en el sector medio y alto, pero en mi caso, al vivir en un pequeño pueblo, no hubo esto, nunca se supo o no se le tomó importancia hasta al momento de crecer y llegar a la pubertad.

Usé el término y no lo expliqué. En términos más generales, las personas intersexuales nacen con variaciones genitales, gonadales, cromosómicas o a nivel hormonal respecto a los cuerpos típicamente masculinos o femeninos.

Para más información pueden consultar este enlace.

¿A qué viene tanta información? Digamos que todo esto de los cambios físicos, lo del ginecólogo y eso, pasaron justo en mi etapa de adolescencia. Dejé de tomar las pastillas porque sentí que no me estaban haciendo ningún efecto, seguía teniendo barba y vello corporal, menstruaba cada que mi cuerpo quería y, sinceramente, aprendí a que el humano se adapta a cualquier circunstancia y yo, me adapté a mi nueva apariencia. No era tan malo, hacía cosas de niña (típicos roles de género) como coser, lavar, etc., a la par que sabía talar árboles, sembrar y algunas cosas de eléctrico de automóviles.

Además, decidí no tomar la medicación porque sucedió un evento traumático. Mi papá empezó a tener problemas de salud bastante raros, con frecuencia decía que le dolía la espalda, pero asumíamos que era debido al trabajo, es decir, a cargar las baterías de los autos y caminar hasta nuestra casa todos los días, no tenía motivo para sospechar nada diferente. Estuvieron buscando por mucho tiempo en las instancias públicas o privadas hasta que lo llevaron al médico general, le hicieron estudios y dieron un terrible diagnóstico: cáncer en los huesos. Le daban tres meses de vida.

Con el corazón en la mano, mi papá dejó de trabajar y decidió entrar en una iglesia, entiendo que quisiera estar cerca de Dios, ya que pronto se reuniría con él. Su salud empeoraba y no podíamos tocarlo porque le dolía mucho. Él dijo que, como buen soldado, no quería terminar en el hospital, sino en el campo de batalla, acompañado de su mujer y de sus hijos.  A pesar de todo, tres meses era muy poco tiempo, por lo que decidimos ayudarle a reconciliarse con sus hijos con los que no había tenido contacto, verán, en total somos catorce hermanos, siete juntos, y otros 7 que mis padres tuvieron aparte con otras personas. Hasta yo me enredo al contarlo. Al mes que tuvo de ese ultimátum, una de mis medias hermanas quiso ayudarlo, y desobedeciendo sus órdenes, lo trasladó al Paraíso Tropical del Estado Jaguar, un lugar en el que mi padre no quería estar, y sólo un mes después, mi padre dejaba para siempre este mundo. Mis sobrinas le lloraron, pero yo no lo hice, mi papá odiaba ese lugar, y en ese lugar fue enterrado. Con ello, mi situación familiar empeoró, ya que las hijas que sólo eran de mi padre comenzaron a enfadarse cada vez más de nuestra presencia y mi apariencia, considerada “masculina”, era su principal platillo de chismes.

El funeral fue una experiencia agotadora, desgarradora, agobiante, triste y con sabor amargo a soledad. Se iba mi gran héroe del que adopté su manera de hablar – según Touya (mi actual pareja), no hablo, sino que parezco sargento dando órdenes. Así, mi gran maestro se había ido. Tenía que volver a la realidad, no podía estar sólo llorando o permitir que mi madre se sintiera sola, por eso, todas las actividades que realizaba mi papá, las empecé a hacer yo, si bien, el taller fue cosa de mi hermano, el cuidado de la casa, ya sea podar o soldar cosas, yo las hice, y ahí es cuando mi apariencia masculina ayudó. Mi gemela al poco tiempo se casó y tuvo una niña, pero yo, no encontraba pareja… a quien engaño, ¡no quería pareja!, me gustaba mi mejor amiga, Clara, al igual que me gustaba otro muchacho, y a pesar de la poca información que tenía sobre este tipo de situaciones, y con mi gusto hacia los chicos, aunque me llamaran machorra, ya no me afectaba.

Con el tiempo, conseguí un trabajo más formal, y aproveché que trabajaba en un ciber [lugar donde rentan computadoras con internet] para poder dibujar y subir mis dibujos a las redes sociales, donde etiquetaba a mi familia para que los vieran. Tenía muy buena relación con mis sobrinas, estábamos siempre en contacto, descubrí que a ellas no les gustaban los chicos y ambas tenían parejas mujeres, por lo cual, me identifiqué mucho con ellas. Pero las grandes expectativas que tenía para mi futura pareja, no se encontraban cerca de estos lugares.

Con el tiempo, los efectos de las píldoras anticonceptivas se fueron agravando hasta impedirme hacer ejercicio con regularidad, tenía taquicardia y un posible factor para provocarme un infarto.

Mi madre a menudo me pedía que me depilara la barba, pero por más tratamientos que me daban, me seguía saliendo, al igual que me seguía creciendo vello en mis piernas y demás partes del cuerpo. Mi rostro se fue haciendo más “tosco” y mi piel parecía tener siempre problemas de acné, parecía estar atrapada en una eterna adolescencia.

Pasó el tiempo, hasta que conocí a quien se convirtió en mi pareja, si bien, en un principio nuestro amor era a distancia, me daba miedo que llegara el momento de estar juntas.

Algo olvidó el ginecólogo, y fue comentar algo acerca del tamaño de mi clítoris, este se asemejaba a un pequeño pene. Al llegar el momento de tener intimidad con mi novia, ella lo comprobó. Yo ya sabía que era diferente, pero nadie me había hablado de mis diferencias genitales. Ella había tomado algunos cursos de neonatología cuando dio su servicio social en el Hospital del Niño y la Madre, en los que le habían hablado de bebés que nacían con “genitales ambiguos”.

Me dijo que al parecer mis niveles altos de testosterona, hicieron que mi clítoris creciera de ese tamaño, lo que también explicaba el por qué tenía tanto vello corporal, la espalda ancha, la fuerza física, y también el hecho de que mi ciclo menstrual no fuera regular, de hecho, actualmente llevo cerca de 4 años sin menstruar.

En ese tiempo, me impresioné y no supe que contestarle, creí que mi novia estaba loca, o que simplemente me inventaba cosas para que yo no me sintiera mal con mi cuerpo. Me dijo que quizás, la información que me daba era una aproximación, pero que buscaría más información al respecto, y fue ella quien empezó la búsqueda. Para ella no sería tan difícil, teniendo en cuenta las bases con las que contaba y conociendo las palabras clave. Así, a través de contactos en Facebook, encontró un grupo llamado “Intersex Colombia” donde le brindaron muy amablemente la información que ella necesitaba y también conoció otros grupos en México que nos apoyaron. Así, con el paso del tiempo, logró embonar lo que me pasaba. Aunque después me confesó que antes de investigar bien sobre el tema, le llegó a dar miedo que yo pudiera tener la capacidad de embarazarla, hasta la fecha me da risa cuando recuerdo eso.

Nowakii 1
Ilustración de Nowakii

Durante el tiempo que estuve en una relación a distancia con mi pareja, ella decidió hablar con una psicóloga llamada Michiru Tenou, sobre el cómo poderme ayudar. Le comentó que me habían recomendado el uso de hormonas para feminizar mi cuerpo – más tarde, y gracias a esta psicóloga, nos dimos cuenta de que las hormonas deben ser reguladas por médicos especialistas, no al azar. La psicóloga muy amablemente le explicó que las hormonas deberían emplearse si realmente la persona deseaba esos cambios en su cuerpo, porque había un 50/50 de posibilidades de que fuera por salud o solo por apariencia, según sus propias palabras: “era como engordar un puerquito”, ya que si era por salud (por ejemplo, que fuera por una descalcificación por falta de estrógeno) era aceptable tomar las hormonas; pero si solo las administraban por dar una apariencia determinada (en mi caso para que tuviera una apariencia “femenina”), y, además, siendo que yo me sentía cómoda con mi apariencia considerada “masculina”, entonces no eran necesarias. Verán, había suspendido las pastillas, pero me siguieron insistiendo en que las tomara a pesar de la taquicardia que me causaban. Mi pareja, con ayuda de la psicóloga, me apoyó cual fuera la decisión que tomara, pero siempre y cuando esta no afectara mi salud.

Cuando cumplí dos años sin menstruar, mi pareja decidió llevarme a que se me practicaran un ultrasonido, donde me detectaron “ovario poliquístico con matriz infantil” pensé que el médico encargado me diría lo mismo que el ginecólogo que comenté anteriormente: que me buscara conseguir embarazarme, pero, al contrario, fue bastante amable. Me dijo que no podría tener hijos, y que, aunque buscara tenerlos, no sería posible, ya mi cuerpo parecía aun estar en la pubertad, es decir, mi matriz nunca sería como la de una persona adulta y siempre estaría en una especie de pubertad eterna, me dijo también que eso de “buscar embarazarme” no me traería nada, que era una opinión inválida y sin sentido. Me dijo que simplemente disfrutara mi vida. Aunque si me comentó que, de manera preventiva, necesitaría realizarme ultrasonidos cada año para asegurar que los quistes no se tornaran cancerígenos. Afortunadamente, hasta el día de hoy, mi salud es buena y no he tenido problemas de ese tipo.

En general, mi vida ha sido complicada por la discriminación que he llegado a vivir debido a mi apariencia, pero he sabido sobrellevar esas situaciones y seguir adelante. El tener una apariencia como la mía no te impide tener una vida plena, trabajar, ni tener pareja, solo hay que saber como enfrentarse a la discriminación y las preguntas de la gente.

Empezando por la gente religiosa, si bien, soy creyente, siento que pocos creyentes me han dado respuestas reales a lo que me dicen o me preguntan: Hubo una ocasión que justo después de llevarle el almuerzo a Touya a su trabajo, me encontré con los Testigos de Jehová, quienes pensando que yo era un hombre gay, comenzaron a decirme que la homosexualidad estaba mal, que Dios no me quería, pero al decirles que había nacido con un cuerpo intersexual y explicarles lo que eso significaba, no supieron que contestar, además, al llegar Touya y comenzar a reclamarles públicamente por su intromisión conmigo, los asustó.

En cuanto a la vida laboral, entendí que las personas mayores son las que la mayor parte de las veces tienen prejuicios, esto me pasó cuando fui lava-trastes en una fonda de comida económica. Al señor que me contrató, le gustaba que tuviera la suficiente eficacia para laborar cerca de 12 horas al día, pero no le gustaba para nada la gente homosexual y no se escatimaba en estármelo recordando. Por suerte para mí, cuando renuncié, el señor cerró su fonda. Entré a trabajar en una empresa de Seguridad, esas que hacen que sus empleados trabajen largas jornadas, en esta empresa no tuve tantos problemas por mi apariencia, al contrario, les agradaba mi apariencia porque sentían que se podía confiar en mí, me desempeñé como guardia de seguridad por un buen tiempo y la apariencia masculina ayudó, e incluso, siento que este trabajo me sirvió, ya que tenía contacto con muchas personas, y cuando externaban alguna duda sobre mi apariencia o mi género, aprovechaba para informarles sobre estas situaciones que muchas personas no entienden.

Nowakii 2
Ilustración de Nowakii

Otro tipo de discriminación que me tocó vivir muy de cerca, debido a que muchas personas piensan que soy un hombre, fue la entrada a los baños públicos, digamos que en su momento fue vergonzoso, e incluso humillante. En un Paseo del Pendón en la Ciudad Avispera, no tuve más remedio que pasar a un baño público de mujeres, Touya pasó como si nada, pero en la entrada a mí me mandaron al de hombres, en ese momento, debido a la urgencia, y a que no podía creer que me pasara eso por millonésima vez, no tuve más remedio que alzar mi camisa y decir: “soy vieja”. En ese momento, la chica encargada de los baños sintió muchísima vergüenza, pero después se soltó a reír porque no podía creer lo que acababa de pasar. Me sucede lo mismo en cualquier baño público, ya sea en una Feria, en el Oxxo… ¡donde sea!, incluso me sucedía en las oficinas del lugar en el que trabajaba. Pienso que es una situación bastante tonta si te pones a pensar bien… el ni siquiera poder entrar un baño público sin que alguien te increpe o cuestione.

Hace un tiempo, Touya tuvo un accidente en los laboratorios donde trabajaba, tuvo que estarse haciendo análisis de sangre durante cierto tiempo para ver si no había contraído el virus del VIH. Cuando la acompañaba a realizarse los exámenes, recuerdo que me trataron bastante bien, incluso me preguntaron con que pronombre prefería que se refieran a mí, les dije que ya no me importaba. Y en verdad ya no es algo que me importe, algunas personas se refieren a mi como mujer y otras como hombre, para mí esta bien que se refieran a mí como quieran.

En esta vida que tuve, podría darles un consejo: Sé fuerte con tus convicciones, respeta a todos, pero no permitas que alguien te humille por tu apariencia, ni orientación sexual, ni por nada.

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