El Monólogo de la Vagina perdida (MRKH). Por Esther Morris

El Monólogo de la Vagina perdida

Por Esther Morris

Año de publicación: 2000

Traducción: Laura Inter del texto “The Missing Vagina Monologue For VDAY” de Esther Morris

Fuente: http://mrkh.org/the-missing-vagina-monologue-and-beyond/

*Nota de Brújula Intersexual: La autora de este texto hace referencia a mujeres con Síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH), sin embargo, como cualquier otra persona, algunas personas con MRKH también pueden identificarse como hombres.

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Con la curiosidad de aprender de lo que las mujeres estaban hablando, leí el libro “Monólogos de la Vagina”. No sentía curiosidad acerca de la obra de teatro, sentía curiosidad acerca de las vaginas. Soy una mujer que nació sin una. Ese monólogo fue compartido desde la perspectiva de un padre, así que quisiera compartirles la mía. Este podría ser el Monólogo de la Vagina Perdida o el Monólogo de las Vaginas Perdidas. De cualquier manera, es un monólogo que merece más atención…

El Síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH) es una condición que involucra la ausencia congénita de una vagina, trompas de Falopio, cérvix y/o útero, aunque algunas mujeres tienen remanentes uterinos. Los genitales externos son “normales”. El cariotipo cromosómico es 46XX (típicamente femenino). La tasa de incidencia es de aproximadamente una de cada 5,000 personas. Otros síntomas involucrados, en diversos grados, son: problemas en los riñones, en los huesos y pérdida de la audición. La causa no es clara, pero el síndrome ocurre en algún momento durante la 4ta y 6ta semana del desarrollo fetal. No existe mucha investigación sobre la salud de la totalidad del cuerpo, todo se trata acerca de crear vaginas para una “función sexual normal”. Mi principal preocupación no es como se desarrolla el síndrome, sino como es que las mujeres son transformadas debido a este.

Esta es la parte que me vuelve loca. Es difícil hablar acerca de esto, porque son demasiadas las personas que no están informadas acerca del MRKH. Y quienes lo tenemos no tenemos el corazón para asumirlo. Nos retiramos para luchar las batallas diarias de nuestra situación y los problemas de salud que vienen con esta. Implica mucho trabajo todo esto, porque ninguno de los doctores con los que he trabajado han sido capaces de vincular mis síntomas con el síndrome. ¿Podría haber evitado años de discapacidad si hubiera sabido que tenía una condición que no era adecuada para la profesión que elegí? ¿Podría haber evitado usar audífonos si hubiera sabido que tenía MRKH, y que la perdida de audición podía ser parte de este? Estas son cosas que nunca sabré, pero que siempre tendré que vivir con ellas.

El trauma, como si bajara en espiral, fue tocándome en diferentes momentos de mi vida, de una manera aterradora que parece no terminar. Es cierto, pude librarme del conflicto y la vergüenza, pero los recuerdos hacen que me aferre, esperando siempre poder aceptar mi origen. Deseando haber podido tener opciones… la oportunidad de desear cambiar por mí misma – aceptar la oportunidad en lugar de huir de quién era y tener miedo a quien se suponía que debía ser. Enfocarme demasiado en ser de la manera correcta, cuando estaba contenta conmigo misma.

Mi vida cambió completamente cuando tenía 13 años, estaba en un campamento y fui enviada a casa con dolor abdominal. Cuando me examinaron, dijeron que tenía un himen no perforado que impedía el flujo menstrual. Entonces, tuve mi primera cirugía, que consistió en abrir el himen para que supuestamente pudiera menstruar. Pero descubrieron que no había nada ahí, no tenía vagina, solo un pequeño orificio y no pudieron identificar el útero. Ya contaba con características sexuales secundarias: vello corporal y pechos, así que suponían que tenía ovarios, pero nadie sabía dónde. La medicina sabía del MRKH desde 1838, pero fui diagnosticada con “ausencia congénita de vagina”, porque eso era lo único que a ellos les importaba. Mi dolor abdominal rápidamente fue olvidado. De repente, era vergonzosamente diferente. Estaba atravesando la pubertad. En solo una tarde, pasé de vender galletas para las Niñas Scout, a “corregir” mi “disfunción” sexual.

Mis médicos hablaron con mis padres acerca de la reconstrucción vaginal, para que pudiera tener una vida sexual “normal” con mi esposo, ¿Qué esposo?, ¿Y porqué no podía aceptarme él como lo haría con cualquier otro “defecto de nacimiento”? Mis padres hicieron lo que consideraron correcto, me llevaron por el único camino disponible, el camino de la cirugía “correctiva”. Pero yo estaba abrumada al darme cuenta qué no era fértil, tenía el sueño de tener hijos. Recibí empatía e incluso lástima por eso, pero, para ellos, la preocupación más apremiante era crear una vagina lo más rápido posible.

Pasé los siguientes años asistiendo con especialistas; realizándome exámenes para confirmar mi sexo; siendo sometida a pruebas por médicos curiosos e internos, mediante múltiples instrumentos en múltiples orificios durante múltiples ocasiones. No hubo ninguna mujer médica involucrada en ninguna parte de mi tratamiento. Mis cromosomas fueron contados y discutieron sobre ello frente a mí. “Tenemos que realizar ese examen otra vez solo para estar seguros”, para estos tipos no había suficientes signos que determinaran mi sexo, examinaron mis pechos, mis labios vaginales, mi clítoris, y mi orificio con los ojos cerrados.

No veían lo que querían ver, tenían una versión limitada de lo “normal”, y yo no lo era. Era demasiado joven para saber que tenía el derecho de hacer preguntas, o el derecho de hacer que el proceso fuera más lento para adaptarlo a mi propio estado mental. Tenía muchas dudas acerca de lo que estaba sucediendo y de lo que me estaban haciéndome, pero aún no era capaz de preguntarme ¿quién era quien estaba teniendo los mayores problemas mi cuerpo?, ¿era yo o las personas que me trataban? Asustada y vestida en una bata de hospital, hice lo que me dijeron, y mi relación con mi cuerpo terminó. De repente, no tenía el derecho de conservar mi cuerpo tal cual era. Era como un androide en una línea de ensamblaje, no tenía el concepto de sentir que este cuerpo era mío. Se enfocaban demasiado en la mujer que debería ser, y perdí toda noción de la niña que era.

Una vez que oficialmente se determinó que era mujer, se programó mi reconstrucción. Entonces, podría adoptar niños y la vida estaría bien. En 1972 fui sometida a mi 2da y 3ra cirugía. Tenía 15 años y medio. Ese verano hice un “viaje” de tres semanas para evitar explicar el porqué tenía que ir al hospital. Me perdí bodas y graduaciones de familiares por mis cirugías. “… existe un pequeño orificio donde se esperaba que estuviera la vagina. Se realizó una incisión transversal, y se logró desarrollar una vagina muy adecuada… se obtuvo un injerto de piel de la nalga izquierda y se unió al molde… luego se injertó el molde “de balsa” en la cavidad… el injerto de piel que se extendió se unió a la cavidad del introito vaginal… la vagina fue cerrada…”

Después de mi cirugía me enviaron a recuperación en el área de maternidad. Durante 17 días compartí el cuarto con incontables mujeres que habían tenido a sus bebés. Nadie me visitaba, ya que supuestamente estaba de “viaje” y nadie sabía que estaba en el hospital. Éramos yo y mi mamá, y una enfermera solitaria llamada Donna, quien me despertaba en la mañana, se sentaba silenciosamente al lado de mi cama y sostenía mi mano. Después me enteré qué ella me protegía de visitantes nocturnos que solo querían satisfacer su curiosidad mientras yo dormía. Mi primo trabajaba en el hospital y me visitaba frecuentemente, pero nunca hablábamos sobre la razón por la que yo estaba ahí.

Dos semanas después, tuve la segunda fase de la cirugía: mi 3ra cirugía, para que me quitaran el molde y los puntos. Entonces me informaron sobre la terapia postoperatoria para mantener mi vagina “funcional”. Una vagina funcional es “una vagina que será capaz de aceptar un pene de talla normal”. Me dieron dilatadores vaginales para la terapia postoperatoria, una breve instrucción de insertar uno y dejarlo ahí cada noche. El problema estaba resuelto para todos menos para mí, me quedé fuera de la experiencia. Todo esto había terminado. Nunca tuve la oportunidad de lidiar con esto. Tuve dos citas de seguimiento con mi cirujano y nunca más lo volví a ver. Fui otro “éxito” quirúrgico.

En primer lugar, ¿por qué dudaron de mi género y luego lo confirmaron cómo si fuera algo que yo no supiera? ¿Por qué tomaron mi cuerpo para que después unos hombres con cuchillos lo reorganizaron como una figura de acción sexual? ¿Qué necesidad había de feminizar mi cuerpo, si en realidad neutralizaron mi alma? No fui capaz de ver de qué se trataba todo el alboroto, toda la emoción solo reforzó mi desesperación. Estaba viviendo esta situación anómala y sintiéndome terriblemente mal, simplemente por el hecho de que a mí, en realidad, no me importaba haber nacido sin una vagina.

Sentí ira dos años después, cuando comencé a tener relaciones sexuales. Después de haber vivido todos esos problemas, descubrí que un pene puede responder a cualquier cosa. Me sentí abusada de la manera más intangible, una víctima de la arrogancia y las suposiciones. Aunque en ese entonces no lo pude identificar; me convertí en una sobreviviente. Además, me dijeron que nunca conocería a otra mujer como yo, un aislamiento total, ¿divide y vencerás? Bueno, no lo sé, pero una de cada 5,000 NO tan RARO, simplemente no lo sabía en ese entonces. Negué mi depresión, encontré un lugar para esconderme cuando la “normalidad” me fallaba.

Momentos de emoción me abrumaban de muchas formas. Estaba aprendiendo que lo normal solamente era un concepto para las personas que no podían lidiar con nada que fuera diferente. Me alejé de mis amigas, quienes con todo el derecho se quejaban de sus cólicos menstruales, y ¡NO, no tengo un tampón! Me especialicé en el método estoico e intelectual de lidiar con lo que me sucedía. Sería un camino lleno de obstáculos.

A medida que crecía, me di cuenta qué me enfrentaba a muchas preguntas. ¿Cómo experimentaría la menopausia? ¿Cómo revisaría la salud de mis ovarios? ¿Cuántos ovarios tengo y donde se ocultan? ¿Y los exámenes de Papanicolau? Rastreaba mi ciclo con notas en el calendario para poderme realizar los exámenes periódicos de mama. Estaba cansada de todo esto, y me molestaba el tener que realizar todas las preguntas. Estaba atrapada en este cuerpo extraño, con ningún lugar a donde ir, y estaba teniendo otros problemas físicos que también necesitaban atención.

Finalmente, me realizaron otra revisión médica a los 30 años. La tecnología había cambiado y encontraron un ovario (dos años después, encontraron el otro). El informe que me entregaron los especialistas decía lo mismo que mis médicos dijeron veinte años antes, pero con un nombre más elegante: Agenesia Vaginal / Mulleriana. También notaron que mi vagina se había encogido. Me recomendaron un ultrasonido anual para monitorear que mis ovarios no desarrollaran cáncer. Religiosamente comparaba los resultados de mis estudios año con año. En 1997, noté un cambio en los resultados y llamé a mi médico. Fui citada para que me dieran seguimiento y me realizaran otras pruebas. Creían que tenía un quiste en mi ovario.

Después de la laparoscopía para quitar el quiste, el cirujano me dijo que el procedimiento no había funcionado. Pero confirmó mi sospecha de que encontrarían mi útero. Imaginen mi sorpresa cuando me dijo que encontró dos: un útero de tamaño completo en el ovario izquierdo, y un remanente uterino en el derecho. Así que, ¿por qué de repente aparecían partes de mi cuerpo? ¿no las habían detectado en todos estos años? ¿Podría mi neo-vagina conectarse al útero y así permitirme tener hijos? ¿Era esta la causa del dolor abdominal con el que había vivido desde que tengo memoria? Pensé que esto se había resuelto desde hacía décadas; entonces, ¿por qué estas cosas están surgiendo ahora? Irónicamente, mi 5ta cirugía fue por dos histerectomías; y volví a esconderme del mundo.

Cada vez que me deprimía por esto, realizada alguna acción. Hace 15 años, conseguí mi expediente médico y leí sobre mi cirugía. También conseguí expedientes médicos de cada médico que había visto. Mi hermana me envió un artículo, y en el año 2000, por primera vez descubrí información sobre el MRKH. Conseguí una copia de mi último procedimiento médico de hacía ocho años, y vi que tenía escrito Síndrome de Mayer-Rokitansky-Kuster-Hauser. El informe que me había enviado mi especialista había dejado de lado el diagnóstico, pero sí señalaba que mi vagina se había encogido. Aparentemente, la función vaginal era lo único que pensaba que yo necesitaba saber. Aparentemente, otras partes del Síndrome no eran de preocupación. Estaba discapacitada, en ese entonces tenía problemas de espalda, pero la conexión que podría tener esto con el síndrome nunca fue discutida.

Guiada por un posible diagnóstico, fui a la librería de medicina para buscar artículos sobre el MRKH. Tenía 40 años y finalmente tenía un nombre para lo que me sucedía. Ahí fue cuando descubrí los otros síntomas asociados con el síndrome, la conexión entre los años de discapacidad y problemas auditivos. Si hubiera sabido que tenía predisposición a discapacidades, hubiera tomado decisiones más apropiadas en mi vida. Sin embargo, me dio alegría confirmar que yo no me las había provocado. El descubrimiento más importante, fue que existen muchas variaciones en el sexo. Esto reveló como es que somos forzados a ajustarnos a estándares increíblemente rígidos. Incluso aunque fui etiquetada como mujer, a veces me siento más como algo. Ignorar la variabilidad en los géneros, es como ignorar la diversidad por completo. Quienes no se ajustan a la tradicional dicotomía masculino-femenino pueden parecer pocos, pero si nos permitimos verlos puede ser que no sean pocos; respetemos la diversidad. Un nuevo punto de vista estaba creciendo a partir de mis viejas emociones.

Leer los artículos sobre MRKH, hicieron que me resultada dolorosamente evidente que esto no era solo acerca de nuestros cuerpos, y que la aproximación de “corregir” los genitales no debería asumirse inmediatamente. La asesoría emocional y sexual, a mí me hubiera brindado una solución más permanente y que me ayudara a aceptar mi situación. Si más tarde hubiera optado por la cirugía, entonces podría haber hecho lo necesario para realizarla. Me siento anormal porque tuve que ser corregida, no por la verdad acerca de mi cuerpo. Me siento diferente debido a mis cirugías, no por mi pequeño orificio vaginal. Nacer sin vagina no era un problema para mí, el tener que conseguir una, fue el verdadero problema. No es que mi vagina se haya encogido lo que ahora me alarma; es el hecho de que juzguemos a las vaginas (genitales). Las personas no fracasan en ajustarse a las definiciones de uno de los sexos, sino que las limitadas definiciones son las que fallan a las personas. Incluso con el beneficio que implica contar con cromosomas típicamente femeninos, me sentía oprimida por esto. Demasiadas personas son convertidas en “monstruos”, cuando nos rehusamos a verlas tal cual son. Pero nuestros genitales son privados, y nadie tiene el derecho de discutir sobre ellos. No tendríamos porque desear el haber podido tener opciones…

Ahora soy una adulta, y SI tengo opciones. Ya no elijo confiar sin cuestionar. Ya no elijo creer sin información. Soy una adulta ahora y ¡tengo una tarjeta de biblioteca! He investigado las cirugías y los tratamientos de dilatación utilizados para crear vaginas. La cirugía es utilizada para personas que no tienen vagina – o cuando el tratamiento para dilatarla no funciona. El tratamiento para dilatar es menos riesgoso, pero aun así es muy invasivo y afecta emocionalmente. El método básico es aplicar la suficiente presión con los diferentes tamaños de dilatadores, para dilatar el tejido lo suficiente, hasta alcanzar una “profundidad aceptable”. Esto lleva entre 2 y 8 meses, dependiendo de que tan frecuentemente puedas hacerlo. Dejé de usar los dilatadores después de los primeros años. Incluso después de la cirugía, era doloroso, y no estaba ensanchando nada. Emocionalmente era contraproducente, y no pude continuar. Así que los escondí en el ático.

Varias partes del cuerpo pueden ser trasplantadas [durante la vaginoplastia] para una “función sexual normal”. Se ha utilizado tejido intestinal para hacer vaginas, aunque ya no se usa tanto. Leí sobre un caso donde una vagina real fue trasplantada de una madre a su hija. ¡¿La vagina usada de mi madre?! Y sin importar el procedimiento quirúrgico o el tratamiento que te hayan realizado, si no tienes relaciones sexuales con penetración de manera frecuentemente, de todas maneras, tienes que mantener funcional tu vagina mediante dilatadores. ¿Quién se beneficia más de eso?

Existen pocos estudios sobre el desarrollo psicológico de mujeres que nacen con agenesia vaginal. Los médicos de alguna manera se dan a sí mismos el crédito por hacernos “normales”, siendo ellos los que nos encierran en sus categorías de normal y anormal. Quienes no nos ajustamos a sus categorías, somos remodeladas hasta que nos ajustamos. Un médico escribió como “una mujer enojada, insegura y musculosa” fue transformada en “una mujer receptiva al coito y dispuesta a adoptar niños”. Puedo asegurarles que ella se esforzó mucho más que él.

Hace 5 meses, encontré un grupo de apoyo en línea para mujeres con MRKH. Al haber creído que era la única mujer en el mundo con esta experiencia, me sentía completamente abrumada. Los estudios de caso que había estado leyendo, se convirtieron en mujeres reales, que finalmente humanizaron esta experiencia para mí. Algunas de sus historias eran tan traumáticas, que me desafiaron a reconocer que sus traumas también eran míos. Que gran cantidad de información comparada con las revistas médicas. Estas mujeres me enseñaron más acerca del tratamiento y la valentía en una sola semana, que cualquier montón de artículos o cualquier médico. Nuestra “disfunción” ha sido tratada. Nuestra tasa de éxito ha sido registrada. Luego nos dejan solas para que hagamos las paces con todo eso. Me sentí impulsada a leer entre líneas, así que yo hice algunas preguntas por mi cuenta.

Compilé una serie de preguntas y las envié por correo electrónico al grupo. Cuando 21 mujeres respondieron la encuesta, me di cuenta de que esta experiencia no podría ser capturada en un cuestionario. Cada una tenemos nuestra experiencia muy personal y lidiamos con esto de manera personal. He obtenido la mayoría de la información de la pregunta: “¿Qué más te gustaría compartir?” Existe mucho más en todo esto que una “función sexual normal”, mucho más para las mujeres que ahora estoy escuchando.

Todas las mujeres que respondieron a mi encuesta querían que su médico se informara sobre el MRKH. De las 21 mujeres que respondieron, solo cuatro de sus médicos habían escuchado del MRKH antes del examen pélvico inicial. Dos de esos cuatro “difícilmente sabían algo al respecto”. El resto de nuestros médicos estaban “asombrados” o “emocionados” por tratarnos. El médico de una mujer “… corrió a su oficina a buscar algunas cosas”. Otra mujer fue referida a un especialista sin ninguna explicación. La mayoría de nosotras nunca supimos que teníamos un síndrome, hasta años después de los procedimientos vaginales a los que nos sometieron.

Muchas mujeres son verdaderas historias de éxito con médicos que las apoyaron y experiencias positivas. Sin embargo, incluso en esos casos, hay algo que falta. La mayoría de nosotras sentimos qué, al carecer de ciertas partes del cuerpo, nuestra identidad se ve amenazada. Recibimos ese mensaje fuerte y claro, y para algunas fue lo que más les dejó cicatrices. Luchamos contra la depresión. Odiamos que personas que no tienen ni idea de lo que pasamos, nos digan lo afortunadas que somos. Algunas nos sentimos tristes por la infertilidad, pero no existe procedimiento que nos dé úteros.

A las mujeres en el grupo les apasiona ayudar a otras mujeres, y saben de la necesidad de educar a los médicos. El médico de una mujer le dio un dilatador vaginal y lo comparó con un ensanchador de zapatos, entonces, le dijo que podía convertirse en monja. El médico de una niña le dijo que “algunas especies responden a la sobrepoblación produciendo mujeres estériles”. Algunos médicos solo preguntan acerca del placer sexual de los esposos y novios, sin importarles la paciente. Algunas mujeres han necesitado cirugías adicionales, porque sus injertos de piel hicieron que les creciera vello en el interior de sus vaginas. Los informes sobre como evitar colostomías durante los trasplantes de intestino, me dicen que ha habido demasiados errores en la sala de operaciones.

Con respecto al tratamiento, 12 de las 15 que completaron el tratamiento, dijeron que se les requería ser sexualmente activas. El resto de las mujeres sintieron que la “corrección” de alguna manera se les requería, pero agregaron que si la querían. Algunas mujeres cuestionaron la importancia de la penetración vaginal. “¿Cuál es el punto? Nunca quedaré embarazada… experimentamos placer de muchas otras maneras…”

De las mujeres sometidas a procedimientos médicos, a todas les dijeron sus médicos que los procedimientos habían sido exitosos; pero no todas las mujeres están de acuerdo con eso. Una mujer pasó por dos cirugías antes de sentirse feliz con el resultado. Y dos mujeres trataron con diferentes procedimientos antes de encontrar tratamientos con los que sintieran que podían vivir. Para algunas mujeres la penetración es demasiado dolorosa, o no es posible. Solo a tres de las 21 mujeres se les dijo que existían practicas sexuales alternativas además de la penetración vaginal. Y una mujer fue acosada por su médico quien le dijo “… a los hombres les gusta el sexo oral y diferentes posiciones”. A tres mujeres se les dieron opciones de tratamiento, pero la mayoría de nosotras no sabíamos que había otras opciones disponibles. Una mujer fue sometida a un procedimiento para prepararla para la auto-dilatación, quien añadió: “no sabía sobre el orificio”.

La mayoría de las mujeres estaban preocupadas de que sus vaginas no se sintieran normales para sus parejas sexuales. En la mayoría de los casos las parejas no se dieron cuenta, pero a una mujer la llamaron “monstruo”, y a otra mujer le preguntaron porqué su vagina era “tan poco profunda”. A otra mujer le preguntaron directamente “¿Puedes arreglar esa cosa?”, ella en ese momento pensaba que ya la había arreglado.

He leído mucho acerca de los “desafíos médicos” al tratar a mujeres con agenesia vaginal, pero pienso que el desafío es más grande que eso. Desafiamos el rol que les es presentado a las mujeres, y eso hace que las personas se pongan muy nerviosas. Desafiamos el concepto de lo normal para el género y la actividad sexual, y eso hace que las personas sean fanáticas. De hecho, somos atípicas, pero somos mujeres. Muchas no nos damos cuenta de que representamos una amenaza. Comenzamos nuestras vidas como pequeñas niñas “normales”, entonces, de repente, algo sugiere que tal vez no éramos así. El fundamento de nuestras identidades se derrumba cuando creemos no estar a la altura. Literalmente somos moldeadas para ajustarnos a los valores sociales. Acomodamos los estándares sexuales en extremos con una determinación que nunca hubiéramos soñado posible. Nos enfrentamos a preguntas sobre nuestros asuntos más vulnerables, y esto sucede durante nuestros años más formativos. Pero ¿cómo puedes seguir tu corazón al responder, cuando el proceso te ha arrancado el corazón?

Hablo sobre mi cirugía de una manera cuidadosamente seleccionada. He visto la reacción de demasiadas caras con muecas, quienes me dicen que nunca han escuchado algo así. Me muestran lástima. Les dicen a sus amistades este gran chisme, y personas extrañas realizan preguntas inapropiadas. Un practicante de medicina me dijo que yo era “demasiado extraña”. Otras lesbianas que sí nacieron con vaginas me han preguntado si esto hizo que yo fuera lesbiana.

Las preguntas me han perseguido durante demasiados años, debido a que no pude encontrar las palabras adecuadas. Saber de otras mujeres con MRKH, finalmente me permitió tener una voz. Pero no quiero que termine ahí. Mi condición parece extrema solo porque nadie ha escuchado de ella. Muchas de las mujeres que entrevisté, quieren que el MKRH sea conocido públicamente. Para la mayoría de nosotras, la esperanza es abrir la puerta a nuestras vidas secretas. Muchas, existimos en un dilema, porque nuestro conocimiento es poderoso, pero está oculto por la vergüenza. El enfoque de nuestro tratamiento es muy extremo, pero afecta a todas las mujeres de las maneras más sutiles. Los avances en la medicina ofrecen a los hombres Viagra, pero las mujeres aun obtienen el cuchillo. Las cicatrices no mejoran el placer sexual.

Quiero que las personas entiendan que hacer lo “correcto”, a menudo hace más daño que bien. El estándar de normalidad al que aspiramos es imaginario. Alteramos los cuerpos de las mujeres, cuando son las actitudes las que deben ajustarse. “Corregir” nuestros genitales, nos dice que estamos mal, pero lo diferente no está mal. Lo diferente simplemente es diferente. Las mujeres no tendrían porqué soportar sufrimiento emocional y físico para poder desempeñarse en un acto sexual, donde existen tantas opciones disponibles. Entiendo porqué lo hacemos tanto como eso me molesta. Me molesta por el precio que pagamos por la carencia en la sociedad de un pensamiento creativo.

La identidad no debería centrarse en las partes del cuerpo: las que faltan, las que se construyen o las que se eliminan. Las mujeres con MRKH deberían ser tratadas como mujeres con un síndrome, en lugar de ser aisladas debido a un “desorden o disfunción sexual”. Mi “ausencia de vagina” no representaba un riesgo para mi salud, las partes del síndrome que me incapacitan sí. Entonces, ¿porqué fue una vagina todo lo que me dieron para hacer frente a una pérdida mucho mayor?

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