Un cambio de vida: Siendo auténtico respecto a quien soy. Por Jay Kyle Petersen

Un cambio de vida: Siendo auténtico respecto a quien soy

Por Jay Kyle Petersen

Traducción: Laura Inter, del texto “A Changed Life: Becoming True to Who I am” de Jay Kyle Petersen

Historia contenida en “VOICES Personal Stories from the Pages of the NIB: Normalizing Intersex” páginas: 21 a 24.

Fuente: http://www.nibjournal.org/news/documents/Voices_2016_OA_FINAL-withOLOS_version_000.pdf

NIB Journal intersex

Jay Kyle

Nací intersexual en 1952, en el hospital del condado de un pueblo muy pequeño y ultraconservador en la zona rural del sudoeste de Minnesota. Mis padres biológicos, y mis abuelos paternos, me criaron en una cercana y pequeña granja familiar. Desde la edad de cuatro años, supe que era un niño. Nadie me lo dijo. No hubo nada que decidir. Siempre he sabido que soy un hombre. Mis padres nunca hablaron conmigo acerca de mi condición inusual, y murieron sin nunca haberme aceptado. Negaron mi verdadera identidad y, en su lugar, eligieron darme un nombre de niña y criarme como niña.

Mi abuela paterna sabía que era diferente. Ella vivía en la granja con nosotros y, como me explicó después, cambiaba mis pañales y ayudaba a cuidarme cuando era un bebé y un niño pequeño. Era una Enfermera Certificada, auxiliar en la sala de pediatría del hospital del condado donde nací, y pudo ver que anatómicamente yo era diferente de las(os) otras(os) niñas(os). Fue como mi aliada de vida y mi amiga, hasta que murió en 1993. Ella y el abuelo, me proveyeron de un oasis en su granja donde me sentía aceptado. Me sentía relajado y cómodo en su compañía, y simplemente podía ser yo mismo. El abuelo me llevaba a pescar. La abuela me llevaba a las demostraciones de la Feria Estatal 4-H (El 4-H es una organización juvenil de Estados Unidos, administrada por el Departamento Estadounidense de Agricultura) y me apoyaba desde la audiencia, para lo cual me había ayudado a prepararme. Mi abuela me enseño a tener buen humor, excelencia y que estaba bien cometer errores. Mucho después, en 1977, manejó hasta Minneapolis sola durante cuatro horas, y durante una tormenta, para ser mi familiar a cargo durante mi tratamiento contra la dependencia a sustancias químicas, cuando mi madre y mi papá se reusaron, y ella también celebró conmigo después de que completé con éxito el programa. La amaba y ella me amaba, y me lo demostraba. Con ella encontré un refugio, lejos de la presión y abuso en nuestra casa en la granja.

Pero mis otros abuelos y mis padres no me mostraban afecto físico. El único contacto físico que sentí de mi familia, excepto por mis abuelos paternos, fue abusivo, incluyendo a ciertas figuras religiosas fuera de nuestra familia. Los animales de granja y las mascotas me daban afecto, amor, aceptación y compañía. Me encantaba montar en la espalda de mi cerdo mascota, Lucy. La naturaleza, especialmente los árboles, las salvajes condiciones climatológicas, y los lagos locales, proveían descanso a mis estresados y cansados nervios, y me servían como un estímulo a mi imaginación. Había algo en los colores vívidos y contrastantes, incluso los sonidos y la viveza de todo esto – los ricos y más profundos verdes; los puros, limpios y vastos azules; la tierra negra y cálida sobre la cual me paraba y sentía en mis manos. Esto y los relajantes sonidos del viento que suavemente se movía entre las hojas de los árboles y del maíz, y el agua del lago chapoteando tranquilamente sobre la arena en la orilla, mientras el abuelo arrojaba su anzuelo con su caña de pescar: todo esto lo encontraba relajante y energizante, y me permitía tener un ambiente seguro para descansar, dejarme llevar y expandir mis inclinaciones naturales, para expresarme de manera creativa. Por lo demás, tuve una infancia y adolescencia muy solitaria, frustrada, dolorosa y humillante, llena con una ira creciente y un sentimiento de inutilidad, debido a que no podía ser o expresar mi verdadera masculinidad – incluyendo mi atracción hacia las mujeres.

La presión cultural y religiosa que sentía, el aumento del abuso, y las mentiras sociales con las que era forzada a vivir – incluyendo el ser forzado, contra mi voluntad, a usar ropa de niñas – se hizo insoportable. Muy temprano en mi vida me refugié en la adicción – a la comida para la comodidad, nicotina para las alteraciones en mi estado de ánimo, alcohol que me daba mi padre, y más. Tenía tendencias suicidas, y permanecí terriblemente deprimido durante mucho tiempo.

El genetista al que he consultado por los últimos cuatro años, dice que los médicos que me examinaron antes de mis cirugías genitales, describieron mis genitales como “estructuras masculinas formadas sin testosterona suficiente,” en lugar de estructuras femeninas formadas en presencia de exceso de andrógenos. Me dijo que las características registradas en mis informes médicos, y que ella ha observado, indican que estuve expuesto a andrógenos mientras estaba en el útero, junto con una condición genética hereditaria, así que dice que mi condición comenzó en la concepción. Nací con un cariotipo XX, y me realizaron exámenes en busca de las causas comunes de exceso de andrógenos en alguien XX, los cuales resultaron negativos, pero mi desarrollo físico y las actuales pruebas de laboratorio, indican que mi cuerpo, durante toda mi vida, ha producido niveles de andrógenos que caen en el rango normal masculino – esto sucede incluso después de someterme voluntariamente a gonadectimía/histerectomía, y sin ninguna dosis suplementaria de testosterona. También me dijo que nací con un cerebro masculino, y que esto se puso en marcha desde la concepción. Pero no fui diagnosticado como intersexual hasta 2001 – cuando tenía 49 años de edad. Antes de eso, constantemente fui mal diagnosticado como transexual. Tomó muchos años obtener las respuestas que finalmente tengo.

Mi travesía médica comenzó en el sudeste, en 1980. Fui capaz de mantenerme sobrio después de completar mi programa contra la adicción, pero llegó un momento en el que el dolor emocional que estaba experimentando, hizo que volviera a la bebida, o intentara suicidarme. Encontré una clínica de género donde, sin un examen físico, fui diagnosticado como transexual – esto se basó en el hecho de que tenía un nombre de mujer, pero les había dicho que había sabido que era un hombre desde la edad de cuatro años. No sentí que el diagnóstico describiera correctamente quien era, pero confiaba en la doctora. Esta cirujana me mostró imágenes de cirugías que su clínica había hecho para crear falos, y casi vomité. Lo que vi me mortificó, y no quise tener nada que ver con eso o con ese tipo de falo. Aunque era pequeño, el pene que tenía funcionaba bien, pero aún quería más información acerca de mi cuerpo, así que mi travesía médica continuó.

Con el tiempo, busqué ayuda de un sexólogo de la costa oeste, quien, al igual que los otros, me clasificó como transexual y nunca examinó mi cuerpo bajo la cintura. Estaba bajo el cuidado del sexólogo, cuando recibí una horrible carta de rechazo de mis padres, volví a tener tendencias suicidas, y hui del departamento de un transexual [de mujer a hombre], llevando un cuchillo para suicidarme. Mientras me iba, él llamó a la sexóloga para advertirle. Cuando regrese a su apartamento, habiendo decidido no cometer suicidio, descubrí que ya había avisado a la sexóloga, que estaba esperándome en su casa. Él me llevó a la casa de la sexóloga. Hablé con ella por una hora, y después la vi de manera regular varias veces durante el curso de muchos años de terapia y apoyo, también me ayudó con las cartas que necesitaba para cambiar legalmente mi nombre y para las cirugías. Ella nunca me mandó a hacer ningún examen, y nunca mencionó la posibilidad de que pudiera ser intersexual. En 1995, la llamé desde el sudoeste después de recibir las noticias de mis pruebas de orina y un perfil hormonal, que mostraron, por segunda vez, que mi cuerpo tenía niveles de andrógenos dentro del rango masculino, y sin administrarme dosis externas.

Estaba emocionado, y le dije por teléfono que sabía que era diferente, que no era transexual, que esta era una prueba más de lo que había estado intentando decirle: Había algo diferente en mí, aunque todavía no tenía nombre para esto. No soy transexual.

A pesar del diagnóstico equivocado, estoy agradecido con un cirujano, también de la costa oeste, por estar de acuerdo en realizar la cirugía de pecho – cirugía de reconstrucción de un pecho masculino en 1982. Este cirujano me dijo que tenía el peor caso de la enfermedad fibroquística no maligna, que haya visto. Estaba tan mal, que el doctor que me vio unos meses antes, me había diagnosticado con cáncer, y esto me llevó a involucrarme en un régimen de autocuidado, que hizo posible que regresara a la clínica para la cirugía. El mismo cirujano que hizo la cirugía de pecho, después asistió a un colega en la realización de mi primera cirugía genital con vaginectomia, junto con los implantes de silicona blanda para aparentar testículos, una cirugía que más tarde supe, estuvo incompleta.

Esta fue la primera vez que un cirujano había visto mis genitales, ya que esta clínica me había diagnosticado mal, como transexual, seis años antes, errando nuevamente en examinarme. En esa época, una vez más, tenía dudas acerca de mi diagnóstico, pero estaba desesperado, y parecía que la única forma de obtener ayuda era el hacer lo que los doctores decían. En 1985, mi abuela me dijo por teléfono desde la granja, que ella no pensaba que fuera transexual, pero también dijo que no sabía como llamar a mi condición. Simplemente me dejaba llevar por cualquier tipo de ayuda que pudiera obtener. En su mayoría, no me arrepiento de estas cirugías. En 1985, en un hospital de la costa oeste que no está relacionado con ninguna clínica, me realizaron una histerectomía/gonadectomía, en la que extirparon órganos que no tenían sentido para mí, y que eran un constante recordatorio de mis ciclos menstruales horriblemente dolorosos e inusualmente largos, los cuales comenzaron alrededor de los 11 años, precedidos por el crecimiento de vello rubio por todo mi cuerpo, que se hizo negro cuando tenía alrededor de los 10 años de edad, junto con un diagnóstico médico de acné temprano. En 1982, gracias a la cirugía de reconstrucción de pecho, mi pecho se veía masculino. En 2007, la única cirugía que me realizaron en el falo, fue la última y la menos complicada. Esta cirugía estuvo dirigida a la pequeña característica “sin terminar” de mi falo, y a la curvatura peneana y tubo uretral congénitos. Recientemente, durante un examen, la presencia de cuerpos cavernosos masculinos y tejido eréctil, fueron descubiertos detrás del glande de mi pene por el urólogo, y con la ayuda de Viagra que me proporcionó este, desde entonces, he tenido coito de manera exitosa por primera vez en mi vida.

Crecí sin saber que era o que me sucedía. Me sentía muy solo. Una vez que recibí el diagnóstico correcto, una vez que tuve un nombre para mi cuerpo, sentí una inmediata sensación de alivio, como si al fin fuera capaz de quitarme unos pequeños y dolorosos zapatos, y entonces me ajustaran para poder usar zapatos que me quedaran perfectamente. Durante todos los años de diagnósticos erróneos, hasta 2001, no me realizaron ninguna prueba hormonal de sangre, no se me realizó un seguimiento en mis niveles de testosterona, y tampoco me hicieron pruebas en el hígado. Constantemente me prescribían dosis inapropiadas de hormonas, y debido al mal diagnóstico, me administraron un plan de tratamiento erróneo. Hasta el día de hoy, nunca he tenido un médico general que haya recibido educación o que tenga experiencia tratando la intersexualidad. En su lugar, confío plenamente en mi genetista y urólogo, ambos tienen educación y experiencia tratando a individuos intersexuales.

Mi genetista y yo hemos tenido problemas por más de cuatro años, para encontrar un endocrinólogo local con experiencia en intersexualidad. No hay nadie. Después de investigar y discutir, mi genetista y yo, hemos establecido un régimen de testosterona, previendo que puede ocurrir algún síntoma negativo, y que podríamos contar con la ayuda de un endocrinólogo, aunque sea uno que ignore la intersexualidad. Realmente deseo que existan adultos especialistas que tengan conocimientos acerca de intersexualidad, y que pudieran ayudarme, en particular, debido a que mi uróloga esta por retirarse y aún no hay nadie que pueda reemplazarla. Esto para mi es triste y aterrador.

Desde una vida de dolor, sufrimiento y abuso – lo cual atribuía a mi condición y al tratamiento que recibí -, he emergido llevando 38 años libre de drogas,  36 años sobrio del alcohol, 29 años libre de nicotina, sin deudas desde 1989, con un peso saludable, y tengo un trabajo de tiempo completo como un especialista en comportamiento relacionado al abuso de sustancias, en un centro de tratamiento ambulatorio, además de pintar en mi tiempo libre. Tengo buenos amigos, todos ellos saben que soy intersexual, y me aman y aceptan por quien soy. Un director reconocido se acercó a mí, y hemos terminado de filmar un pequeño documental sobre mi vida, recuperación, arte, y proceso artístico. Una vez que sea lanzado, públicamente seré un hombre intersexual, ya aún no he salido a la luz, y espero que, en la medida de lo posible, mi historia ayude a hacer un cambio en la práctica médica y en las historias de las personas.

Espero que los médicos aprendan algo al leer mi historia. Cada caso es único. Tenemos que ser tratadxs como personas completas: espiritualmente, mentalmente, emocionalmente, y físicamente. Guarden una lista de recursos de referencia de urólogos, endocrinólogos y médicos generales sensibilizados en intersexualidad, y organizaciones como www.aisdsd.org y www.accordalliance.org y promuevan que en las escuelas de medicina enseñen mucho más acerca de intersexualidad. Entiendan que intersexual no es transgénero/transexual. Dejen de realizar cirugías genitales infantiles; dejen que lxs niñxs digan a los padres de que género son. El niñx lo sabrá a la edad de 4 o 5 años. Pregúntenos cuales son nuestras necesidades. Dennos mucho tiempo durante las citas médicas. Escuchen nuestro dolor. Dennos esperanza. Trátenos con respeto. Entiendan que muchos de nosotrxs sufrimos, ya que otros nos trataron como monstruos, y hemos experimentado abuso físico o de otros tipos. Entiendan que Dios nos hizo de esta manera y estamos bien. Apóyennos; necesitamos médicos valientes. Siéntanse cómodos con nuestra propia incomodidad.

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