Río Congelado. Por Candice y Morgan Carpenter

Río Congelado

Por Candice y Morgan Carpenter

 Traducción de Laura Inter del artículo “Frozen River” de Candice y Morgan Carpenter

Fuente: http://silenttears.com.au/portfolio/frozen-river/

Silent Tears.png
Fotografía de Belinda Mason

“Mis lágrimas silenciosas vienen de tantos años de ser incomprendida, de una inhabilidad para conectar con mis compañeros y siempre ser una extraña, de la falsa creencia del sistema médico de que yo era algo, mientras yo sabía que era otra cosa, de que me fue dicho que mi vida era una que no valía la pena vivir si no seguía el tratamiento médico, y de no tener a nadie a mi alrededor que entendiera mi dolor y sufrimiento”. Candice, Australia 2015

“En el año 2000 a la edad de 37 años, se me diagnostico como 47 XXY, lo que significa que tengo un cromosoma sexual extra, en lugar del estándar masculino 46XY o el estándar femenino 46XX, la versión abreviada de lo que esto implica es que mi cuerpo no produce la testosterona suficiente para permitir que se virilizara de la misma manera que el de mis compañeros, y en esta ausencia [de suficiente testosterona] mi apariencia exterior se desarrollara de acuerdo a lineamientos femeninos. Era una apariencia que era muy obvia para todos los que me conocían, incluyendo a mi esposa, aun así fui criada como hombre e ingenuamente creyeron que había otros hombres como yo, a pesar de que nunca había conocido a ninguno.

Así que en el 2000 cuando el endocrinólogo dijo que la ‘testosterona me haría un hombre y esto traería significado a mi vida’ tomé esa oportunidad, todo lo que quería era ser normal y saber esto no era algo que no hubiera experimentado antes, el que me dijeran que era estéril no me molestó en lo más mínimo, sobre todo porque todavía me sentía como una niña en un cuerpo de 37 años de edad. Las inyecciones de testosterona iniciaron con Sustanon de 200mg, cada dos semanas y en tres meses comencé a sentirme muy incómoda acerca de toda esta experiencia, mi falo estaba controlando mi cerebro y tenía constantes pensamientos sobre masturbación y sexo, fantaseaba mucho con ser una mujer con un compañero masculino, sinceramente sentía que me estaba volviendo loca. Al mencionar esto a mi médico de cabecera, dijo que en su opinión mi dosis de testosterona tenía que reducirse a 100mg cada siete días, así que básicamente era la misma cantidad, pero tomada con más frecuencia. A las seis semanas tenía acné por todo mi cuerpo, y las erupciones eran extremadamente dolorosas al tacto y sangraban mientras dormía. Mis pensamientos sobre sexo ahora eran constantes y solo eran un poco menos frecuentes que mis pensamientos suicidas, al mencionar esto a mi endocrinólogo, no le dio mucha importancia y dijo: ‘es solo porque estas comenzando, y en tres o cuatro años todo habrá terminado y te sentirás mejor’, recuerdo que le contesté que si esto es a lo que mi vida se reducía, entonces no quería tener que ver con eso, y que eventualmente encontraría medios para matarme. Desde este momento fui enviada con una psicóloga, que se especializaba en tratar a transexuales y en mi segunda visita, dijo: ‘no muestras ninguno de los síntomas de ser transexual’ sin embargo pudo darse cuenta de que sufría de ansiedad severa como resultado de la testosterona exógena que tomaba y sugirió que dejara de tomarla inmediatamente. Cuando le dejé saber a mi médico mi intención de dejar el tratamiento, dijo que mi vida no valdría la pena sin el tratamiento, a lo que contesté: ‘no tendré una vida porque estaré muerto’ y así fue como el me ‘liberó’ de su cuidado, diciendo que no había nada más que el pudiera hacer por me.

Es desde este momento que mi vida tomó un giro y me encontré completamente confundida sobre quién y qué era yo, sabía que no era la persona masculina que los doctores creían que era, y en su lugar me vi a mi misma como una combinación de hombre y mujer, y aun así, no era ni lo uno ni lo otro, y como no era capaz de digerir esta información, la confusión de género parecía  consumir cada momento de mi vida. Sin embargo, sin ninguna duda, la testosterona exógena era el principal culpable de haber traído esta disforia, era como si alguien hubiera accionado un interruptor que despertó mi alma interior, un alma que no quería ser parte de la virilización, era una parte de mí que eventualmente ganaría y me guiaría a donde me encuentro actualmente.

Desesperada y sin lugar a donde dirigirme, escribí una carta al consejero de los Centros de Género, en la que les hablaba de mi travesía hasta ese momento y, aunque realmente nunca entendieron la gravedad de lo que estaba experimentando, estaban dispuestos a ayudar y me enviaron con su psiquiatra, quien sabía un poco sobre XXY y de la ansiedad que algunas veces causa a aquellos que llegan a rechazar el tratamiento con testosterona. Eventualmente mi diagnóstico fue de Disforia de Género (no especificado) y en la referencia médica al endocrinólogo escribió “como él no había sido capaz de trabajar plenamente conmigo, que yo no desplegaba ningún síntoma clásico de ser transexual, y debido a que yo le había pedido específicamente que me permitiera acceder a un tratamiento de estrógeno, recomendó que se me aprobara, pero solo por un periodo de tiempo corto, con la finalidad de contrarrestar los efectos de la ansiedad causada por la testosterona. Sin embargo, estaba intrigado por mi rechazo a la masculinidad e, incluso, por cómo veía mi dualidad de género, él estaba tan intrigado que escribió tres artículos sobre el tema y los publicó en el Australia & New Zealand Journal of Psychiatry y en el British Medical Journal.

Fue una pena que mi primera incursión en visitar a un endocrinólogo no había sido tan cálida, acogedora y comprensiva como esta, ya que, al igual que el psiquiatra, tenía conocimientos sobre XXY y tenía otros pacientes que habían tenido problemas con la testosterona, a quienes, bajo su guía, se les había estado administrando estrógeno por largos periodos de tiempo.

Le prestó poca atención a la nota del psiquiatra sobre los estrógenos durante un corto periodo de tiempo, y me dijo que estaba dispuesto a dejar que tomara estrógenos por el tiempo que fuera mientras me estuviera beneficiando de ello. Han pasado 10 años de esto, y con su apoyo y guía finalmente me he convertido en la persona que siempre supe que era, pero que me había faltado la valentía, las palabras y las experiencias de vida necesarias para poder lograrlo; viendo hacia atrás, puedo honestamente decir que he estado en el infierno y regresado, y en ese proceso he comprobado que estaban en un error al decirme que mi vida no tendría sentido, ya que ahora es una más poderosa que cualquier vida que hubiera podido derivarse de la testosterona exógena.

Hace poco más de un año, durante el lanzamiento de la iniciativa de la Comisión Australiana de Derechos Humanos, llamada: “Resilient Individuals: Sexual Orientation, Gender Identity & Intersex Rights”, me encontré con el psiquiatra que escribió aquellos artículos, el me vio y dijo “has llegado”, le dije que no lo hubiera logrado sin él, a lo que me contestó “me costó mucho trabajo entender, sin embargo, me siento afortunado de haberte experimentado”, a lo que le contesté “también yo [de haberme experimentado]”.

Morgan Carpenter

“Cuando un concepto es nuevo para nosotros, tendemos a pensar en ello de maneras que nos son familiares. Es solo cuando aprendemos más que lo entendemos de manera diferente. Solo recientemente las personas están comenzando a entender la diferencia entre ser gay, lesbiana o bisexual y ser trangénero; entre las personas que se sienten atraídas hacia su mismo sexo y las personas cuya identidad de género difiere del sexo asignado al nacer.

Ser intersexual es un concepto nuevo para la mayoría de la gente, así que frecuentemente es confundido con los conceptos mencionados anteriormente, pero la situación es que las personas intersexuales pueden sentirse atraídas por el mismo sexo o ser heterosexuales, pueden ser transgénero o no. Lo que las personas intersexuales tienen en común es algo diferente, algo físico. Las personas intersexuales nacen con características sexuales que no cumplen con las normas médicas o sociales para los cuerpos femeninos o masculinos.

Al ser esas diferencias estigmatizadas, son medicalizadas. Así que los rasgos intersexuales están relacionados a las gónadas, respuestas hormonales, genitales o cromosomas. Lo que hace que se hable acerca de los rasgos intersexuales en términos de diagnósticos y tratamiento, de “trastornos del desarrollo sexual”, y tratamientos médicos que no cumplen con las normas de derechos humanos.

Debido a que la intersexualidad es estigmatizada, el tratamiento o incluso la eliminación de los rasgos intersexuales comienza de manera temprana: a través de selección de embriones en la fertilización in vitro, a través de un aborto que se justifica por “condiciones de salud serias”. Intervenciones médicas que incluyen cirugías cosméticas, que se conoce que llevan a una pobre función y sensibilidad sexual, y tratamientos hormonales para hacer que alguien sea “normal”, sin permitir que el individuo tome sus propias decisiones acerca de su cuerpo. Instituciones desde el Comité del Senado Australiano, hasta el Consejo Europeo, y el organismo de la ONU que monitorea las acciones de los estados contra la Convención de la ONU Contra la Tortura, han condenado tales intervenciones médicas – pero estas continúan hasta el día de hoy.

Las mujeres típicamente tienen cromosomas XX y los hombres comúnmente tienen cromosomas XY, pero algunas personas tienen otros cromosomas. XXY es uno de esos rasgos, donde alguien tiene un cromosoma sexual extra. XXY se diagnostica comúnmente como Síndrome de Klinefelter, pero los términos diagnósticos asumen que la persona XXY es un hombre. La prescripción estándar es el tratamiento con testosterona, el cual es incluso es administrado a niñxs, y sin los tipos de asesoría que permitirían al individuo tomar sus propias decisiones acerca de su identidad [de género] y tratamiento. Todas las personas con rasgos intersexuales pueden experimentar trauma de por vida después de un tratamiento coercitivo, o de un tratamiento que se basa en asegurar que cumplamos completamente con las expectativas sociales.

Primero conocí a Candice en línea en “Bodies Like Ours”, un grupo de apoyo donde ambos estábamos tratando de hacer las paces con nuestros cuerpos, y más aún, con el tratamiento médico que recibimos. Candice aún estaba tratando de sobrevivir con el tratamiento de testosterona, y yo estaba recuperándome del impacto de las múltiples cirugías. Como todo, algunas cosas se tornan más sencillas con el paso del tiempo, y algunas situaciones necesitan cambiar para que estén bien.

Las personas con bajos niveles de hormonas sexuales, como los individuos XXY, son obligadas a tomar una u otra hormona sexual por su salud física y mental. Ambas hormonas, testosterona o estrógeno, tienen un impacto dramático tanto físico como psicológico. A Candice se le administró testosterona para “convertirla” en un hombre verdadero, sin ningún análisis real sobre si esto era la mejor opción para ella. Ninguna opción fue considerada. Pero, cuando la testosterona causó tanta angustia y sufrimiento, el estrógeno tenía que haber sido una opción, y eso significó lidiar con lo que las personas piensan que significa cuando alguien no encaja en las expectativas. No solo las expectativas de sus doctores, sino también las de la sociedad. Es curioso pensar cómo es que esos doctores incluyeron a otros para revisar la salud mental de Candice, y no consideraron necesario hacer esto cuando se iba a comenzar el tratamiento hormonal previo.

Candice es más fuerte como resultado de su experiencia, con más seguridad y está más feliz de lo que nunca la vi. Liberada de un régimen hormonal inapropiado, su amistad y compañía es un placer.

Las personas XXY, y otras personas con cuerpos intersexuales, tienen la capacidad de contribuir a la sociedad, pero tienen miedo de no encajar en ella. Es frecuente que debido a sus diferencias benignas genéticas y físicas, en un embarazo en el que el feto es diagnosticado con XXY, este sea abortado.

La diversidad natural del ser humano, no debería ser considerada como una patología, algo que se deba de eliminar, en su lugar, necesitamos celebrar la riqueza y amplitud de la experiencia humana. Si podemos eliminar el miedo y el estigma, entonces los caminos que pisamos estarán llenos de muchas menos lágrimas silenciosas.” – Morgan Carpenter

Morgan Carpenter es un activista y consultor en cuestiones de diversidad corporal, y un investigador en política social. Morgan es copresidente de la organización nacional intersexual de OII Australia, y fundador del nuevo proyecto Intersex Day. Morgan es un consultor de la National LGBTI Health Alliance http://lgbtihealth.org.au/ , y un consultor sobre cuestiones intersexuales de la Foundation for Young Australians for its Safe Schools Coalition Australiaproject http://www.safeschoolscoalition.org.au/ . Morgan también es un asesor del primer Fondo Intersexual Internacional de Derechos Humanos, gestionado por Astraea Lesbian Foundation http://www.astraeafoundation.org/ . Morgan ha tenido un papel activo en la defensa sistémica de la legislación federal anti-discriminación y una investigación del comité del Senado sobre la esterilización involuntaria o forzada. Aunque se opone a la patologización de los rasgos intersexuales, Morgan también ha revisado formalmente el sitio web de investigación “DSD Genetics”, que está financiado por el Consejo Nacional de investigación Médica y de Salud. Morgan participó en la primera reunión de expertos que sostuvo la ONU en 2015, ha hablado en otras reuniones organizadas por los organismos de la ONU, y ha moderado una presentación en el Comité de la ONU sobre los derechos de las personas con discapacidad.

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