Decolonizando el gender. La intersexualidad en castellano Por Laura Inter y Eva Alcántara

Decolonizando el gender. La intersexualidad en castellano

Por Laura Inter, Brújula Intersexual, y Eva Alcántara, Universidad Autónoma Metropolitana

Conferencia presentada en Imperfectu, Festival Internacional de Cine y Género en Tijuana, Baja California, México, 22 de julio de 2015

Mesa Cuerpos y experiencias. Transexualidad e intersexualidad.

imperfectufest

Existe un gran desconocimiento sobre qué es la intersexualidad. Con frecuencia se piensa que solo se trata de una identidad sexual o una preferencia sexual. No es así. Morgan Carpenter, activista intersexual australiano, dice que uno de los problemas fundamentales de Derechos Humanos para las personas intersexuales, no es la existencia de géneros binarios, sino lo que se hace médicamente para hacer que las personas con corporalidades intersexuales se adecúen a esas normas. Esto es muy importante porque quiere decir que, contrario a lo que muchas personas se imaginan, un amplio porcentaje de personas intersexuales se definen a sí mismas como mujeres o como hombres, en ocasiones como mujeres intersexuales o como hombres intersexuales y también hay quienes prefieren autodefinirse en una tercera categoría, es decir en un género no binario (lo cual puede ocurrir a cualquier persona, tenga o no una corporalidad intersexual). Aunque la intersexualidad puede adoptarse como una identidad, esto no siempre ocurre así.

Intersexualidad es un término que en general se utiliza para una variedad de situaciones en las cuales, una persona nace con una anatomía reproductiva o sexual que no parece encajar en las definiciones típicas de masculino y femenino. Por ejemplo, una persona puede nacer con formas genitales típicamente de una mujer, pero en su interior puede tener testículos. O una persona puede nacer con genitales que parecen estar en un estado intermedio entre los típicos genitales masculinos y femeninos –por ejemplo, un bebé puede nacer con un clítoris más largo que el promedio, o carecer de la apertura vaginal, o tener un conducto común en donde desemboca la uretra y la vagina; o puede nacer con un falo que se considera más pequeño que el pene promedio, o con un escroto que está dividido de manera que asemeja más unos labios vaginales. O una persona puede nacer con una composición genética denominada de “mosaico”, es decir unas células tienen cromosomas XX y otras tienen XY, o sus cromosomas son XXY. De esta manera, en las personas con variaciones intersexuales, las características sexuales innatas parecen ser masculinas y femeninas al mismo tiempo, o no del todo masculinas o femeninas, o ni masculinas ni femeninas.

Entonces no hay una sola anatomía intersexual. Esta variabilidad en la composición corporal es algo que no siempre se hace evidente a momento de nacer. Algunas veces, una persona no descubre que tiene una anatomía intersexual, sino hasta la pubertad cuando no se presentan los cambios corporales esperados para una mujer o para un hombre típicos. Algunas personas viven y mueren con una anatomía intersexual sin que nadie (ni ellos mismos) lo sepan.

Si definimos la intersexualidad básicamente como una variación en las formas y la composición corporal, podemos afirmar que en sí misma la intersexualidad no es una patología. Una persona intersexual puede nacer con genitales ambiguos y estar totalmente sana. También ocurre que estas variaciones corporales se pueden asociar a condiciones que requieren atención médica específica debido, por ejemplo a desequilibrios metabólicos. Cabe aclarar que todas las formas corporales, sean típicamente femeninas, masculinas o cualquiera de las variaciones corporales, de acuerdo a su anatomía, tienen cierta tendencia a complicaciones de salud. Por lo tanto, tener un cuerpo típicamente de mujer, de hombre o intersexual, no acarrea de manera inmediata condiciones de enfermedad o de salud.

La intervención médica nunca debería estar dirigida, como lo esta en la actualidad, a modificar las formas corporales a través de cirugías genitales realizadas en los primeros años de vida, sino a conservar un estado de salud óptimo. El principal problema que viven las personas intersexuales en todo el mundo son las reiteradas violaciones a sus derechos humanos, tales como el derecho a la integridad corporal, el derecho a no ser sometido a intervenciones corporales irreversibles, las cuales se realizan en el periodo de infancia y pubertad. Desde hace 70 años el protocolo de atención médica a personas con variaciones intersexuales ha incluido: frecuentes revisiones a las formas genitales en presencia de varios médicos; procedimientos quirúrgicos y hormonales para adaptar las formas genitales a los estándares establecidos; alteración irreversible de tejidos y órganos sanos; continuas fotografías del cuerpo o de partes de éste sin el consentimiento de la persona; extracción de gónadas sin indicios de enfermedad; secuelas de insensibilidad genital o infecciones recurrentes; entre otros. Estas intervenciones se realizan desde que las personas acuden o son llevadas al médico, es decir, se practican en bebés de pocos meses, niñas, niños, adolescentes y jóvenes.

En los Principios de Yogyakarta se identifican desde 2007 ese tipo de procedimientos como formas de abuso médico, y el relator especial sobre tortura de la ONU llamó a ponerles fin en su último informe. La Organización Mundial de la Salud publicó en 2014, un documento en conjunto con la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para Derechos Humanos, ONU Mujeres, el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, un documento denominado Eliminating Forced, Coercive and Otherwise Involuntary Sterilization. An Inter agency Statement, para alertar que las personas intersexuales pueden ser sujetas a procedimientos de normalización sin haber dado su consentimiento informado; que dichos procedimientos pueden implicar la terminación de la totalidad o parte de su capacidad reproductiva; que faltan estudios médicos para definir mejores protocolos de atención a personas intersexuales; y que los profesionales de salud deben ser educados y capacitados acerca de la diversidad corporal y sexual, y su relación con la diversidad biológica y física.

En México, un país con un índice elevado de pobreza extrema y un sistema de salud tan deficiente, muchas de las personas con corporalidades intersexuales, a diferencia de los países del norte, no han sido intervenidas en el hospital y conservan su integridad corporal. Esta situación no ha implicado automáticamente la sensación de bienestar. Las variaciones corporales despiertan la crueldad social, el desagrado y la burla. Esto pasa con frecuencia cuando las personas intersexuales intentan establecer una relación de pareja, es frecuente que se enfrenten al rechazo, se ven obligadas a explicar sus diferencias corporales a personas que no entienden que la variabilidad corporal no tiene que ver con el placer, el erotismo y la sensualidad. Por ejemplo, solemos asociar una relación sexual con una práctica coital, de penetración, y si un cuerpo no puede penetrar ni ser penetrable, se dispara el desconcierto, la duda, el rechazo, y hasta la violencia. ¿Quién eres?… el desconcierto puede despertar la duda ¿por qué tu cuerpo es así?… ¿eres hombre? ¿eres mujer?… Ante la incertidumbre del sexo, en la desnudez del acto sexual aparece la confrontación con uno mismo, puede ser que la curiosidad desate el deseo, pero también ocurre que puede disparar la violencia. Penetración y placer no son la misma cosa, un cuerpo intersexual invita a la imaginación, a explorar nuevas posibilidades eróticas. El binarismo de género se desarma en la cama, no en los quirófanos. Y todas las personas, tengamos los cuerpos que tengamos, podemos experimentar más allá del performance típico de la relación sexual, representado y repetido una y otra vez en las pantallas de cine, en las producciones de Hollywood difundidas globalmente, en la pornografía, en las telenovelas, etcétera. Las imágenes y los soportes a partir de las cuales se difunden son la industria cultural que refleja y sostiene nuestras interpretaciones del mundo. Es ahí en donde ciertas representaciones ocupan un lugar privilegiado y se vuelven hegemónicas, se vuelven las verdades más verdaderas.

Otro ámbito en el cual ocurre esto es en la academia. Lo que producimos en las universidades también impacta en las vidas cotidianas de las personas. Es el caso del gender. Marta Lamas tiene un texto titulado Usos y dificultades de la categoría género, en donde explica que el género es una categoría polifónica, utilizada de muy diversas maneras, y que incluso su significado en inglés y en español es distinto. Pocas personas conocen que la categoría gender fue acuñada en la década de 1950, de manera simultánea en dos localidades de Estados Unidos –en el Johns Hopkins Hospital de Baltimore, y el segundo en la Gender Identity Research Clinic en la Universidad de California en Los Ángeles. Fue ahí en donde John Money, en el primer centro, y Robert Stoller, en California, atendieron casos de transexualidad e intersexualidad, al tiempo que se cuestionaban sobre el desarrollo y el establecimiento de la identidad sexual. A ambos autores se les atribuye la noción de identidad de género, que cada uno definió de manera distinta. Fue después que la categoría género se retomó y resignificó en el marco de los estudios de antropología feminista y más adelante en los estudios gay, lesbianos y queer, en donde la teoría de género se desarrolla y vincula en consonancia con un proyecto político de des esencialización y des naturalización del sexo y las prácticas sexuales.

Pero de manera simultánea, el gender se mantuvo en su vertiente médica y forma parte del vocabulario con el cual explicamos, clasificamos e intervenimos la intersexualidad y la transexualidad. Dadas las lógicas de modernidad y globalización de los saberes, estos protocolos se continúan difundiendo y aplicando en gran parte del mundo, incluido México. Es por ello que, al igual que en este festival el cine es un camino para abrir la reflexión a otros saberes posibles, nosotras pensamos que la experiencia de las personas intersexuales es una oportunidad, una puerta abierta para la reflexión, para permitir un cambio de lugar en donde las palabras encuentren otra manera de ser escuchadas.

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