Mí salida del closet: El persistente tabú sobre la intersexualidad. Por Janik Bastien-Charlebois

Mí salida del closet: El persistente tabú sobre la intersexualidad

Por Janik Bastien-Charlebois

Fecha de publicación: 9 de agosto de 2015

Traducción al español de Laura Inter de “My coming out: The lingering intersex taboo” por Janik Bastien-Charlebois para Montreal Gazette

Fuente: http://montrealgazette.com/life/my-coming-out-the-lingering-intersex-taboo

Janik Bastien Charlebois es una profesora de sociología en la Université du Québec á Montréal. INS A KROMMINGA
Janik Bastien Charlebois es una profesora de sociología en la Université du Québec á Montréal. INS A KROMMINGA

Intersexualidad. Pocas personas han escuchado el término, y quienes si lo han escuchado, a menudo lo confunden con una <<tercera>> identidad de género o con la figura mítica del hermafrodita, asumiendo que poseemos tanto genitales masculinos como femeninos, ambos típicamente definidos.

Este no es exactamente el caso. Para explicar quienes somos, necesitamos nuevas palabras, o nuevos encuadres de cuerpos e identidades. Pero para que las personas entiendan la intersexualidad como verdades vivientes y no como conceptos desencarnados, tenemos que hablar de ello con nuestras propias voces, mientras cuidadosamente limpiamos el camino entre eufemismos, que amenazan con hacernos retroceder hacia el silencio de un tabú que alimenta las violaciones de derechos humanos que se cometen contra nosotrxs, y un lenguaje directo que puede ser tergiversado hacia el voyeurismo y cargado con otro significado.

Puesto más claramente, ya sea que seamos objetivados y maltratados por la medicina, la cual nos ha borrado de la conciencia pública con bastante éxito, o seamos sometidos a las fantasías de otras personas, búsquedas con propósitos personales, y búsqueda de emociones por el sensacionalismo. Aún así, muchos entre nosotrxs están convencidos de que nuestra existencia debería – y podría – convertirse en una que no sea dramática, y solo ser otra faceta de la experiencia humana.

Mi historia es una de muchas. Empezamos a alzar la voz hace 20 años, y aún más están añadiendo sus voces como personas que nacieron con cuerpos que desafían las definiciones normativas de lo masculino o femenino. Sin embargo, ya que pocas personas saben sobre intersexualidad en Québec, y muchas personas intersexuales todavía llevan vidas aisladas, estoy aprovechando esta oportunidad que me dio The Gazette para presentar la historia de como es que “salí del closet”. Me estoy abriendo esta vez desde un nivel personal, ya que puede ser una de las pocas posibilidades, para las personas que hasta ahora pensaban que estaban solas, de conectar sus historias con la mía y la de otras personas intersexuales. También estoy haciendo esto como una manera para crear conciencia acerca de las cuestiones intersexuales.

Nací con un cuerpo intersexual. En mi certificado de nacimiento, el obstetra marcó la casilla de sexo femenino, pero anotó un signo de interrogación al lado de esta casilla. Me enteré de esto hace dos años, que fue cuando conseguí mis registros médicos. Aunque a la socióloga y feminista que hay en mi, esto en realidad le pareció divertido, lo que le siguió fue aleccionador. Este obstetra me envió inmediatamente a Saint-Justine, lejos de mis padres, donde fui sometida a un conjunto de pruebas durante más de dos semanas. De esto me acabo de enterar hace dos semanas, y aún estoy por determinar la naturaleza de todas esas pruebas (¿e intervenciones?), a las que fui sometida. Después de todo, hicieron que mi madre firmara un formulario de consentimiento en blanco, un día después de mi nacimiento.

Esto es común en las experiencias de vida de las personas intersexuales. Sabemos muy poco de nuestras propias historias. O somos conscientes de verdades a medias, el resultado del paternalismo médico y la suposición falsa de que <<lo que no sabemos, no nos hará daño>>. Mi madre se puso furiosa cuando le mostré su formulario de consentimiento en blanco. Ella no lo recordaba, y agregó que estaba en un estado físico tan débil, después de haber dado a luz, que no pudo comprender la magnitud de lo que tuvo que firmar. Por otra parte, estamos entrenados para confiar en el juicio médico, así que es muy difícil resistirse. Sin embargo, debo decir que me siento muy agradecida con mi madre e impresionada, sobre como es que se las arregló para rechazar la sugerencia del médico de que mi clítoris fuera sometido a una modificación, que en el momento de mi nacimiento hubiera significado una clitoridectomía.

Aunque cedió a la solicitud de visitas cada uno o dos años al médico, con la finalidad de que mis genitales fueran revisados. Ver como es que de <<desarrollaban>>. Así que crecí con estas visitas, donde un médico, “cortés” y silenciosamente, hacía que me quitara mis pantalones, que me recostara en el papel blanco y frío de la mesa de exploración, y tocaba y empujaba mi clítoris, preguntándome si sentía algo. ¿Qué es lo que un niñx debería responder?

No crecí pensando que era <<intersexual>>. No crecí sintiendo vergüenza de mi cuerpo. Pero de manera gradual comencé a sospechar que algo estaba mal. Ningún otro niñx era sometido a estas visitas regulares para que sus genitales fueran revisados y tocados. Sin embargo, ninguna explicación o razón de salud fue dada –ni pudiera ser dada – por esto, nada me fue dicho acerca de mi diferencia, excepto en dos ocasiones. La primera del médico, quien claramente se veía que estaba buscando las palabras para explicarme, cuando se inclinó hacia mí y dijo, como si fuera un asunto sumamente delicado: <<Es como si tuvieras un pequeño pene>>. No mencionó palabras como <<malformación>>, <<clítoris hipertrofiado>> y <<pseudo-hermafroditismo>>, que si fueron mencionadas a lo largo de todo mi expediente médico. El hecho es que, la analogía del pene, no me molestó para nada. Recuerdo que pensé que tenía sentido, y tuve la reacción típica de cualquier niñx: <<ok, esta bien>>. La segunda ocasión, sucedió un poco más tarde, fue a través de mi madre y, supongo, que lo que dijo refleja lo el médico le comentaba después de mis revisiones. <<Clítoris Hipertrofiado>>. Una palabra aparentemente científica. Pero con una carga más pesada que <<pequeño pene>>. No tiene nada de malo un pene, pero si esta palabra <<hipertrofiado>>, que significa <<más grande de lo normal>>… ¿Según quién?

Alrededor de los 10 años de edad, le dije a mi madre que no quería que me sometieran a otra de esas revisiones. Y una vez más, aceptó maravillosamente mi petición. Los médicos me habían inculcado cada vez más y más vergüenza, y durante las visitas y después de ellas me sentía sucia. Pero no tenía palabras para describir esa clase de agresión sexual, ni creía que esto se pudiera aplicar en un contexto como ese, habiendo sido criada para ver a los médicos como profesionales benevolentes en los cuales debía confiar, y que tenían derecho a acceder a mi cuerpo.

Este proceso de desposesión es insidioso. Nos han dicho que nuestros cuerpos nos pertenecen en las clases de sensibilización en la escuela o nuestros padres, excepto que la experiencia, frecuentemente trae consigo otro mensaje, y este es particularmente el caso de las personas intersexuales. Aprendemos desde temprana edad que nuestros cuerpos pertenecen a la medicina, y que los médicos tienen la autoridad final para juzgar su valor. Ciertamente, la medicina no es la única institución problemática. Pero influencia a la perspectiva de las personas acerca de lo que es saludable y lo que no. De lo que debería ser transformado y lo que no.

A pesar de que mi madre me hizo saber la <<oferta>> médica, de que podría <<elegir>> más tarde si quería <<corregir>> mis genitales, no pasé mi adolescencia deseando la cirugía. Me sentía diferente, en muchas cosas y especialmente en la expresión de género, pero no quise conformarme solo para complacer a los que me agredían, ya que sabía que eso solo contribuiría a que yo dirigiera la violencia hacia mi persona. Tenía indicios de sentir deseo hacia las mujeres, pero los reprimía fuertemente. Y al igual que la intersexualidad es desconocida hoy en día, yo sabía muy poco de la palabra <<lesbiana>> , y su significado era tan malentendido, que nunca se me ocurrió que encajaba perfectamente en como yo me sentía. El tener un cuerpo diferente me hizo mezclar las cosas, y tenía la tendencia a evadir las preguntas acerca de mis sentimientos de amor y deseo, con el argumento de que ya era lo suficientemente diferente como para dramatizar más las cosas. Un poco abrumadora es una buena palabra para describir la relación con mu cuerpo y mis sentimientos. No demasiado, pero con este trasfondo de desposesión. La medicina reclamaba mi cuerpo, y aunque ya no iba a las visitas para revisiones, eso no hizo que cuestionara la legitimidad de los médicos que juzgaban mi cuerpo como defectuoso. Y aunque yo no lo sentía como defectuoso, ¿qué valor tenían mis sentimientos, comparados con la <<experiencia>> profesional de una persona adulta?

Una vez, poco antes de mi cumpleaños número 17, mi mamá me dijo, mientras conducía en su automóvil, que si quería que la cirugía fuera gratuita tendrían que realizármela antes de que cumpliera 18 años. De lo contrario, sería considerada una cirugía cosmética y tendría que pagar por ella – algo que sería bastante caro, al punto de llegar a ser inaccesible para una persona joven como yo. Me enfrenté con un ultimátum. No deseaba la cirugía, pero me sentía insegura acerca de si alguien me amaría tal cual era, y tenía miedo de que encontrar el amor después de los 18 años, representara un riesgo. Y además, después de todo ¿no era eso algo que tenía que hacer? La <<enfermedad>> y las <<malformaciones>> tienen que ser curadas, no conservadas. Y aunque me ofrecieron una <<opción>> [de la cirugía], el hecho de que fuera ofrecida, transmite el mensaje de que es algo que tendría que hacerse. El hecho de que mi clítoris fuera tocado y empujado en mi juventud, me hizo creer que no era realmente mío, y que tendría sentido que la medicina removiera cualquier cosa que encontrara que sobraba en mi cuerpo.

Tenía 17 años cuando fui a ver a un médico para que examinara mis genitales por última vez, preguntando de nuevo si <<sentía algo>>. Me dijo que si me sometía a la cirugía, podría perder algo de sensibilidad. La sexualidad era algo ajeno para mí, ya que estaba sumergida en una cultura heterosexual y omnipresente. Así que dije, claro <<está bien>>. Y firmé un formulario de consentimiento para una cirugía en el Hospital de Sainte-Justine. Recuerdo haberme sentido incómoda con los términos, que daban a entender que era mí decisión y solo mía, castigándome por adelantado en relación a las dudas e inseguridades que pudiera tener. Desposeída y abrumada, atravesé la máquina de conformación como un autómata sobre rieles.

La enfermedad del tratamiento post-operatorio, y del dolor de la herida, me pegaron muy duro. Nunca había experimentado esos dolores punzantes en mi vida, como si los nervios estuvieran muriendo – nunca me dijeron que sufriría esos dolores. Y nunca me imaginé que mis genitales post-operados tendrían una apariencia de un <<algo>> abultado y espantoso – ni siquiera me dijeron que apariencia tendrían. Recuerdo que en un momento de fugaz lucidez, mientras yacía en mi cama en la primera noche después de la cirugía, veía al techo de mi cuarto de hospital y pensaba: <<Un día voy a tener que lidiar con todo esto>>. Sin embargo, la autoprotección es fuerte. Esto no resurgió completamente, hasta 18 años después, y sucedió poco a poco, progresivamente.

De acuerdo con la heterosexualidad obligatoria, unos meses después, tuve un novio. A lo largo de todo el noviazgo la sexualidad continuó siendo algo ajeno. Un año después de la cirugía, fui invitada a una revisión de seguimiento en Sainte-Justine. El médico preguntó como va <<eso>>. Yo dije <<bien>>. ¿Cómo iba a quejarme del dolor que sentía, si yo decidí someterme a la cirugía? Y ¿cómo podía expresar mis dudas, si eso equivaldría a poner en duda la competencia y profesionalidad del médico? ¿Quién era yo para hacer algo así? Lo que los médicos hacen, lo hacen con perfección y experiencia en el arte. En otras palabras, los <<problemas>> que pudiera encontrar, serían el resultado de mis propios defectos psicológicos. Sospecho algo más profundo también. Al haber dado mi <<consentimiento>> para la cirugía, ¿cómo podría arrepentirme de una transformación tan grande?, ¿cómo podría vivir con este arrepentimiento?

Adelantándonos cuatro años. Estoy en el medio de mi liberadora salida a la luz como lesbiana. Siento como si me quitara una gran carga de mis hombros, ya que una parte de mi por fin tiene sentido. De alguna manera encuentro el amor, pero aún algo se me escapa. Mi cuerpo aún es parcialmente ajeno para mí, parte de el esta estropeado para mí. Y aunque llevaba una vida con sus normales altibajos, el abrumador trasfondo permanece, porque no tengo las palabras, ni el contexto para entenderlo.

Pronto me encontré sumergida en los Estudios de Género y las perspectivas feministas. Estas hablaban a mi experiencia, incluso aunque no hablaban de esta. Pero eventualmente, me encontré con el libro <<Sexing the Boby>> de la bióloga Anne-Fausto Sterling, donde describía el tratamiento al que las personas intersexuales eran sometidxs. Eso fue en 2001. Devoré el libro desde la portada hasta la última página, leí detenidamente las notas finales. Y, a pesar de que una de las cirugías a las que fui sometida estaba ilustrada en el libro, aún no era capaz de hacer la conexión. Mi historia no era tan dramática como la de los otros. Nunca me dijeron <<Eres intersexual>>, estaba enmarcada como “única”, como si ninguna otra persona como yo hubiera caminado sobre la tierra.

Curtis Hinkle, un reconocido activista intersexual, visitó Montreal durante las festividades del Orgullo LGBT de ese mismo año, y dio dos conferencias acerca de la intersexualidad. Fui a la primera. La cual me habló a mí, pero aún sentía que no podía considerarme intersexual, a pesar de todos los puntos en común. Fui a hablar con el después de la conferencia y le dije acerca de la cirugía a la que fui sometida. Por alguna razón que desconozco, pero que sospecho porque lo hizo, él nunca me dijo <<tu también eres intersexual>>. Tal vez asumió que yo ya lo sabía, o no quería imponérmelo. Fue hasta el año 2005 cuando hice la primera pequeña conexión. A través de una conversación anecdótica con alguien, quien después se convirtió en un amigo, escuché que dijo, en la conferencia siguiente, que una persona intersexual se había acercado a él. Esa persona solo podía haber sido yo. Y sí, al final todo eso tenía sentido. Como otras personas intersexuales, sufrí la invalidación médica del cuerpo con el que había nacido. Las personas intersexuales nacen con cuerpos que presentan una combinación de características sexuales, primarias y secundarias, que están asociadas con rasgos típicamente masculinos o femeninos, o están en un estado intermedio. Podemos identificarnos como mujer, hombre o ninguno de los dos. Nuestro cuerpo no dicta nuestra identidad. Así que alguien podría decir <<soy una mujer intersexual>> para referirse a la diferencia corporal o a la experiencia de ser <<intersexuado>> por la medicina o la sociedad. A menudo, el decir que somos intersexuales, viene con una conciencia política que cuestiona el juicio que la medicina hace sobre nuestros cuerpos, y las comunes intervenciones cosméticas, no consensuales, a las que somos sometidxs.

Supuestamente, hoy en día, los médicos han disminuido el enfoque basado en el silencio que habían usado con anterioridad. Esto no se traduce en la salida del aislamiento, sino en la exposición a los diagnósticos. Entonces, las personas son divididas y separadas en una serie de <<síntomas>>: como <<síndrome de insensibilidad a los andrógenos completo>>, <<insensibilidad a los andrógenos parcial>>, <<hiperplasia suprarrenal congénita>>, <<deficiencia de 5 alfa reductasa>>, <<Klinefelter>>, <<Turner>>, <<mrkh>>, <<hipospadias>>, etc. Como dijo elocuentemente Claudia Astorino, en su artículo altamente recomendado <<Cuando la intersexualidad se encuentra con el lesbianismo>> [ http://wp.me/p5qR2G-7i ] : “Tenía esta idea, cuando era más joven y conceptualizaba la intersexualidad como una condición médica que “yo tenía” – no como alguien que SOY, como una persona intersexual –pensaba que si solo pudiera eliminar las partes intersexuales de mi cuerpo, podría llegar a esta niña auténtica, verdadera que vivía en mí interior. O tal vez esa parte estaba contaminada y nunca podría ser mi verdadera yo, a causa de que las partes intersexuales estaban todas arremolinadas o me habían cambiado, y no podía regresar y ser la persona que se “suponía” tenía que ser. Todo esto era una tontería, ahora me doy cuenta, pero tuve que trabajar para entender que mi intersexualidad no era esta “cosa extra” que se estaba metiendo con mi verdadero yo. Mi intersexualidad es parte de mí. Soy mí verdadero yo, debido a estas partes intersexuales, no a pesar de ellas.”

Después de conectar los puntos, me tomó un par de años ser políticamente activa en el activismo intersexual. A pesar de que había adquirido muchas herramientas feministas y críticas, durante mi participación en el activismo LGBQ, aún sentía que en el fondo existía algo sucio acerca de nosotrxs. Pero lentamente, muy lentamente, comencé a compartir mi experiencia intersexual a amigos cercanos, que fueron muy receptivos y cálidos. Lo que me sacó de esta autocomplacencia, fue escuchar de boca de la misma Anne-Fausto Sterling, cuando visitó la UQÁM en 2009, la Universidad en la ahora trabajo, que los médicos habían adoptado en 2005 una nueva terminología que nos describía: <<Desórdenes/Trastornos del Desarrollo Sexual>>. Estaba furiosa. Todos mis conocidos de la comunidad LGBT y feminista se sintieron molestos y alzaron la voz debido a que ese término era uno profundamente equivocado. Yo no era un desorden o trastorno. El que enmarcaran mi cuerpo como una patología, fue precisamente lo que había hecho que sufriera agresiones sexuales médicas y sentimientos de desposesión corporal.

Aún así, me puse realmente en marcha en el activismo hasta 2012. El reunirme con otros activistas intersexuales por primera vez, fue profundamente liberador y difícil al mismo tiempo, ya que muchos de nosotrxs experimentamos una especie de shock al enfrentarnos, a través de las experiencias similares de los demás, a la verdadera extensión de las experiencias a las que fuimos sometidos. Este shock es similar al de las víctimas de agresión sexual, quienes de alguna manera, normalizaron las agresiones que sufrieron, pensando que <<así es como son las cosas>> o que <<de alguna manera, lo merecían>>. O que <<esto o aquello>> <<no fue realmente>> una agresión sexual, porque fue un <<cumplido>>, fue algo que <<no consistió en una penetración>>, no me <<resistí activamente>>, era solo <<afecto>> de una figura de autoridad en la que nos han enseñado a confiar, o que lo <<teníamos merecido>> porque es nuestro marido. El malestar y el dolor estuvo ahí todo el tiempo, pero no hay palabras para problematizar lo que lo ha causado.

El reunirse con otras personas intersexuales es reconfortante, en el sentido de que entendemos que nunca hubiéramos imaginado esta <<realidad paralela>> en la que nos han puesto. Nos damos cuenta que compartimos muchas experiencias similares, en diferentes grados: conocimiento parcial y retenido, silencio, objetivación médica y curiosidad perversa, tabú, reforzamiento del género [asignado], la sensación de ser seres ajenos o sentirnos solos en el mundo, desposesión de nuestros cuerpos, vergüenza, pérdida de sensibilidad sexual, trauma por agresión sexual debido a las revisiones no consensuales y las cirugías, efectos secundarios negativos debido a las cirugías, efectos secundarios negativos debido a tratamientos hormonales, por mencionar unos pocos. No he conocido a *nadie* que se haya sentido feliz con el tratamiento no consensual al que fueron sometidos, o que considere que está bien el someter a los niñxs intersexuales a tratamientos cosméticos no consensuales, y no médicamente necesarios. Sin embargo, pocos de nosotrxs salimos a la luz. Aún con todos los recursos que tenía a la mano, me tomó años salir a la luz. En Québec, no soy la única que lo hizo, pero el mantenerse bajo la mirada pública y ser activista, tiene consecuencias.

Pelear por nuestros derechos humanos, significa chocar contra el poder médico, su prestigio y autoridad. Significa sumergirse en lo que están haciendo y diciendo acerca de nosotrxs, lo cual es altamente problemático, por decir lo menos. Desde el principio, la gran mayoría de los médicos, que se especializan en el manejo de los niñxs intersexuales, han sido desdeñosos e irrespetuosos con las personas intersexuales que han tenido el valor de pedir un cambio. Y Québec no es la excepción. Dos médicos de Sainte-Justine acaban de decir públicamente que el activismo intersexual no sabe de lo que está hablando, que los activistas son egocéntricos, y que, al contrario de ellxs, las personas intersexuales supuestamente felices, no se jactan de su felicidad en público. En un contexto en el que no existen estudios independientes, y de seguimiento a largo plazo, que sustenten dichas afirmaciones, estas resultan bastante odiosas. Esta supuestamente satisfecha mayoría, nunca a aparecido en más de veinte años, a pesar del hecho de que ellxs deberían estar en una mejor posición para hacerlo que nosotrxs. Y mientras nos gusta señalar con el dedo a <<otras culturas>> que practican mutilación genital femenina, nuestra institución médica ha desarrollado, desde la década de 1950, una tradición similar alrededor de los niñxs intersexuales. La justificación es la misma, solo difiere en las herramientas esterilizadas, las técnicas anestésicas, y el recurso performativo de un juicio basado en la ciencia.

Afortunadamente, estamos haciendo incursiones y experimentando pequeñas pero valiosas victorias. Organizaciones internacionales que son clave, han declarado que deben detenerse las violaciones de derechos humanos a nuestra integridad corporal, autodeterminación y dignidad. Entre ellos, el relator especial de la ONU sobre la Tortura y otros tratamientos y castigos inhumanos y degradantes (A/HRC/22.53; 2013); El Consejo Europeo a través de su resolución de 1952 sobre los derechos de los niñxs a la integridad corporal; el Comité de la ONU para los Derechos del Niño (CRC/C/CHE/CO/2-4; 2015); el comisionado del Consejo Europeo para los derechos humanos; el alto Comisionado de la ONU para Derechos Humanos (A/HRC/29/23; 2015); y la Organización Mundial de la Salud a través de su último reporte: <<Salud sexual, derechos humanos y la ley>>. Hasta la fecha, un país prohíbe las intervenciones no consensuales y cosméticas en niñxs intersexuales, y ese es Malta. Esto no es ajeno al hecho de que la ILGA sostuvo el tercer foro internacional intersexual en ese país en 2013, en el que tuve la oportunidad de participar.

Aunque salí a la luz como lesbiana, cerrando las puertas del closet detrás de mí de manera ruidosa, el salir del closet como intersexual y compartir partes de nuestras historias, es una tarea mucho más delicada. Simbólicamente nos estamos desnudando en frente de personas quienes no tienen las herramientas necesarias para entender quienes somos – ya que no contamos con un cuerpo médicamente normativo de mujer u hombre – así que las personas usan su imaginación tratando de construir una imagen mental de nosotrxs. No tengo el deseo de alimentar el voyeurismo, sino más bien la humanización. Estoy segura que muchas personas que lean esta historia conectarán a una dimensión de la experiencia intersexual, incluso si no son intersexuales. Esta es la clase de historias que ayudarán a las personas a entender mejor que es de lo que estamos hablando, cuando discutimos violaciones de derechos humanos a la integridad física, autodeterminación y dignidad de las personas intersexuales. Sin embargo, el completo reconocimiento de nuestra humanidad, debe ser debido a que se tomen en serio nuestras experiencias, no sintiendo que tienen derecho a ellas, o que esperen que compartamos nuestras historias personales cada vez que hablamos. No todas las personas intersexuales, estarán dispuestas a compartir las dimensiones personales de sí mismas, no tendrían porque hacerlo.

Para aquellxs que [al leer esto] reconocieron partes de su propia historia o puntos en común, no están solxs. Y si desean conocer a otras personas intersexuales, pueden ponerse en contacto con el Comité e visibilité intersexe/Intersex visibility committe del Centre of Gender Advocacy en la universidad de Concordia. ¡Son bienvenidxs!

Janik Bastien-Charlesbois es una profesora de sociología de la Université du Québec á Montréal.

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