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Bajar la persiana (…¿?)
Por Cabalga (Argentina)
Mi madre solía decirme en sus últimos años de vida que le había bajado la persiana a las relaciones afectivas luego del último desengaño con mi padrastro, idéntico al fracaso anterior con mi padre biológico, ambos por infidelidad. “Yo bajé la persiana hace años”, solía decir… Hoy ya hace más de 10 años que no tengo novias y que yo mismo cerré la persiana, medio no queriendo “joder” a nadie, ni tener que andar explicando o pretender ser entendido en los momentos en los que es más natural el desenfreno, la pasión, el no pensar, el sentir. Mis dos o tres últimas experiencias con mujeres me hicieron decidir quedarme solo. No me enorgullezco de la sexualidad que tengo, frente al monitor, pero cuando se trata de seres humanos me gusta sentirme atractivo para la otra parte, y no era algo que me estuviera saliendo.
“Mirá que me vas a enseñar a agarrar una pija”. En plena pandemia, con todes a golpe de nocaut en proceso de deconstrucción, la frase salía de una mujer bien formada, madre, digamos sensible, con la que tuve dos breves encuentros, medio porque “se acaba el mundo” (supimos bromear). Yo le estaba explicando en qué zona de mi pene siento dolor, para que tuviera cuidado. Su respuesta me alejaba años luz de la posibilidad de sentirme realmente entendido en esto que me pasaba en el cuerpo. Esto que me empezó a pasar y que no se detiene.
Varios años antes… 6 o 7… mi anterior experiencia también había sido con una mujer formada, universitaria, sensible. Aquello había terminado, entre otras cosas, luego de que me dijera “no entiendo cómo la chupás tan bien y lo hacés tan mal”… a pesar de haber escuchado los intentos de explicación que esbocé sobre las características de mi machacado pito.
Remarco que se trataba de mujeres formadas no por juzgarlas, sino para señalar lo difícil que resulta lograr ser entendido siendo una persona intersexual… incluso por ellas, personas amorosas. Y eso habiendo yo sido mutilado, mirado, manoseado, criticado y juzgado de bebé, niño y adolescente. Es realmente difícil hacerse entender ante cualquier persona: un médico, un psicólogo, e incluso entre nosotros mismos. Siempre hay más por saber, por comprender. Es muchísima información y no es que sea nada raro… son muchísimos años callando, silenciando, tapando. Es muchísimo el saber por recuperar.
Incluso a nivel familiar. He dimensionado con los años el gigantesco silencio que siempre hubo alrededor del tema en mi familia y entorno, al punto de que mi hermana, con quien nos llevamos un año, manifestó hace un par de años no haber sabido nunca nada de mi intersexualidad. A su vez, algunos de los familiares que sí lo supieron lo utilizaron para estigmatizarme con frases como “siempre tuviste problemas de chiquito” (comentarios en redes sociales de mi tía madrina), cuando asomaban mis propuestas de oveja negra en las charlas sobre el tema que fuera.
Como en el caso de mi madre (quien murió sola y alejada de las mismas amistades que le recomendaron avanzar con mis operaciones y que le habían conseguido a su segundo marido infiel), la persiana casi se había bajado por sí sola. Yo había dejado de salir, de buscar, de proponer. Mi sexualidad se convirtió en ese lugar oscuro donde apenas da la luz del monitor, y de donde tampoco es fácil salir, mucho menos estando solo.
Siempre sentí que nunca nadie me entendió realmente, hasta que llegué a la comunidad INTERSEX, donde no tuve que explicar nada y ya me sentí plenamente comprendido desde el momento cero. Solo llegar me ha cambiado el panorama por completo. Me lleno los ojos leyendo historias en Brújula Intersexual, que me cuentan y me enseñan que las personas intersex también podemos tener una vida amorosa. He comenzado a compartir mis días con una gran cantidad de seres maravillosos intersexuales de todo el país… gracias a los tremendos actives de Potencia Intersex en Buenos Aires, a los que no dejo de ir, y al foro por Zoom que compartimos cada 15 días con seres intersexuales de todo el planeta. Todo esto me empuja a tirar de la rienda para subir la persiana y dejar entrar la luz nuevamente. Para explicar, contar, detallar, escuchar y aprender. Dar y recibir. Me dan esperanzas de conocer a alguien a quien no ofender, ni espantar.
Haber llegado a la comunidad internacional intersex mediante la IA de Google (Gemini) me salvó la vida, me devolvió las ganas de vivir nuevas experiencias y de sentirme compartible y disfrutable nuevamente, desde la empatía, la resiliencia y el amor…
Abro la persiana, hoy… por primera vez consciente de ser una persona intersex… pero a la vez me es imposible no pensar en las personas que no lo lograron, los que no llegaron hasta acá, o los que simplemente están encerrados en sus casas, viviendo solos, sin avizorar ese futuro que está listo para hacerse presente. A clic de mouse, a picaporte de puerta, a un paso de. Con los demás. Siempre con otros. Para ellos, y parafraseando a un amigo que ya no está… convido: “vamos para arriba, que para abajo ya somos guías turísticos”. ¡Salú!
CABALGA

