Desahogó | Izan (Venezuela)

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Descripción de imagen: La imagen muestra a un joven sentado frente a un hospital público en Venezuela, con expresión de cansancio y preocupación. Sostiene una bolsa con medicamentos mientras observa el hospital, rodeado de personas, vehículos y árboles.

Desahogó

Por Izan (Venezuela)

Quiero escribir y sacar tanta frustración que llevo dentro. Como muchos ya saben, soy una persona intersexual de Venezuela que, después de una cirugía que no decidí, quedó con su salud comprometida. En esa cirugía extrajeron mis testículos sanos. Ya llevo más de 10 años luchando con síntomas que cada vez se hacen más insoportables.

En la actualidad estoy pasando por una falta de energía que me está limitando en todas las áreas de mi vida, y ya no solo es cansancio mental, sino también físico.

¿Por qué me siento frustrado? Pues vivir en un país como Venezuela, donde para nadie es un secreto que estamos sobreviviendo, donde alimentarse bien es todo un reto, y ni hablar de los hospitales, los precios de las consultas, las pruebas de laboratorio y los medicamentos que actualmente tengo que mantener.

Sin embargo, en la medida de lo posible, he tratado de costear todo, sacrificando quizás otras necesidades, pero priorizando mis tratamientos médicos, y aun así no logro una estabilidad en mi salud. Sentir que para muchos médicos mi caso parece complejo, que muchas veces no tienen ni idea de qué hacer conmigo.

Gracias a un grupo de médicos que, sin pensarlo dos veces, sin analizar qué podía pasar si me hacían esa cirugía, simplemente lo hicieron. Ahora nadie entiende qué está pasando conmigo.

A veces paso momentos de tanto malestar que tengo que acudir a Emergencias porque siento que no aguanto más. Por lo tanto, les quiero contar una mala experiencia que tuve en una de mis visitas a Emergencias.

Una doctora, que por casualidad era la segunda vez que me veía en ese sitio, me dijo: “¿Otra vez tú? Sí, ya sé que vienes cansado, con dolores musculares, pero aquí no podemos hacer nada por ti. Aquí ignoramos lo que está pasando con tu cuerpo. Quizás en 5 o 10 años podamos hacer algo por ti, pero por el momento no te puedo ayudar”.

¿Ustedes se imaginan cómo me sentí?

Aparte del malestar físico que me hizo acudir a ese sitio, esa respuesta me hizo sentir que no hay nada que hacer, que debería quedarme en mi casa aguantando tanto malestar.

Y en parte puedo entender a esa “doctora”, si se le puede llamar así, pero si tú vas a un sitio sintiéndote mal, lo que esperas es que te examinen, te tomen los signos vitales, quizás puedan colocarte algo para el dolor, no sé, sentirte atendido.

Esa doctora no se imagina el daño psicológico que causó en mí. Sin embargo, soy una persona tan fuerte que no me he rendido, que sigo luchando para mantenerme de pie, que sigo con la esperanza intacta de que en su momento algún tratamiento funcione.

Quizás no hemos encontrado la dosis exacta. Quizás no tenga que ver con las hormonas, sino con otra falla en mi cuerpo.

¿A dónde quiero llegar con todo esto?

Primeramente, como les mencioné, quiero sacar todo este dolor y frustración que llevo dentro. No es fácil llevar tantos años luchando con tantas cosas, porque ojalá fuera solo el tema de la salud, pero también está el tema económico.

Cada vez que voy a un médico y salgo con una orden de exámenes y una lista de medicamentos, empieza la lucha en mi cabeza: “¿Y ahora cómo hago para comprar esto y para hacerme esto?”. Y luego darme cuenta de que ya pude costear esos gastos y ver que no están funcionando, que sigo igual o peor.

Y, bueno, también quiero alzar mi voz en contra de las cirugías médicamente innecesarias y sin consentimiento en niños y en cualquier persona intersex. Eso nos daña la vida.

Esa es la causa de todo esto que tengo que vivir hoy en día.

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