Dos nombres, una misma historia | Por Ma Jesús HG

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Este retrato de Ma Jesús forma parte del proyecto Somos Personas. Fue realizado por Laura Inter, 2026

Dos nombres, una misma historia

Por Ma Jesús HG

Mi primer nombre fue José de Jesús. Nací en la década de 1980, en un pueblo del estado de Jalisco, México. Después de varias interrogantes y valoraciones médicas, los especialistas determinaron que mi cuerpo no encajaba en lo que consideraban el desarrollo típico de un niño. El diagnóstico inicial fue: genitales ambiguos. Más tarde, los médicos decidieron que lo mejor sería que creciera como niña, decisión a la que mis padres accedieron.

Crecí siendo una niña muy reservada, llena de miedos y con el temor constante de ser señalada por no ser “normal”. En casa nunca se habló del tema; era algo que permanecía en silencio, como si no existiera.

A los dos años de edad comenzaron las cirugías. De acuerdo a distintas valoraciones médicas, los especialistas en genética consideraron que mi caso podía corresponder a un “hermafroditismo verdadero”, por lo que se indicó realizar una laparotomía exploratoria y la extracción de mis gónadas: una gonadectomía. Por su parte, urología programó una clitorectomía*.

* La clitoridectomía o clitorectomía es la extirpación quirúrgica, reducción o extirpación parcial del clítoris.

Durante mi adolescencia atravesé nuevamente una etapa de incontables consultas médicas y más cirugías. Todo sucedía en silencio. No tenía oportunidad de expresar mi opinión; simplemente obedecía las indicaciones de los médicos y no hacía preguntas.

Fui expuesta a incontables revisiones genitales en los consultorios, llegando incluso a ser fotografiada desnuda mientras varios médicos permanecían alrededor de mí observándome. En las consultas, los médicos les decían a los practicantes que un caso como el mío no era común. Por ello, muchas veces fui objeto de revisiones que sentía innecesarias, únicamente para observar mi cuerpo o fotografiarlo.

A pesar de todo lo que estaba viviendo, siempre me hacía la misma pregunta: ¿habrá más personas como yo?

Durante mucho tiempo quise conocer a otras personas que fueran como yo o que hubieran pasado por situaciones similares. Busqué en internet, pero durante muchos años no encontré respuestas ni personas con quienes pudiera identificarme. Mucho tiempo después conocí a Brújula Intersexual, una organización mexicana que trabaja con comunidades intersexuales, fortaleciendo a la comunidad mediante información, acompañamiento y apoyo emocional. Su trabajo busca contribuir a un mundo más justo, transformando las estructuras políticas, sociales y culturales que sostienen distintas formas de violencia y discriminación.

En Brújula conocí más personas como yo, y comprendí algo que cambió mi manera de verme: no estoy sola. Somos una gran comunidad, donde existe el cobijo, el acompañamiento y la posibilidad de compartir nuestras experiencias con personas que han recorrido caminos similares. También podemos acompañar a quienes apenas comienzan este camino, como las madres y familias que buscan respuestas para sus pequeños.

También aprendí que nuestros cuerpos son perfectos tal y como son; no se trata de encajar, sino de ser uno mismo, vivir con dignidad, ser felices y, sobre todo, tener la libertad de tomar nuestras propias decisiones sobre nuestros cuerpos.

Entendí que mis padres tomaron, en aquel momento, la decisión que consideraron mejor con la información que tenían. Sé que solo buscaban lo mejor para mí y que actuaron desde el amor y desde lo que los médicos les hicieron creer que era lo correcto.

Mi niñez y mi adolescencia no fueron fáciles. Pero, ¿para quién lo es? Hoy sigo en el camino de aprender, de conocerme, de reconciliarme con mi historia y de comprender que cada parte de lo que viví forma parte de quien soy.

Hoy puedo mirar hacia atrás y reconocer que mi historia no solo habla de las decisiones que otros tomaron sobre mi cuerpo. También habla de mi búsqueda, de mis preguntas, de mi resistencia y del momento en que finalmente descubrí que no estaba sola.

Esta es parte de mi historia, y hoy puedo contarla desde mi propia voz. Ahora soy Ma Jesús; sin embargo, José de Jesús siempre será parte de mi historia.

Y no quiero terminar mi historia sin agradecer a mi esposo, quien ha compartido conmigo parte de este camino, escuchándome, comprendiéndome y acompañándome con amor. Gracias por aceptarme tal y como soy. Tu amor y tu compañía me han enseñado que no tengo que esconder ninguna parte de mí para sentirme amada, respetada y valorada.

Gracias por ser parte de mi presente y por acompañarme a construir el futuro que hoy elijo vivir, con la libertad de ser yo misma y de honrar cada parte de mi historia.

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