Vivir mi transición, sostener mi vida | Por Izan

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Descripción de imagen: La imagen muestra a Izan recostado sobre una almohada de color verde menta, mirando directamente a la cámara con una expresión tranquila y reflexiva. Lleva lentes de armazón negro y tiene el cabello corto y rizado. En el fondo, sobre la pared, se observa un cuadro con la bandera intersexual (amarilla con un aro morado al centro).

Vivir mi transición, sostener mi vida

Por Izan (Venezuela)

Ya tengo el fuego que quería; ahora el reto es que no me consuma mientras intento que no se apague.

Como muchos saben, hace un año y dos meses, para ser exacto, comencé a realizar un sueño en mi vida: algo que me hace muy feliz y que me devolvió las ganas de vivir: mi transición. Empecé lleno de felicidad, muy motivado a hacer cambios en mi vida. En su momento no pensé en nada más… hasta que el tiempo me hizo caer en la realidad.

Comencé a tener dificultades en muchos ámbitos: en mi familia, porque no todos respetan mis pronombres ni mi identidad; en el trabajo pasa lo mismo. En muchas ocasiones he querido renunciar y dejar este lugar, pero ahí aparece la realidad más dura: el costo de mi tratamiento, las consultas médicas y el alto precio de los análisis de sangre. De eso depende que yo pueda seguir viviendo este sueño, esta vida con la que tanto soñé. Y me invade el miedo de algún día no poder más.

También me llena de rabia pensar en esa operación donde hace años extrajeron mis gónadas sanas, lo que dañó mi salud y ahora me cuesta tanto mantenerme sano.

Y, a pesar de todo esto, amo mi nueva vida. Amo mi nuevo yo. Soy mi proyecto más importante y preciado, y sé que cada esfuerzo vale la pena cuando, al mirarme al espejo, veo a este hombre con este brillo en los ojos de felicidad y de reconocimiento.

Nadie dijo que iba a ser fácil, pero tampoco debería ser tan difícil cuando lo único que queremos es vivir nuestras vidas con derecho a la salud y al respeto.

Esta transición me está desnudando. Hay días en los que el miedo financiero me quita el sueño y la montaña emocional parece no tener fin. Sin embargo, en medio de este desorden encontré una felicidad que no conocía: la de ser coherente conmigo mismo.

Estoy en construcción.

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