Mi vida en una página | Por Ana Ma

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Mi vida en una página

Por Ana Ma

Fotografía de Ana María, tomada por @gonzaro.dianis

Hace mucho quería escribirte, espero que estés bien, no sabes cuantas veces he querido contarte lo que te escribiré, pero la verdad había tenido sentimientos encontrados, porque, aunque no lo creas, no es fácil abrirse a los demás para contarles una parte de tu vida que es tan tuya, que incluso  muchas veces ni sabía manejar y menos podía entenderla. En fin, para no darle más vueltas te contaré.

Tenía 34 años cuando comencé este escrito, nací un 13 de enero de 1986 en la ciudad de Bogotá, Colombia, en el seno de una familia que esperaba mi llegada con mucha alegría y mucho amor. Claro, todos esperamos que el bebé llegue bien, pero aquí es donde empieza mi aventura. Nací a los 8 meses, donde según los médicos el bebé ya tiene varios órganos desarrollados y otros aun faltan por afinarse. En mi caso, además de esto, había varias otras cosas diferentes, sin saberlo, tenía hiperplasia suprarrenal congénita (HSC) virilizante perdedora de sal, ese fue el diagnostico luego de muchos  estudios que me realizaron.

Resulta que nací con genitales ambiguos, eso quiere decir que mi clítoris estaba “hiper-desarrollado” y no tenía conducto vaginal visible (estaban en el mismo conducto la vagina y uretra). Ahí, las cosas se pusieron complejas, ya sabes, o somos “niños” o somos “niñas” al nacer. Luego de ver que nací con genitales diferentes, realizaron estudios y entendieron que nací con HSC perdedora de sal, me hicieron un examen cariotipo en el que salió que mis cromosomas son XX y me asignaron niña. ¡Es una niña! Por fin determinaron que era y qué tenía. Todo ese tiempo estuve en el hospital, durante  mi primer mes de vida, solo pude ver a mi mamá una vez al día para que me amamantara. A partir de ahí, el hospital se volvió un segundo hogar para mí, porque gran parte de los primeros años de mi vida los pasé ahí.

Seguí creciendo y los doctores determinaron que se tenían que hacer varios cambios a mi cuerpo. A los 3 años me realizaron lo que llaman “reconstrucción vaginal” y “clitoroplastia”, me contaron que esta cirugía duró alrededor de 7 a 8 horas. Esta cirugía fue documentada en video, pero hasta el día de hoy no sé donde se encuentra ese video. Luego, para que pudiera sanar adecuadamente, me realizaron una colostomía, después de la cual básicamente tuve que quedarme quieta y que me cuidaran muy bien, cosa que mi familia hacía con mucho amor y mucho cariño. Después de la cirugía y la colostomía, se debían hacer controles y revisiones con los médicos para saber el progreso de la cirugía, según tengo memoria, esto se realizaba en unos auditorios donde había varios estudiantes de medicina observando, decían que era para que pudieran “aprender de mi condición”. Recuerdo que los estudiantes pasaban uno a uno a observar el resultado de la operación, y todos me veían mientras el doctor les explicaba qué había sucedido y cuál había sido el procedimiento que me realizaron. Aunque siempre lo hicieron de una manera que parecía respetuosa, la verdad me sentía observada, no sé cómo explicarlo, era muy incómodo, pero era “por la ciencia”.

Las cosas fueron así, y a medida que fui creciendo y llegó la adolescencia, bueno, ahí mis hormonas ya empezaron a enloquecer. Sabemos que cuando somos adolescentes la percepción es muy diferente, pero en mi caso mi experiencia fue extraña, no sé cómo decirte, sentía que estaba entre dos mundos: uno donde quería ser la chica mas femenina del universo, y otro en el que quería seguir siendo a la que no le interesaban muchas cosas, jugaba futbol y su círculo de amigos eran solo hombres. La verdad, aquí entre nos, siempre he amado que en mi grupo de amigos haya más hombres que mujeres, siento que me entiendo un poco más con ellos.

Al decirte que yo era algo extraña, no solo fue por los cambios físicos que tenía, sino también los  cambios de humor, y creía que ciertos gustos que tenía no eran “normales”. Pensaba que ya era suficiente con tener HSC y tener que pasar por todo lo que pasé… y ahora también tenía que entender que me gustaban las chicas.

En esos tiempos, recuerdo que tuve que tener un examen bajo anestesia general para comprobar que la cirugía del conducto vaginal que se realizó fuera “funcional” (según los médicos) y que a mi edad no se tuviera ninguna complicación, los doctores dijeron que sí era “funcional”, aunque después sugirieron que para que yo pudiera tener una “penetración normal” (refiriéndose a las relaciones sexuales heterosexuales), se debieran usar “expansores”, también quedo claro que no podría tener bebés que nacieran por la vagina, sino que debían nacer por cesárea. Fueron muchas cosas que asimilar, ¿verdad?.

Hasta aquí las cosas fueron complejas, en realidad no sabia como identificarme, si como niña rebelde, la lesbiana de la familia, la niña poco femenina, o más bien, como lo más cercano a un chico. Quería encontrar a alguien que me dijera la verdad de porque yo era así, pasaban tantas cosas por mi cabeza. Comencé una terapia psicológica, pero se concentró en el hecho de ser lesbiana, más no en ayudarme a descubrirme realmente.

Mi papá me dijo que aceptaría que su hija fuera lesbiana “el día que le diera un sustento científico de serlo”, todo se redujo a eso. El “sustento” llegó a mis 22 años cuando se habló con el endocrino y él le explicó a mi mamá que el tiempo que había estado en su barriga yo había recibido solo testosterona, y “esta era la causa de mi comportamiento en general”. En ese pequeño momento fui absurdamente feliz y enserio no sabes cuánto, había encontrado por primera vez la explicación que mi papá pedía para aceptar que yo era lesbiana. Sé que ser lesbiana no es algo que tenga que ser validado por la ciencia, pero eso ayudó en su momento a que mi papá aceptara mi orientación sexual.

Siguió pasando el tiempo, comencé a tener vello facial que parecía más una barba que simples vellos al azar, y mi personalidad y autopercepción siempre migraban de lo femenino a lo masculino. Tuve varias parejas las cuales supieron lo que pasaba conmigo en cuestión de salud (por los medicamentos que tenía que tomar para tratar HSC perdedora de sal), pero no supieron de todo lo demás.

Así, pasaron los años y conocí muchas personas, hasta que llegué a Brújula Intersexual, y allí, con la paciencia del mundo, me enteré qué tooodo eso era ser intersex. Contar con esa información fue algo así como un segundo momento importante en mi vida, ya que allí terminó de encajar todo, era la pieza que faltaba para comprender qué me sucedía.

Hoy tengo 36 años, tardé 2 años en escribir esto, pero resulta que ahora soy una mujer empoderada de su vida y de todo su contexto, una mujer que sabe manejar todo su interior y que se siente orgullosa de ser lo que es: una mujer intersexual.

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