Esta soy yo: mi historia Intersex. Por Susy Is

Esta soy yo: mi historia Intersex

Por Susy Is

* Esta historia fue compartida exclusivamente con Brújula Intersexual, si quieres publicarla en otro lugar, por favor escríbenos para pedir autorización a la autora: brujulaintersexual@gmail.com

Susy Inter

Contar mi historia intersexual me produce un sentimiento extraño y necesario a la vez, por un lado, me cuesta mucho trabajo hablar de mí y por otro siento que debo hacerlo para aportar mi granito de arena al dar visibilidad a la intersexualidad en mi mundo, en mi entorno, y algún día poder ver que se cambie la idea de muchos médicos de “normalizar” los cuerpos de los pequeños que nacen con rasgos intersexuales mediante cirugías innecesarias que modifican sus cuerpos de manera irreversible a la idea que se tiene de determinado género. Las personas intersexuales no estamos enfermas, y muchas veces con sus cirugías hacen que un cuerpo sano se convierta en uno lleno de problemas.

Mi nombre es Susy Ortiz, nací en la Ciudad de México, Distrito Federal conocida ahora como CDMX, pero desde los 7 años me fui a radicar al Estado De México con mi familia. Soy una mujer de 49 años y madre de una chica adolescente. Soy la segunda hija de cuatro hermanos, tengo una hermana y dos hermanos. Al nacer los doctores me asignaron el género femenino, aunque aparentemente, por testimonio de mis padres, no se percataron de mi intersexualidad (aunque más tarde me di cuenta de que pudieron haberme ocultado información). Solo me contaron que nací muy peludita de todo mi cuerpo, cara, cuello, brazos, todo mi cuerpo, pero a través de los meses ese vello se fue cayendo y solo me quedo un tipo de pelusa blanca o casi transparente en mi cara. En mis primeros años fui muy frágil de salud, nací en el Hospital de Jesús, un hospital enclavado en el centro mismo de la CDMX a unos cuantos pasos o calles del Zócalo, el primer hospital de México, el cual fue fundado por Hernán Cortes, según presumía mi padre. Siempre me pregunté porque nací en este hospital privado cuando mis padres eran muy jóvenes y de condición económica precaria, más tarde me enteré de que el seguro social en ese tiempo subrogaba espacios en ese hospital para mujeres embarazadas y otros pacientes del IMSS, pues aún no había tantos hospitales como ahora, que aun así no son suficientes. Mi mamá me cuenta que el hospital era muy bonito y que las enfermeras eran religiosas. Al parecer nací sin “ningún problema de salud”, al siguiente año nació mi hermana Grace y otro año más adelante mi hermana Vero que falleció a los 7 meses de edad, pues tenía un soplo en el corazón y tardaron mucho en dar con su diagnóstico, en estas fechas de duelo para mi familia, yo tenía dos años de edad, y también enfermé, y aunque nunca me han explicado bien la enfermedad o causa de la misma (mis padres casualmente perdieron todo documento o expediente médico para dar prueba o fe de este hecho), solo se por platicas familiares que baje mucho de peso al grado de que me tenían que cargar con almohadas y con pocas probabilidades de recuperación, mi familia me conto que fue la chipilés por el nacimiento de mis hermanas, pero jamás me explicaron porque deje de caminar y comer, y no me han dado más explicaciones o detalles de que diagnóstico médico me dieron o que tratamiento me sacó adelante, al parecer me descompensaba y mi cuerpo entraba en una especie de crisis. No tengo más información o historial médico de esta etapa de mi vida, nunca sabré porque bajé tanto de peso y casi estaba en los huesos y mi expectativa de vida era desfavorable, es muy frustrante no saberlo y uno de mis retos actualmente es indagar en ese hospital y me puedan dar esa información médica.

Los recuerdos que tengo de mis problemas de salud, empiezan cuando tendría unos 5 años de edad, cabe decir que soy la más frágil de salud de mis hermanos, siempre tenía descompensaciones que sufría por el calor, frio o cualquier cambio brusco de temperatura, siempre he sido friolenta y cuando hacía mucho calor sufría desmayos, fatiga y mareos, me deshidrataba mucho y me cansaba más, pero mi mamá me hacía reaccionar dándome a oler alcohol o remedios caseros y dejándome descansar por horas y me explica ahora que eso era normal porque ella de niña también lo padecía. También sufrí de uno que otro malestar estomacal por tragoncita según mi familia, y, lo más extraño es que tenía frecuentes infecciones de las vías urinaria que el doctor familiar trataba con medicamentos, pero lo que me molestaba más, y que aún padezco, es que sufro de bruxismo. El bruxismo como yo lo entiendo es chocar compulsiva o inconscientemente los dientes a tal grado de morderme la lengua y tener dolor de mi mandíbula y oídos. Este habito y manía siempre lo he tenido, y aunque me sucede más por las noches durante el sueño, no lo he podido erradicar y esto ha afectado la salud de mis dientes y mis maxilares. Aún busco un origen psicológico de esto.

En mi ámbito social y escolar empezó mi educación preescolar y luego la primaria, yo ya me sentía ser diferente, me gustaba ser niña, pero me gustaban más los juegos de niños que jugar con muñecas o baterías de cocina, admiraba mucho a mi padre y siempre desee ser como él: alto, simpático, bromista y tocaba la guitarra. Y a pesar de que mi hermana era solo un año más pequeña que yo, y jugábamos mucho juntas, nunca se desarrolló una complicidad como suele existir en otras relaciones de hermanas al llegar a la adolescencia. Siempre ha habido cariño y apoyo incondicional entre nosotras, pero nunca hubo un vínculo de confianza para contarnos nuestras cosas íntimas o de noviazgos.

Además, mi pubertad fue muy rara, pues mientras que mi hermana a los 11 años comenzó con su periodo menstrual, fue hasta que cumplí 15 y medio que empecé yo con el mío. Mi complexión física y mi ingenuidad de aquellos días correspondían al de una niña de 12 años, sin caderas, sin cintura, con rasgos andróginos en mi cara, muy bajita, de carácter retraído y tímido, mi hermana creció más alta, con caderas prominentes, siempre fue de carácter fuerte y maduró muy rápido. Mi mamá nunca me llevo al doctor por causa de mi ausencia del periodo y mi falta de desarrollo, todo lo veía normal. Lo que no veía normal era que yo sintiera inclinación por el boxeo al igual que mi papá y mis hermanos varones, o que a pesar de ser tímida tenía muchas amiguitas que yo idolatraba sin disimular, y el hecho de que no me interesara hablar de chicos, todo eso sí causaba conflicto en mi hogar, pues mi Padre, siempre de mente abierta, pensaba que aún era pequeña para definir mi orientación, pero mi madre ultraconservadora me reprendía y casi me mandaba a confesar porque eso no era “bueno”.

Y así, crecí y llegue hasta el bachillerato, me seguía descompensando y deshidratando, además, mis periodos menstruales duraban muchos días y era demasiado el sangrado, aun todavía uso siempre toallas sanitarias nocturnas, y aun así en ocasiones el sangrado traspasa mi ropa íntima. Físicamente no alcance una buena estatura, y no me desarrollaba como mis compañeras, parecía que no pasaban los años por mí, siempre me vi más joven que las chicas de mi edad, y la gente creía que yo era la más chica de mis tres hermanos, y psicológicamente tampoco maduraba mucho: era retraída, tímida y muy inocente para muchas cosas, pero también de pronto era muy ruda y rebelde con mi mamá, me irritaba muy fácilmente y bueno, no la culpo, yo no soy la hija que ella deseaba que fuera. En el bachillerato tenía mucho vello facial, y recuerdo que mis amigas de entonces me llevaron a depilar y maquillar a una estética, también depilaron mis cejas pobladas y casi unidas como las de Frida Kalo, después yo misma ya usaba una crema depiladora en el área del bigote que use por mucho tiempo, pero mi cara es muy sensible y me irritaba mucho, para ese tiempo cuando termine mi preparatoria y obtuve mi primer trabajo en un Laboratorio, descubrí la música, me gustaba mucho la guitarra y aprendí a tocarla. Ahora formo parte de un coro en mi iglesia.

En ese entonces, también me daba cuenta de que sufría recurrentes infecciones urinarias, además de la hipersensibilidad que desde que tengo memoria he sentido en mi parte íntima, incluso por el solo contacto de mi ropa interior, al grado que no me agradaba masturbarme, y esa constante molestia pienso que es una de las causas de mi bruxismo. En ese tiempo me hubiera gustado saber que la hipersensibilidad se debía a que mi clítoris es más grande de lo considerado “normal”, y muy posiblemente mis genitales fueron intervenidos mediante cirugía cuando era muy pequeña, y las infecciones posiblemente también son una consecuencia de eso, pero mis padres nunca me informaron nada, y estas son solo suposiciones en base a las marcas que encuentro en mi cuerpo y a compararlo con el de otras mujeres típicas. No se si esto sea algo que algún día llegue a saber con certeza.

Además, desde niña he sufrido de pesadillas recurrentes que yo considero que son recuerdos de cuando era bebé, de haber estado internada en un hospital, el ruido de muchas máquinas y la sensación de estar anestesiada o drogada y oír voces distorsionadas o lejanas, lo que me hace pensar que posiblemente de muy pequeña sufrí cirugías que ya no recuerdo con claridad, pero que esas experiencias se manifiestan en mis sueños, eso lo sé porque de mayor he tenido dos cirugías y con la anestesia que me han puesto me da ese estado o sensación en particular.

En esa época del bachillerato, yo aún desconocía todo esto, desconocía cuan diferente era, y desconocía el por qué no quería conocer esa parte de mi cuerpo y me causaba rechazo. Es más, no me gustaba verme en el espejo, no me sentía fea pero cada vez que me veía, sentía que era un pequeño clon de mi papá sin identidad propia por mis rasgos ambiguos, pues durante mi infancia y adolescencia yo desconocía términos como “ser andrógino” o algo parecido, pero en ese entonces ya enfrentaba la adolescencia con cierta inconformidad por las expectativas sociales que se tienen sobre cómo debe verse una mujer, además, odiaba traer el cabello largo y usar faldas y vestidos, y prefería ropa holgada y cabello corto, así que aunque no tenía complejos por no ser alta o “guapa”, si sentía una desconexión de mi mente con mi cuerpo y evitaba verme en un espejo de cuerpo entero. Muchos años pensé que un día iba despertar siendo un chico y que ya no sentiría esta ambigüedad. Aquí debo agregar también hubo muchos momentos chuscos y muy vergonzosos, cuando en la calle me confundían las personas con un chico y solo corregían su percepción cuando notaban mis pechos.

En mi juventud no se me hacía tan raro no sentir atracción por los chicos, y sí por mis amigas, recuerdo que una amiga siempre me recriminaba que mis mejores amigas, que eran pocas, siempre las buscaba muy atractivas, pero yo no lo sentía así, me importaban más sus sentimientos y como eran conmigo, y si tuve algunos novios, pero solo andaba con ellos por presión familiar o porque yo los quería más como amigos. Así que empezaba a asumirme como una mujer lesbiana pero siempre en secreto, mi mamá nunca ha aceptado la homosexualidad y menos la femenina. Así que no aceptaría a una hija lesbiana.

Y así transcurrió mi juventud, terminé mi preparatoria, una carrera corta y empecé a trabajar. Cuando pensé que me quedaría soltera para siempre, y que no tendría familia porque mis amigas de las que me enamoraba eran hetero y jamás tendría oportunidades con ellas, conocí a un chico maravilloso, sin embargo, en esos momentos yo sentía mucha presión social, todas mis amigas se estaban casando o teniendo su primer bebe, y bueno, este chico me parecía muy guapo y joven, me insistió un poco, comenzamos a salir y realmente me enamore de él, descubrí que realmente yo era bisexual, que mi corazón podía enamorarse de un chico o una chica, y no había razón o prejuicio que me hiciera dudar de mi orientación sexual.

Empecé una relación muy seria con este chico, sin embargo, mis inseguridades y las expectativas machistas que él tenía sobre como debería de ser un cuerpo femenino, acabaron afectando negativamente la relación. Él buscaba una mujer “perfecta” idealizada, la cual yo no era, y esto aunado a nuestras personalidades explosivas y a la diferencia de edades (yo era 10 años mayor, aunque no se notaba) llevaron a la relación a su fin, nuestra relación de pronto se acabó, no había comunicación ni respeto, y él terminó engañándome con otra chica con la que ya llevaba saliendo seis meses cuando lo descubrí.

Pero esta relación me dejo un bello regalo: ser madre. Tuve una preciosa niña que ahora tiene 17 años. El embarazo fue una súper maravilla, pero el parto si fue una odisea, como escribí unas líneas arriba yo soy muy bajita, y me embarace a los seis meses de que me operaran de urgencias de mi apéndice, reconozco que fue una imprudencia de mi parte, y esto podría haberme vuelto a abrir la cicatriz de mi operación. El parto no pudo ser natural porque cuento con una vagina demasiado estrecha, que nunca dilató más de 3 centímetros, por lo tanto, solo la cesárea era la alternativa para que mi bebe y yo no estuviéramos en peligro.

Bueno, mi vida transcurrió después de este episodio en tratar de ser una buena madre soltera y nunca más enamorarme. Mi niña crecía y se convertía en una niña curiosa y muy inteligente, yo sufrí depresión posparto, y no sé porque, pues mi familia siempre me ha apoyado en todos los aspectos y a mi bebé nunca le ha faltado nada, y mi hermana es su madrina y nos ha apoya económicamente. Entonces, para salir de mi depresión fue necesario acudir a un psiquiatra y psicólogo, con los cuales aprendí a abrirme más sobre mis sentimientos y mitigar mis temores e inseguridades, pero aún tenía muchas preguntas y pocas respuestas a mis inquietudes sobre mis diferencias físicas, y mi apariencia ambigua y personalidad, recuerdo que el psicólogo me aconsejaba buscar personas similares a mí, pero para mí eso era difícil, ni siquiera sabía como buscar, además, en ese entonces, el siquiera encontrar asociaciones de chicas lesbianas o bisexuales era bastante complicado, y había dejado de buscarlas debido a que para mi mamá cualquier tema LGBT era uno que desaprobaba, pues decía que eso para mi niña sería un mal ejemplo, un pecado.

Pero eso no evito que con los años mi hija, cuando ya podía hablar, me hiciera una pregunta tan ingenua, pero a la vez fuerte y muy sincera: “Mamá, ¿eres niño o niña?”, yo me quedé sorprendida, y tratando de responder de manera tranquila le dije que yo era niña, y le pedí que me explicara porque me preguntaba eso, me dijo que pensaba que yo era hombre por mis características físicas y por mi forma de vestir. Por lo tanto, traté de ser más femenina en mi arreglo, pero no podía construir esa imagen para mi niña al 100%.

Así, mi vida transcurrió al lado de mi mejor motivo para vivir: mi hija.

Al yo cumplir 45 años, seguía soltera, viviendo con mi familia, y creándome un caparazón para cualquiera que me hablara con intenciones románticas. Alrededor de esa edad, nuevamente comencé a notar cambios en mi cuerpo y metabolismo, era lógico, ya me acercaba a la menopausia, pero mi menopausia sería un poquito diferente a las demás, empecé a bajar de peso, mi voz se empezó a ser un poco más grave de lo que ya la tenía, mis cejas que ya me depilaba constantemente trataban nuevamente de salir, me salió más vello corporal del que ya tenía, incluso sentía que mi espalda se empezó a ensanchar más, mi deseo sexual aumentaba en vez de disminuir, y la hipersensibilidad en la zona genital aumentó considerablemente, lo que hizo que empeorara el bruxismo, mis sangrados cada mes también aumentaban pero ahora con más intensidad y dolor que en la juventud, también mi pechos se hinchaban como si estuviera embarazada y aumentaron los vellos en mi barbilla y bigote, mis hormonas estaban vueltas locas. Claro que al notar esto me preocupe un poco y fui al médico, me explicó que cada mujer vive de diferente manera estos cambios, pero que había de descartar problemas con la tiroides, quistes o miomas en mis ovarios, también dijo que podría ser también diabetes y hasta un tumor en la hipófisis… escuchar eso me puso muy nerviosa. Me realicé unos estudios y fui a consulta con una ginecóloga, quien descartó todos esos posibles diagnósticos que hizo el médico anterior, me recetó pastillas anticonceptivas para regularizar mi periodo que era irregular, y me dijo que me enviaría a consulta con un endocrinólogo, pues, según la doctora, debido a los niveles altos de testosterona que mostraban los estudios y a las descompensaciones que viví desde la infancia, yo podría tener una condición llamada Hiperplasia Suprarrenal Congénita (HSC), y con la menopausia y la disminución del estrógeno, la “virilización” se estaba haciendo más evidente, me dijo que algunas personas que nacen con HSC o con otras condiciones similares (asociadas a la intersexualidad), no lo descubren hasta mucho tiempo después durante su vida adulta, ya sea porque sus familias o médicos les ocultaron esta información, o porque fueron diagnosticadas en la vida adulta.

Al mismo tiempo de estos sucesos, me quede sin seguro social, y al ser una persona de clase económica baja, continuar pagando por los estudios médicos que me solicitaban, me llevaría más tiempo, pues para mi es más importante invertir mis recursos económicos en mi familia y mi hija, y yo podría esperar. Así que mientras ahorraba el dinero necesario para los estudios, quise investigar por mi cuenta si había más personas como yo, y así ver como habían manejado su situación. Debo decir que visite cientos de páginas y grupos de Facebook, hasta que me encontré con una página llamada Brújula Intersexual, donde me encontré con mucha información de personas que a sí mismas se llamaban intersexuales, pues habían descubierto a edades tempranas o tardías que contaban con características sexuales que variaban de lo típicamente masculino o femenino, y que en algunos casos era difícil para las demás personas determinar su sexo biológico en la opción hombre o en la de mujer.

Yo me identificaba con muchas historias que leí en la página, incluso era muy común qué en la calle, en los trabajos, hasta con mis amistades me confundieran y me preguntaran si era hombre o mujer. Así que me anime a preguntar por chat una de mis dudas y no pensé que me contestarían tan rápido y tan amablemente, Laura Inter la principal coordinadora de Brújula Intersexual me estaba contestando mis dudas y como si me conociera de toda la vida, calmaba mis temores y mi nervio de seguir preguntando, sus palabras  eran tan claras, por primera vez en mi vida sentí que no era única y  rara, que había otras personas como yo, y que habían sufrido desde la infancia cirugías correctivas o normalizadoras no necesarias.

Laura al conocerme por primera vez, fue amable y muy educada pero lo primero que me dijo después de saludarme y abrazarme fue: “¡oh sí eres andrógina!” (porque yo le había contado que muchas personas al verme no sabían si era chico o chica), yo nunca había usado esa palabra para referirme a mi apariencia, pero en vez de sentirme ofendida me sentí bien, ya que no usó términos como “hermafrodita” o “muy masculina”. Me explico lo que es ser intersexual: nacer con variaciones en las características sexuales (como son los cromosomas, genitales, niveles hormonales y gónadas), y como esto es diferente de la identidad de género o la orientación sexual, y más cosas, lo cual agradezco.

Ahora yo admiro mucho a Laura Inter por su activismo intersexual y todo lo que ha logrado al representar a nuestro país y mostrar cómo es ser intersexual en México ante el mundo, tratando de visibilizar nuestras experiencias y de mostrar que nada hay de malo con nuestros cuerpos, y así, dejen de intervenir quirúrgicamente a los bebes que nacen intersexuales cuando no es médicamente necesario, y que las personas intersexuales podamos recibir un trato digno de parte de la comunidad médica. Ahora es una gran amiga en mi vida.

Con el conocimiento que ahora tengo sobre que es la intersexualidad, ahora puedo decir que soy una mujer intersexual, no binaria y bisexual sin sentirme rechazada o criticada.

Aún quiero realizarme los estudios médicos que me faltan y tener mis citas con el endocrinólogo para confirmar qué variación intersexual es la que exactamente tengo, pues ahora sé que existen muchas variaciones y ningún cuerpo es igual. A la fecha no tengo recuerdos claros de haber vivido experiencias crueles en la infancia con médicos (además de las pesadillas que comenté anteriormente), como sé que muchas personas intersexuales sí lo han vivido, pero espero tener la comprensión y respeto de los especialistas médicos y enfermeras que me atiendan en este camino de descubrimiento en el futuro.

Bueno hasta aquí mi testimonio y solo agradecer a Laura Inter por su espacio, tiempo, dedicación y prontitud para resolver mis muchas dudas (hasta me ha recomendado meditaciones para disminuir mi ansiedad, mis ataques de asma y aprender respirar mejor), también me invita a algunos eventos o talleres de intersexualidad donde he conocido a más personas intersexuales, y todas han sido muy amigables conmigo. Incluso mi hija me ha acompañado a los talleres y se ha interesado en la intersexualidad para poder defender y promover los derechos de las personas intersexuales entre la gente de la cual ella se rodea, como sus amigos y maestros. Eso me hace muy feliz.

2 comentarios

  1. Esta autobiografía me hace pensar en la idea que tenemos acerca de la “masculinidad y la” feminidad”, me hace pensar en cómo asumimos que somos “normales” y cuando alguien nos señala que no lo somos, nos derrumbamos.
    En este caso, esta historia parece darme fuerza y tranquilidad, me dice que no está mal si no soy como los demás.
    ¡Saludos y mis mejores deseos a todos!

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  2. Es bueno saber que Susy ahora es más feliz, siempre se ha caracterizado por ser muy inteligente y buscar la información necesaria para aclarar sus dudas. Estoy muy orgulloso de ser su hermano, siempre ha tenido mi admiración, cariño y respeto.

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