Una carta abierta a la corredora sudafricana Caster Semenya. Por Eleni Schirmer (espnW.com)

Una carta abierta a la corredora sudafricana Caster Semenya

Por Eleni Schirmer (espnW.com)

Traducción de Laura Inter del artículo “An open letter to South African runner Caster Semenya” de Eleni Schirmer (espnW.com)

Fuente: http://espn.go.com/espnw/voices/article/16593632/an-open-letter-south-african-runner-caster-semenya

Caster Semenya

Querida Caster Semenya,

Cuando compitas en las Olimpiadas este verano, no serás capaz de escucharme aclamándote – estaré a miles de kilómetros de distancia, y tu estarás en el centro del estadio olímpico de Brasil. No necesito decirte que se ha puesto en duda el que puedas competir. Muchas de las personas que te estén viendo – desde expertos en deporte, hasta simples espectadores – se han quejado acerca de tu derecho a competir, desde que ganaste el campeonato mundial de atletismo en 2009. Se han cuestionado si tienes demasiada testosterona como para participar justamente con otras mujeres. Tus competidoras han mirado con desdén tu talento, y con esto, tu persona.

“Este tipo de personas no deberían correr con nosotras. Para mí, no es una mujer. Es un hombre,” dijo tu rival italiana, Elisa Cusma, al reportero del New York  Times, después de tu victoria en 2009. “Simplemente mírala,” dijo Mariya Savinova, tu rival rusa.

Años después, las nubes de dudas que te rodeaban, desarrollaron una rapidez propia. Para que pudieras seguir compitiendo, los funcionarios requerían que fueras sometida a una verificación exhaustiva de género.

Después de muchas pruebas – e incluso más críticas públicas, vergüenza y dudas, que debe haber sido una experiencia humillante – los funcionarios encontraron que tu cuerpo producía, de manera natural, altos niveles de testosterona. Entonces pasaste dos años sometida a terapia hormonal.

Durante esos años, continuaste compitiendo – valiente y tenaz como eres – pero tu rendimiento lo resintió, tu cuerpo ya no destacaba con este extraordinario coctel de hormonal. Esto mitigó a los escépticos, ya que tu gran rendimiento era de hecho natural, no un resultado del doping o de otra manipulación sintética. Desde ese momento, los funcionarios han revisado sus directrices – en gran medida, gracias a ti – y ya no se aplica un límite máximo de testosterona.

Como resultado, correrás en Rio con tu fuerza natural, tu cuerpo, el cual ha sido alterado, exclusivamente, mediante décadas de entrenamiento disciplinado, requerido para todo atleta olímpico.

Ya has pasado por el fuego, Caster. Siento que el mundo no haya aprendido a ver y aceptar, la compleja genialidad que es tu cuerpo. Pero independientemente de las dudas acerca de tu feminidad, tu feminismo es innegable. A pesar de las dudas y críticas de otros, has confiado en tu cuerpo. Has peleado por tu derecho a volar. Esta firme autoconfianza en la fuerza de tu cuerpo, es un poderoso ejemplo para las mujeres alrededor del mundo.

Caster, estaré gritando por ti, no por la absoluta magnitud de tu talento, ya que tu rendimiento sentará records mundiales. Estaré vitoreándote, porque estás creando un legado para todos los seres humanos con corporalidades. Nos impulsas a examinar las categorías a las que pensamos pertenecer, las cuales hemos llegado a creer que estructuran el mundo. Tu vuelo nos hace libres. Tu legado nos impulsa a ver más allá de las jaulas que hemos creado para nosotros mismos.

Existen muchas diferencias, Caster, entre tú y yo. Por un lado, el mundo entero te está mirando, mientras yo paso mis días envuelta en un grado de anonimato. Soy una chica de un vecindario de clase media, unas pocas brillantes alegrías y unos pocos afilados sufrimientos, integran una encantadora vida. A diferencia de mi cuerpo, el tuyo viene con piernas rápidas y pulmones fuertes. Mi cuerpo, por otra parte, me ofrece caminatas por las tardes con mi madre, y un agradable viaje en bicicleta.

Sin embargo, al igual que tú, los elementos de mi cuerpo me han concedido viajes que nunca pedí ni rechacé.

Como una mujer blanca, la ficción de la raza, borra las cargas de los señalamientos de parte de personas que se parecen a mí, mientras codifican letalmente a otros como negros, morenos, amarillos, rojos. Soy excusada de las causalidades del racismo; simultáneamente, recibo los beneficios accidentales de la jerarquía de la supremacía blanca. Cuando tengo éxito, pocos declaran que mi triunfo es resultado de mi raza. Cuando fracaso, nadie supone que mi piel blanca contribuyó a mis insuficiencias.

De manera similar, mi feminidad no sorprende a nadie – nadie se ha inmutado cuando me asumo como mujer. Caster, aunque no eres blanca, ni convencionalmente femenina, tú y yo estamos capturadas por el destino de todos los seres humanos: lo que vemos da forma a lo que pensamos, lo que pensamos filtra lo que vemos. Esta alquimia de la percepción es difícil de disolver. Frecuentemente asumimos que nuestros recuerdos – los horizontes de nuestro interior – reflejan la realidad de los paisajes que nos rodean.

Sin embargo, tu cuerpo es continuamente cuestionado.

Algunos se preguntan cuál será el impacto que tendrá el que compitas, para el futuro del atletismo femenil. Las personas se hacen estas preguntas, porque, en su esencia, el deporte competitivo es un ejercicio de categorización, un medio para clasificar que cuerpos desempeñan que tareas en ese nivel. Cuando la pistola se dispare en la carrera de 800 metros, surgirás alrededor de la pista en un concurso sobre categorías: quien ocupará que posición en el podio de los ganadores.

A diferencia de muchas situaciones de la vida cotidiana, el deporte competitivo, tiene una serie de reglas reconocidas para estructurar su caos. Los requisitos de la victoria son objetivos y conocidos por todos.

Aun así, tales reglas vienen con un costo, ya que podrían reforzar categorías que nuestros cuerpos terminan sobrepasando. ¿Qué es un cuerpo? ¿Qué nos hace mujeres? ¿Quién decide? La complejidad de tu velocidad, nos insta a cuestionar nuestras categorías. ¿Conoces esa parte de “Song of Myself” – “Canción de mí mismo” – de Walt Whitman donde escribe: “Soy inmenso. Contengo multitudes”? Amo esa parte; el pasaje me recuerda a ti. Tu legado es grande, porque contiene multitudes, contiene contradicciones e idiosincrasias. Todos lo hacemos. Masculinos, femeninos, negros, blancos.

Caster, has permanecido en silencio. Puede ser que estés conteniéndote, que no quieras mostrar al mundo lo rápida que puedes ser. Puede ser que tengas temor, de que tu victoria, pueda provocar acusaciones acerca de tu derecho a competir como una mujer, provocando más interrogantes acerca de tu cuerpo. Aun así, entre más escucho debates acerca de tu derecho a competir, más me doy cuenta que, las categorías para nuestros cuerpos, no son solo muy restrictivas para ti, sino son muy restrictivas para todos nosotros. No te contengas. Corre rápido.

Muéstranos la canción de nosotros mismos.

Eleni Schirmer es una estudiante de doctorado en la Universidad de Wisconsin – en los departamentos de políticas educativas, planes de estudio e instrucción de Madison, donde estudia movimientos sociales y educación. Sus escritos han aparecido en Jacobin, The Progressive, Labor Notes y Educational Review.

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