LIRA Y EL SISTEMA DE CRONQUIST. Por Frida Flores (activista intersexual)

LIRA Y EL SISTEMA DE CRONQUIST

Por Frida Flores (activista intersexual)

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Como siempre, Lira estaba deprimida, no soportaba las miradas de los demás, odiaba todo, odiaba su vida y se odiaba a sí misma. Era una persona diferente, tenía un rostro suave y fino con cejas pobladas y barba cada vez más oscura y gruesa; tenía unos senos voluptuosos, hombros anchos, brazos fuertes y caderas estrechas. Lira era intersexual, siempre sola, bajo las miradas de la gente, deseaba ser como los demás, ser normal, ser feliz. Sentada en el parque, bajo la sombra de un árbol, sola y aburrida, se perdió en sus pensamientos hasta que hoyó la voz de una chica que le decía:

—    Hola, ¿me puedo sentar junto a ti?
—    Claro — respondió Lira.
—    Me llamo Jane, ¿y tú?
—    Me llamo Lira — dijo un poco apenada.
—    Qué bonito nombre, y… ¿Por qué estás tan sola?
—    Amm… porque me gusta.
—    Hmm… pues a partir de ahora ya no te gustará, ven conmigo — dijo Jane, tomándole de la mano — te llevaré a mi lugar favorito, espero y te guste.

Jane la llevó a un jardín muy grande, con árboles frondosos y todo tipo de plantas y flores, era un lugar muy hermoso y tranquilo. Lira estaba impresionada, nunca había visto algo así.

—    Es espléndido,  ¿es tu jardín?
—     No, es el hogar de una gran amiga, es mi lugar favorito. Siempre vengo aquí cuando estoy triste, este lugar me anima y me hace sentir en paz.
—    Entiendo, es tan radiante, tan vivo, me hace sentir tranquila.
Jane continuó mostrándole el jardín a Lira mientras conversaban.
—    Sabes, te he observado desde hace unos días — dijo Jane — te he visto muy triste y he notado que eres distinta a los demás.
—    Sí, lo sé, soy rara.
—    ¿Por qué dices eso?
—    Porque es la verdad — respondió Lira — soy muy diferente, no soy como tú ni como los demás, no soy hombre, y tampoco mujer, soy intersexual.
Jane sonrió dulcemente, le cogió las manos y expresó:
—    Yo también estaba deprimida, seguramente he pasado por algunas situaciones parecidas a las tuyas, pero las he superado. Genéticamente soy hombre, pero físicamente soy mujer.
Lira quedó sorprendida, no sabía qué decir.
—    Continuemos, quiero presentarte a mi amiga.

Continuaron caminando y apreciando las hermosas plantas que adornaban el jardín hasta que llegaron a un punto donde sólo había orquídeas, florecían en torno a una bella y blanca flor en cuyo interior se escondía un ave exquisitamente tallada, una espléndida creación de la naturaleza.

—    Es impresionante — observó Lira con una sonrisa.
—    Es una orquídea espíritu santo, ella es mi amiga, su nombre es Rea.
—    ¿Es en serio? Es sólo una flor, las flores no…
—    Es porque no soy un flor común y corriente, soy especial, soy diferente — intervino una voz que provenía de la flor — soy una orquídea mágica, ¿en qué puedo ayudarte?
—    Hola Rea, ella es Lira, es intersexual y no está bien con ello, está decaída.
—    Hola Lira, ¿puedo saber por qué tanta tristeza?
—    Hola, mmm, pues, no sé cómo debería sentirme. Soy anormal, soy distinta, la gente me mira mal, los médicos siempre me han dicho que soy anormal, mi familia no me acepta del todo, ¿cómo he de ser feliz así?
—    Entiendo lo que sientes — comentó Jane — yo también me sentía así, pero todo eso cambió gracias a Rea.
—    ¿Puedes convertirme en una persona normal? es mi mayor anhelo.
—    Lira, — dijo Jane — no eres anormal, sólo eres diferente, somos diferentes, pero eso no importa.
—    Así es — intervino Rea — ser diferente no te hace anormal, muchas personas desearían ser como tú, eres especial y no eres la única así, hay muchas más personas. Lira, en el mundo hay de todo y siempre hay prejuicios, no te preocupes por cómo te ve la gente ni por lo que piensen de ti, que no te importen las opiniones de los médicos, eres tan normal como el resto de las personas.
—    Claro, “la normalidad en la naturaleza es la diversidad”. Eres perfecta como eres, así que anímate, sonríe y siéntete afortunada, eres hermosa y especial, nunca lo olvides.
—    Gracias, ahora comprendo — dijo Lira — para que otros me acepten, primero debo aceptarme a mí misma. A partir de ahora ignoraré las miradas de la gente y sonreiré sin importar lo que piensen de mí.

Y a partir de entonces, con ayuda de sus amigas, Lira cambió su visión de sí misma y comenzó a amarse sin importar las adversidades que se le presentasen en la vida, levantándose con determinación en cada tropiezo y ayudando a otros a no sentirse defectuosos.

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