Comunicado de Brújula Intersexual: Llamamos a revisar los nuevos lineamientos del Comité Olímpico Internacional (COI)

Descripción de imagen: Ilustración de dos mujeres corriendo con ropa deportiva, sobre un fondo claro con un diseño que evoca una brújula.

Desde Brújula Intersexual expresamos nuestra profunda preocupación ante el anuncio del 26 de marzo de 2026 del Comité Olímpico Internacional (COI) (1), que establece pruebas genéticas obligatorias como criterio para definir quién puede competir en la categoría femenil.

Esta política es el resultado de un proceso que, desde el inicio, ha sido señalado por organizaciones de derechos humanos (2) como sesgado y contrario a estándares internacionales y no puede leerse de forma aislada. Esta medida forma parte de un momento político más amplio en el que distintas instituciones buscan reinstalar la idea de que el sexo puede definirse de manera clara, estable y verificable en el cuerpo, como si se tratara de un dato objetivo que no admite ambigüedad.

Sin embargo, la necesidad misma de estas pruebas revela lo contrario: que el sexo no es evidente, que no se sostiene por sí solo, y que requiere ser constantemente producido, vigilado, intervenido y validado mediante dispositivos cada vez más invasivos.

La argumentación científica que desarrolla es parcial y deja múltiples dudas sobre cómo se obtuvieron los hallazgos del grupo de trabajo en el que se basa. Resulta incierto en qué medida puede afirmarse que se trata de una decisión sustentada en la mejor evidencia científica disponible.

La revisión realizada por el grupo de trabajo del COI ignora que la biodisponibilidad y el aprovechamiento de la testosterona —y de otros andrógenos— no es uniforme, ni siquiera entre personas con cariotipo XY y anatomía típicamente masculina. Como han señalado Rebecca Jordan-Young y Katrina Karkazis en Testosterone: An Unauthorized Biography (2019) (3), la testosterona no actúa de manera simple ni lineal en el cuerpo humano, y sus efectos dependen de múltiples factores biológicos y contextuales, lo que cuestiona profundamente su uso como criterio aislado para determinar ventajas deportivas.

No hay un solo cuerpo de mujer

Las políticas del COI parten de una premisa falsa: que es posible definir a “las mujeres” a partir de características biológicas específicas, como cromosomas, genes o niveles hormonales, y que esa definición puede verificarse mediante pruebas.

La realidad es otra: no todas las mujeres tienen los mismos cromosomas, ni los mismos niveles hormonales, ni procesan las hormonas de la misma manera. Tampoco todas tienen las mismas características sexuales ni los mismos procesos de desarrollo corporal.

Existen mujeres con variaciones en sus características sexuales que incluyen combinaciones diversas de anatomía, gónadas, cromosomas y sensibilidad hormonal. Estas variaciones muestran que la diversidad corporal no es una excepción, sino parte de la realidad de los cuerpos humanos.

El problema no son los cuerpos ni sus características. El problema son las normas que intentan reducir esa diversidad a una sola forma válida (4).

El Comité Olímpico Internacional propone el uso del gen SRY como criterio para definir la elegibilidad en la categoría femenil; sin embargo, este gen no es exclusivo del cromosoma Y ni determina de forma absoluta el desarrollo corporal. Su presencia o ausencia no define el cuerpo, la identidad ni el desempeño deportivo.

Además, persiste el uso de categorías como “condiciones raras”, que refuerzan imaginarios estigmatizantes y sitúan nuevamente a las personas con variaciones intersexuales bajo la autoridad médica. En lugar de reconocer sus cuerpos como variaciones humanas válidas, se les patologiza, se les somete a procesos de normalización —muchas veces invasiva y violenta— y a un escrutinio social constante.

Obligar a las atletas a “demostrar” que son mujeres es violencia

Las pruebas genéticas obligatorias colocan a las atletas en una situación profundamente injusta. Las obligan a someterse a exámenes invasivos, a revelar información íntima sobre su cuerpo y a tener que probar que cumplen con una definición estrecha de lo que significa ser mujer (5). Históricamente la prueba de sexo ha funcionado como un mecanismo de exclusión que restringe la participación de las mujeres en las competencias deportivas internacionales, tal y como lo documentó Hortensia Moreno (2013) (6).

Muchas mujeres con variaciones intersexuales han vivido toda su vida como mujeres. Sin embargo, una prueba genética puede poner eso en duda en cuestión de segundos, incluso puede ser que la persona no haya tenido conocimiento previo de su variación. La forma en que se propone utilizar la prueba del gen SRY expondrá a la persona a la estigmatización y vulneración de su privacidad, esto ya ha sucedido en otras ocasiones.

La política propone que quienes no cumplan con estos criterios compitan en la categoría masculina. Esto implica desconocer la vida, historia y experiencia de las mujeres afectadas, forzarlas a competir en una categoría que no les corresponde y convertir las variaciones corporales en un motivo de exclusión.

Vigilancia de los cuerpos de las mujeres

Estas medidas no solo afectan a mujeres con variaciones intersexuales o a mujeres trans, sino que instauran estereotipos y abren la puerta a un régimen de sospecha y vigilancia constante sobre los cuerpos de todas las mujeres.

Esta vigilancia no opera en un vacío cultural. Se sostiene sobre un ideal de feminidad que es históricamente situado, occidental, racializado y atravesado por relaciones de poder. Este ideal define qué cuerpos son reconocidos como femeninos y cuáles generan sospecha. En la práctica, muchas atletas —especialmente provenientes de países de América Latina y África— enfrentan mayores niveles de vigilancia y cuestionamiento, así como presiones para ajustar sus cuerpos y formas de expresión a estándares dominantes de feminidad. Estos procesos de normalización corporal han sido señalados en análisis críticos(7) como formas de “blanqueamiento” simbólico, es decir, la imposición de un modelo corporal que toma como referencia cuerpos occidentales, blancos y de ciertas clases sociales, deslegitimando otras formas de existencia (8).

Resulta especialmente grave que el COI continúe utilizando formulaciones como el “sexo biológico” como si fueran indicadores objetivos y neutrales, cuando en realidad operan como herramientas para validar ciertas identidades y cuestionar o excluir otras.

En el contexto de la llamada “guerra cultural”, el COI evade su responsabilidad como actor con impacto social global al presentarse como neutral. Sin embargo, esta presunta neutralidad no es tal: en la práctica contribuye a legitimar, a través de una narrativa de pretendida “protección de la categoría femenil” y “equidad competitiva”, perpetúa una noción de “mujeres biológicas”, esgrimida por actores políticos neofascistas y antiderechos, que fomentan pánicos morales misóginos y transfóbicos donde cualquier mujer que no cumpla con los límites establecidos y los ideales normalizados sea concebida como “tramposa” y arrojada al ostracismo social. El COI debe tomar conciencia de las repercusiones que esto tendrá no solo en el deporte de alto rendimiento, sino en toda práctica deportiva, incluso recreativa, y preocupantemente en el deporte infantil y juvenil que se practica en espacios escolares y de convivencia social.

Mientras se construye la idea de que algunos cuerpos representan una “amenaza”, se invisibilizan problemas urgentes en el deporte, como la violencia sexual (9), el abuso de poder (10), la desigualdad estructural y la precariedad que enfrentan muchas atletas (11).

Posicionamiento

Desde Brújula Intersexual rechazamos el uso de pruebas genéticas obligatorias en el deporte. Denunciamos que estas políticas son discriminatorias e invasivas, y se encuentran sustentadas en una revisión científica sesgada e incompleta.

Nos sumamos a los llamados internacionales (12) para revisar su legalidad y detener su implementación, y defendemos el derecho de todas las personas a participar en el deporte sin ser sometidas a vigilancia, exclusión o violencia.

Reiteramos que no hay una sola forma de ser mujer y no hay un solo tipo de cuerpo de mujer.

Defender la diversidad corporal implica también cuestionar los dispositivos que buscan producir certeza donde hay, y seguirá habiendo, diferencia.

Frente a los intentos de reducir esa diversidad a criterios verificables, afirmamos que el problema no está en los cuerpos, sino en la insistencia de las instituciones por hacerlos encajar en definiciones cerradas que responden a un principio de control de los cuerpos y no de justicia deportiva.

Llamamos al COI a asumir un papel de transformación y justicia social, donde sus acciones conviertan al deporte en un espacio de juego y desarrollo para todos los cuerpos, para todas las personas.

 

Agradecemos a Laura Inter, Eva Alcántara y María Alejandra Sánchez Monroy su colaboración en la redacción del comunicado.

 

Bibliografía:

(1) International Olympic Committee announces new Policy on the Protection of the Female (Women’s) Category in Olympic Sport (2026)

(2) Olympics: Sex Testing Harms All Women and Girls (2026)

(3) Testosterone: An Unauthorized Biography. Rebecca Jordan-Young y Katrina Karkazis (2019)

(4) Cuerpos diversos, normas rígidas. Laura Inter (2024)

(5) Imane Khelif: De escenificaciones, supremacía y justicia biológica. Hortensia Moreno (2024)

(6) ¿Quién le teme a Caster Semenya? Hortensia Moreno en Revista Debate Feminista: Intersexualidad (2013)

(7) Modernidad y blanquitud. Bolívar Echeverría (2010)

(8) Otro deporte es posible: Atletas LGBTTTI+ en México. Rodrigo Castillo Aguilar y Max López Toledano (2023)

(9) Combatiendo la violencia contra las mujeres y las niñas en el deporte: un manual para quienes formulan políticas y profesionales del deporte UNESCO (2024)

(10) Informe global sobre corrupción en el deporte: Corrupción y abusos en el deporte. Naciones Unidas – UNODC (2021)

(11) Informe de la UNESCO: el acceso al deporte de las mujeres y las niñas sigue sufriendo un importante retraso (2024)

(12) Joint Statement from Legal Experts on Genetic Sex Testing in Sport (2026)

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