Mi vida con Klinefelter. Por Odette

Mi vida con Klinefelter

Por Odette

*Esta historia fue compartida exclusivamente con Brújula Intersexual, si quieres publicarla en otro lugar, por favor escríbenos para pedir autorización a la autora: brujulaintersexual@gmail.com

Klinefelter

Esta experiencia la escribo como una carta de amor hacia a mí misma, y espero pueda serle útil otras personas como yo, que en ciertos momentos de la vida nos sentimos con mucha soledad.

Cuando nací me asignaron niño, ya que tenía un cuerpo con una apariencia típicamente masculina. Cuenta mi mamá que desde que nací hasta que tuve alrededor de 2 o 3 años, siempre estaba enferma de alguna enfermedad grave en mis vías respiratorias, incluso bronquitis aguda y tosferina. En sí, parecía contar con una salud muy frágil, pero aun así sobreviví, tuve suerte de no sufrir asma.

Cuando ingresé al kínder notaron que tenía muchos problemas con el lenguaje y por este motivo me mandaron a terapia, primero fui al DIF (el cual es un instituto para el desarrollo infantil en México) para ver si ahí me podían atender. Según recuerdo, cuando asistía al DIF, emocionalmente me ponía muy mal porque veía otros niños y sentía que era diferente. La psicóloga de ahí recomendó a mi mamá ir con una doctora muy buena, ya que aparte de tener este problema de lenguaje era muy enojona (aun a la fecha) y era demasiado tímida.

Mi primer año en el kínder no hubo muchos problemas, fue hasta en el segundo año, cuando nos mudamos de ciudad, que comencé a tener problemas con la maestra y con mis compañeros, en este punto empecé a sufrir discriminación, porque los otros niños se burlaban de mi manera de hablar y, en consecuencia, yo me recluía más y más, tenía muy pocos amigos.

Debido a esos problemas del lenguaje, tuve que cursar otro año más en Kínder antes de poder ingresar en la escuela primaria.

Una vez en la primaria, me reunía más con las niñas, me sentía más identificada con ellas, pero muchas veces los otros niños me molestaban porque no me gustaba jugar con los niños, las niñas eran menos crueles conmigo que los niños.

Cuando entré en la pubertad / adolescencia vinieron más problemas, ya que veía cómo cambiaban los cuerpos de mis compañeros, sin embargo, yo no presentaba los cambios típicos de un chico. Experimenté otro tipo de cambios corporales como la carencia de vello corporal, mis genitales no se desarrollaron ni crecieron como “deberían”, me crecieron los pechos, y comencé a tener una apariencia algo femenina, aunque trataba de utilizar ropa holgada y ocultar estas características, algunos de mis compañeros se daban cuenta y sufrí más burlas y bullying. No entendía por qué me pasaba esto.

Unos meses después, empecé a sufrir frecuentes fracturas. Decían que era porque me faltaba calcio, pero después me hicieron análisis de sangre, no me informaron sobre los resultados, solo recuerdo que comenzaron a inyectarme testosterona, tenía 13 o 14 años.

Aparentemente todo siguió “normal” en mi vida, intenté ser el hijo y el hombre que todos esperaban de mí. Muchos años me refugié en los estudios, pero llegó un momento en que comencé a sufrir insomnio, sentía que no sabía quién era, ya no podía ignorar el hecho de que siempre me había identificado más como una chica y muy en el fondo envidiaba a las chicas.

Fue gracias a un viaje que hice, que pude estar realmente sola y conectarme conmigo misma. Las personas que me conocían no estaban cerca, podía ser yo misma, sin miedo de que me juzgaran. Gracias a este viaje, pude asumir mi verdadera identidad como chica, no volví a dejar que me inyectaran testosterona y comencé a tomar las hormonas que me ayudarían a configurar el cuerpo que deseaba tener, así que inicié un tratamiento hormonal con estrógenos para modificar mi apariencia hacia un aspecto más femenino.  Comencé a vivir como una chica, me sentía muy feliz. Sin embargo, sentía que hacía falta una pieza del rompecabezas en mi vida. Buscando respuestas, encontré una genetista que me recomendó un médico, quería saber qué pasaba exactamente conmigo, le conté sobre mi vida y experiencias, y en especial lo que sucedió a mi cuerpo durante la adolescencia. Ella me mandó a hacer un estudio llamado “cariotipo” para ver qué cromosomas tenía. El resultado fue que mis cromosomas son 47 XXY, me explico que tenía Síndrome de Klinefelter. A partir de esto, todo tuvo un nuevo sentido y pude saber que sucedía exactamente con mi cuerpo.

Más tarde descubrí que el Síndrome de Klinefelter, en algunas ocasiones se vincula a una experiencia intersexual, esto debido a la composición genética de mosaico y la aparición en la pubertad de características sexuales secundarias que no son consideradas como típicamente masculinas, como el desarrollo de los pechos y que casi no me creció vello corporal. Busqué apoyo en internet y conocí a otras personas con variaciones intersexuales que ahora son mis amigas.

Cabe aclarar que soy una persona trans que además cuenta con un cuerpo intersexual, soy trans porque no me identifico con el sexo que me fue asignado al nacer, y tengo un cuerpo intersexual porque nací con variaciones en las características sexuales, en mi caso en los cromosomas (XXY) y en mis características sexuales secundarias. No todas las personas con cuerpos intersexuales son trans, y no todas las personas trans tienen cuerpos intersexuales.

No ha sido fácil escribir esta experiencia, hay muchas cosas de mi historia que aún desconozco y que me gustaría algún día poder hablar con mi mamá, pero al platicar con mis amigas intersexuales, a quienes estimo mucho, poco a poco he ido descubriendo nuevas cosas de mí misma y de mi experiencia. Me ha ayudado bastante conocer otras personas como yo, con quienes puedo hablar libremente, por fin tuve el sentimiento de no estar sola.

Aún me sigo preguntando qué hubiera pasado si hubiera podido saber desde el inicio quién era, si me hubieran informado que tenía Síndrome de Klinefelter y si me hubieran dado la posibilidad de escoger mi camino. Los médicos asumen que todas las personas con Klinefelter se identificarán como hombres y, por tanto, que deben tomar testosterona forzosamente y por cuestiones médicas (ya que podríamos contraer osteoporosis cuando nuestros niveles hormonales no son los adecuados), pero si sucede como en mi caso, y la persona con Klinefelter tiene una identidad de género femenina, es adecuado que la persona tenga la oportunidad de elegir si en lugar de testosterona desea tomar estrógenos.

También es común que los médicos practiquen de rutina la mastectomía a las personas como yo –por fortuna a mí no me la realizaron–, pero pienso que lo ideal sería que los médicos nos informaran sobre nuestra condición, y que sin prejuicios o estereotipos nos preguntaran acerca de nuestra identidad de género y, lo más importante, que nos den la posibilidad de elegir qué tratamiento creemos mejor para nosotros y nosotras, y a qué procedimientos queremos someternos. En otras palabras, que nos den la posibilidad de elegir cómo queremos vivir nuestra vida. Esta situación es algo que me sigue causando ruido, porque el tratamiento con testosterona afectó mi desarrollo corporal, y creo que, si me hubieran informado que tenía Klinefelter y explicado en qué consistía éste y el tratamiento con testosterona y sus consecuencias, hubiera podido tomar una decisión informada y consciente, posiblemente hubiera optado por otro tratamiento hormonal, y ahora mi vida sería más feliz.

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